SAN FRANCISCO – UN “JASID” (PIADOSO) CRISTIANO

 

Foro Interreligioso en el acto

“Juntos con San Francisco al Tercer Milenio”

1998

 

 

Una "reconciliación con lo opuesto"  sería la definición sintética   que se  daría a la personalidad, vida y obra de San Francisco de Asís, sin considerar si el observador es cristiano o no, laico o no.

 

Francisco era hijo de la clase acomodada  de Italia, al inicio del siglo XII. Su padre, Pierre de Bernardone era, en Asís,  un comerciante importante, conocido en el comercio mayorista europeo. Pero también fue un mecenas. Los documentos de la época hablan de él como un "gran benefactor".

 

Su hijo recibió en el bautismo el nombre de Juan, pero su padre siempre lo llamó Francisco. El joven se convertirá, más adelante, en el representante de los pobres, camino asumido por Cristo; será Su testigo más vigoroso, transparente y digno de credibilidad. Por este amor se hizo pobre, sin privilegio ni poder, para ser libre y adherir totalmente, también en su modo  de vivir,  "a la desnudez de Jesús, desnudo en la Cruz". Como dice el famoso escritor Ernesto Renan, " fue el primer cristiano verdadero, después de Cristo".  

 

Su pensamiento ascético y radical asume, valora e ilustra -de una manera ejemplar- las tensiones sociales que dieron origen a todos los movimientos disidentes anteriores, contemporáneos y posteriores. El denominador común es la pobreza, la libertad entre los hombres y la piedad hacia Dios. Estos factores  no ligan a  Francisco sólo al cristianismo,  -vivir siguiendo en forma radical las enseñanzas del Evangelio en la vida cotidiana- sino estuvo emparentado también con el hinduismo, con el cual tuvo en común el sentido del ascetismo. Es la misma base espiritual  que posee el jasidismo, tal como este movimiento se manifestó en el seno del judaísmo de aquella época - es decir, en el siglo XII-XIII, y que luego evolucionó  y se fortaleció  a partir del siglo XVII, hasta nuestros días.

 

En el curso de una entrevista con motivo del 800º aniversario del nacimiento de San Francisco de Asís en el año 1982, a la cual se dio un acento profundamente religioso, el Gran Rabino de Roma, Elio Toaff, gran conocedor de  aquélla época,  subrayó que aquí hay "mucho más que  simples afinidades religiosas". Dijo que para Francisco, como para los jasidim, el amor a Dios, Padre de todas las criaturas, brota de la metafísica del más allá, de la contemplación, y  este amor recibido de Dios se manifiesta en el plan correcto de la vida práctica de los seres humanos,  de todos los seres humanos.

 

El rasgo más característico de su mensaje, es la reivindicación de los derechos de los pobres, de los desamparados, de los oprimidos. Es una adhesión profunda a aquello que era el ideal de los Profetas de Israel. "Quien maltrata al pobre, ofende a Dios, al Dios de Israel" - advirtió el Profeta Isaías (3.14-15). Era ésta la cita preferida de los jasidim en su polémica contra el dominio de los ricos quienes arrasan con los pobres.

 

Francisco adoptó, sin vacilación, el mismo camino: "La pobreza es la  característica que dignificó a Cristo. Quien ofende al pobre, ofende a Cristo." Para él, como para los profetas y para los jasidim, el sufrimiento da dignidad en el camino hacia Dios que impide complacerse de sí mismo, sin mostrar la disponibilidad hacia el prójimo, la apertura hacia el mundo del diálogo. ¿Cómo no ver aquí toda la actualidad del mensaje de Francisco y de sus hermanos, tanto para cristianos como para judíos?

 

Tanto en el movimiento jasídico como en el pensamiento de los seguidores de Francisco,  la fe encuentra su expresión más elevada en el hecho de que el hombre sale de la soledad, del aislamiento y ayuda a los otros para salir de esta soledad. Ser pobres juntos, "piadosos", - palabra que es traducción de "jasid" - en la adoración de Dios en la comunión con toda la humanidad, es el objetivo común. Así como  el jasidismo - como movimiento histórico –sobrevivió el paso de los siglos, podríamos decir que Francisco sigue viviendo en todos los tiempos como el ejemplo del compromiso religioso y como seguidor de Dios. Parece imposible que en un momento dado, cuando Francisco empezó su "aventura de un pobre cristiano", los jasidim hayan sido influenciados, sin saberlo, por el rayo de su personalidad humana y religiosa, como demuestran las investigaciones históricas realizadas  en Asís acerca de la presencia y tradición judías, y su efecto recíproco.

 

Sea como fuera, dentro de este fenómeno estimulante de "afinidades selectivas" entre dos grandes movimientos de la fe, la hebrea y la cristiana, los acontecimientos históricos son significativos. Recordemos que, históricamente, el jasidismo nació en Alemania, bajo la influencia de las Cruzadas, hacia mediados del siglo XII, y terminó aproximadamente  un siglo más tarde, hacia 1340. Tuvo una vida corta, aunque su influencia haya perdurado hasta nuestros días, especialmente en el seno del judaísmo ashkenazi. Y encontró su expresión cuando se reanudó este movimiento y se  desarrolló algunos siglos más tarde en Europa Oriental. (Los asquenazíes son descendientes de judíos de Alemania y de Europa Oriental, mientras los sefaradíes son descendientes de los judíos expulsados de España en 1492.)

 

Por su identidad, el jasidismo de los primeros tiempos estuvo más cerca de un minero, pescador o artesano, tal como lo concibió también Francisco.

 

“Un jasid fue un nuevo tipo de judío, un judío diferente. No un sabio, sino más bien un hombre sencillo y sin cultura, que quería mucho a su comunidad con abnegación total, y la condujo según su propio ejemplo de devoción y humildad, con una experiencia viva, hacia el acercamiento a Dios."

 

¿Qué caracterizaba a un piadoso? La vida asceta, la devoción total, la sensibilidad y la búsqueda de la paz interior. Eso nos recuerda a los "otinazioni", la repetición obstinada de Francisco, la que va en el mismo sentido: "Yo, pequeño e ignorante, quiero vivir el Santo Evangelio sin gloria y, aún más, sin vanagloria..."

 

El jasid tenía, particularmente en su corazón, la suerte del pobre. Eso sería más evidente, más marcado  que la experiencia voluntaria de la pobreza, tanto del lado de los "pobres de YHVH", como de los "pobres de Cristo".  En verdad, la devoción total hacia la comunidad  - en caso de los jasidim - encontraba su justificación doctrinal en la sentencia de la Mishna que dice así: "Aquel que dice: lo que es mío, es tuyo", éste es el jasid. La abnegación de tal hombre lo lleva a amar con un amor particular a los desheredados y a los pobres, se sacrifica por el bienestar de los necesitados. Vigila para que su vida sea una "imitatio Dei". Es indiferente a la alabanza, sobrellevando con  indiferencia total también los insultos y las humillaciones. Algo análogo es la "alegría perfecta", objetivo de Francisco, que insiste en la alegría, sensibilidad y entusiasmo: una disponibilidad total para ayudar a marcar el espíritu franciscano. 

 

Preguntaron al Rabino Toaff: "¿Es posible reconocer verdaderamente la "fraternidad"  entre el cristiano Francisco y los judíos jasídicos, y su mensaje tiene hoy día alguna analogía?"

 

El contestó: "Seguramente sí, pues los dos tienen en común el esfuerzo para sobrepasar el aislamiento. No se puede admitir el aislamiento, ni la búsqueda de la Redención, por sí mismo. La participación dolorosa en la incertidumbre del mundo es una esperanza de la salvación. El silencio es complicidad". 

 

“Si  yo no ayudo al malvado para que se salve, yo mismo me convertiré en malo, porque el pecado de cada uno es el pecado de todos" - dijeron los jasidim. Los biógrafos citan a San Francisco, al fundar su comunidad, con estas palabras: "Estaba convencido de que no seré admitido en la gloria si no dejara entrar a todos aquellos que  confían en mi." (Tomasso de Celano).

 

“Las afinidades no faltan entre la expresión poética y religiosa de Francisco y los jasidim,  pues la única fuente de su fe era la Biblia, la que de por vida se manifiesta en las estructuras, en el modo de pensar y en el lenguaje, aunque éstas son muchas veces diferentes, tanto  en el plan existencial como en el nivel de la contemplación" - dice Toaff. "El reconocimiento de la generosidad  de Dios, Quien ha creado todo lo existente en el mundo para Su gloria,  para beneficiar al hombre a quien le otorgó el gozo de todo lo que lo rodea. Ambos están ardiendo en el loor y en la adoración de Dios, no tanto por salvarse de sus tribulaciones, sino porque están seguros de que Dios salva a Sus  servidores quienes le dan testimonio en sus pruebas, aunque dolorosas".

 

¿Debemos llevar el paralelismo a lo extremo? No. La diferencia es una riqueza y un estímulo, por lo menos para aquellos que lo consideran así.

 

Ocho siglos después de su nacimiento, la profecía auténtica de San Francisco  se reencuentra en sus prevenciones. "Vivan juntos más por lo que los une y no por lo que los separa", dijo el Papa Juan XXIII de Bendita Memoria.

 

Concluyamos así: Sin pretender analizar con lupa, qué es lo que aproxima o distingue a estos dos "grupos piadosos", parece bien si reafirmamos la actualidad irrecusable del uno y del otro. Lo que vemos siempre con más claridad, hoy más que nunca,  es que ambos nos invitan a trabajar juntos por la paz y por la fraternidad. Nos proponen el diálogo y la construcción de una sociedad mejor, más justa y más humilde, en la cual debemos tener la fuerza de creer.

 

 

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