VIVIR CON OPTIMISMO

 

 

Según la tradición jasídica -el jasidismo es un movimiento místico entre los judíos-, el optimismo debe transformarse en la filosofía de vida de cada ser humano. Este movimiento surgió, con mucha fuerza, en un ambiente muy difícil, oscuro,  de persecución y de pobreza, entre judíos en Polonia y Rusia, en los siglos XVII-XVIII. Se considera como  la base de ideas e ideales de un grupo humano moderno que adoptó como lema: “Vivir con optimismo”.

 

Entre los objetivos de este movimiento popular figura, además de divulgar su lema y mostrar el camino para alcanzar la realización personal;  despertar  el interés y el aprecio por los gobiernos democráticos; insistir en la obediencia; las leyes; profundizar el sentimiento patriótico; valorar y conseguir la democracia y el pluralismo; promover la amistad  y la comprensión  mutuas entre las razas y las naciones; favorecer el conocimiento de la cultura nacional y de los valores de la cultura universal.

 

Promueve estimular a la juventud  en el servicio desinteresado y altruista en pro de los demás, y con ello, promover el bienestar del individuo, de la  sociedad y de toda la humanidad. Enseña que los seres humanos, a pesar de todas las dificultades económicas y los problemas sociales que presenta la vida cotidiana,  deben encontrar alegría en la vida, en  cada momento, en el trabajo, y  que deben tener fe en el futuro.

 

El ser humano  tiene que comprender que  la  motivación principal de la vida no es, ni puede ser,  ganar siempre más dinero. Hay muchas cosas en el mundo que vale la pena realizar para la satisfacción personal. Hay que lograr que en esta sociedad nuestra, atomizada   y atemorizada, se pueda alcanzar a establecer pequeños grupos  y organizaciones voluntarias donde sus miembros  aprendan  a vivir  una vida más sana, más equilibrada, con más satisfacción, lo que permita  aprovechar mejor los recursos de que disponen, aunque no sean muchos. Hay que aprender el mantenimiento, o la recuperación, de la salud por medio de la transformación y la sana adaptación duradera del sistema de vida de todos los días, utilizando medios y  medicamentos alternativos  que la naturaleza misma nos ofrece.

 

De esta forma, cada uno de los seres humanos podría conocer  nuevas, positivas experiencias, tanto físicas como espirituales, a fin de  mejorar sus propias actitudes  y motivaciones.  Podemos lograr este objetivo; el trabajo cotidiano no parecerá una carga sino una realización personal. Por supuesto, este camino nuevo, mirar al mundo en forma diferente, empezaría con los jóvenes quienes lo transmitirían a los adultos, comenzando así un camino  hacia una renovación espiritual.  

 

Hay que darse cuenta de que la felicidad es como el agua: si penetra en algún hueco, lo llena inmediatamente. Eso es válido tanto para el optimismo como para el pesimismo. Si no movilizamos las reservas positivas de nuestras almas, si perdimos la fe en el futuro y nos lamentamos por el presente, estamos perdidos.

 

El hombre moderno encuentra dificultades al observar el mundo a su alrededor. Está inclinado a ver únicamente los problemas, las amarguras. Es sumamente importante tener fe en Dios,  pero  la antigua sentencia: "Ayúdate a ti mismo, y Dios te ayudará", debe ser tenido en cuenta. No debemos tener sueños inalcanzables, ni vanas aspiraciones. Sabemos que tenemos tareas que cumplir en la vida, fuimos elegidos y designados para realizarlas. La actitud excepcional de ciertas personas  generalmente no está tan sólo en su excelencia intelectual, sino en su fuerza de voluntad de ejecutar lo intelectualmente desarrollado.  

 

Hay que descubrir lo bueno y  lo bello en nosotros mismos y  en los que nos rodean. Muchos individuos optimistas, con sus publicaciones,  conciertos, obras  teatrales, y con una gran diversidad de bellas y positivas presentaciones artísticas, ofrecen mucho  en pro del desarrollo del mismo país.  

 

En Hiroshima hay una placa conmemorativa con la siguiente inscripción: “Devuelvan a mi padre, devuelvan a mi madre. y me devolverán a mí mismo.” Los japoneses se recuperaron en corto tiempo después de una guerra perdida y destructiva, pues tuvieron fe en el futuro. No recordaban con ansia un pasado glorioso, y tampoco consideraban muy oscuro el presente, sino que miraron hacia el futuro y se dieron cuenta  de que ellos mismos tendrían que trabajar mucho para lograr un  futuro mejor. No buscaron y no juzgaron quienes habían causado la desgracia y la destrucción, no cayeron en letargo ineficaz, sino que empezaron a trabajar juntos, con dedicación. Colocaron  las bases de nuevas formas de vida, basadas en la ética antigua pero renovada y repleta de optimismo, de sabiduría, sin las cuales no hay, ni habrá vida nueva.

 

Reglas de Oro para un optimista.

 

  • Me comprometo mediante un juramento solemne, que seré tan fuerte que nadie ni nada podrá perturbar la tranquilidad de mi alma.
  • Conversaré acerca de la salud, la felicidad, el bienestar con todos aquellos con quienes me encontraré.
  • Haré todo que esté a mi alcance para que mis  amigos y compañeros estén conscientes de  mi aprecio por sus calidades destacadas.
  • Intentaré ver la cara brillante de los acontecimientos y de las obras; intentaré trabajar de tal manera, que mis esperanzas se transformen en realidad.
  • Me entusiasmaré por los éxitos de los demás como si fueran los míos propios. Intentaré  realizar todas mis actividades en forma excelente.
  • Voy a transitar por la vida con buen humor, sonreiré a todos con quienes me encuentre. Mi autoperfeccionamiento me ocupará de tal manera que no tendré tiempo para juzgar a los demás.
  • Para estar enojado, me siento demasiado noble; para tener miedo me siento tan fuerte, que los problemas no podrán perturbar mi felicidad.  

 

No olvidaré nunca que soy un individuo, parte útil e imprescindible de la sociedad humana. Insistiré en  servir a la sociedad con todas mis fuerzas y mis capacidades. Contribuiré a la formación de una sociedad que aprecia mi colaboración y cuenta con ella,  junto con la de todos aquellos que trabajan por una vida mejor para todos. Al mismo tiempo,  ampararé y protegeré a los que sufren y buscaré colocar las bases de una futura sociedad mejor, pues todos somos hijos del Dios Único, aunque tengamos dimensiones emocionales, intelectuales y espirituales diferentes. Juntos construiremos  una sociedad con  fundamentos éticos y morales muy firmes  basados en una religiosidad fuertemente humanista, cuyos componentes  tienen fe en el futuro de la humanidad  y capacidad para preservar y mejorar el ambiente que nos rodea.

 

 

 

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