ALGUNOS ASPECTOS JUDÍOS EN EL NUEVO TESTAMENTO

 

 

La fe de Jesús nos une, la fe en Jesús nos separa.

 

Para los judíos, la persona de Jesús no es divina, sino muy humana. Se le  otorgó  el carácter divino sólo  muchos decenios después de su muerte,  y se olvidaron  de mirar en él al Hombre.

 

La relación de los judíos con Jesús es, lógicamente, diferente a la  de los cristianos. Nosotros, los judíos,  separamos su transformación en divinidad que la historia religiosa del cristianismo le agregó. No queremos eliminar la esperanza religiosa o teológica de su próxima Venida, como termina el Nuevo Testamento "Maran Ata" -  "Vendrá el Señor". Sin embargo, los judíos queremos ver al hombre judío que nació, vivió y murió en la Cruz como judío. Para nosotros no es el  Mesías y tampoco un profeta, por lo menos no en el sentido del Antiguo Testamento. Tampoco se lo puede incluir en ninguno de los partidos políticos existentes durante su vida. Estaba mucho más cerca de los Fariseos que de los Saduceos. Sin embargo llevaba algo del judaísmo de los  Esenios en su mente y en su práctica  religiosa.

 

¿Por qué no perteneció a ninguno de los partidos de su época, ni al de los Celotes, que estaban por organizarse como grupo separado?

 

Fue un líder religioso malentendido. Tuvo una vida humana trágica. Un amor hacia toda la humanidad, y nunca dejó de querer y amar a Israel. 

 

Algunos datos personales  -  Nacimiento y renacimiento

 

La fecha y el lugar exactos del nacimiento de Jesús no son claros. Hay diferentes opiniones al respecto. Tampoco conocemos mucho de su vida y de sus actividades, hasta su profundo acercamiento a Dios, su  renacimiento  manifestado en su bautismo, realizado por intermedio de Juan Bautista.

 

El baño ritual fue un concepto muy conocido dentro del judaísmo antiguo practicado durante toda la historia pero, especialmente, en la época  de Jesús;  los Esenios le dieron importancia destacada.

 

Según los cálculos históricos, Jesús ya tenía treinta años cuando  fue al Río Jordán para realizar su purificación religiosa, bajo la orientación de Juan Bautista. Lo interesante es, de haberlo hecho realmente a esa edad, que ya  a los trece años de edad todo varón judío estaba -y está- obligado a cumplir con los preceptos rituales.

 

 Sabemos por los Evangelios, que estudiaba y conocía las enseñanzas del judaísmo y  practicaba sus preceptos. No sabemos si fue más  bien autodidacta o  instruído por su padre, o por los maestros de su comunidad en Nazaret.

 

No es nuestra tarea ahora, hablar de Juan  Bautista y de sus actividades, su vida y su trágica muerte. Tampoco queremos averiguar si él perteneció a los Esenios o no. Lo que parece ser seguro, es que la forma en que él orientó la purificación ritual de Jesús, no era la conocida y prescrita por la tradición de aquella época.

 

Los antiguos profetas hablan sobre la purificación por intermedio del agua, pero en ningún lugar  mencionan el fuego, que también intervino en la ceremonia de Jesús. La purificación corporal tuvo relación simbólica con el deseo de purificarse de los pecados. En el caso de Jesús, seguramente se trataba de ambos, y quizás el fuego representó simbólicamente el llamado de Dios a su futuro Servidor, como lo hizo con Moisés desde la Zarza Ardiente. Interviene también el Bat Kol,  es decir "la voz celestial" que llamó a Jesús, la misma Voz que   llamó  a Moisés.

 

Después de su purificación,  Jesús decidió irse al desierto y permanecer allí durante cuarenta días, - como Moisés, quien pasó en el Monte Sinaí cuarenta días,  y después cuarenta años en el desierto, junto a su pueblo. Lo mismo pasó con el profeta Elías quien,  según la tradición profética, fue el precursor del Mesías.

 

Jesús fue probado por Satanás, y resistió la prueba. Esta purificación ritual se transformó después en el Bautismo y en una de las obligaciones más importantes  para los cristianos. Significaba no sólo la purificación, sino también la aceptación del destino, la conclusión de la vida privada y el comienzo de una nueva vida. Lamentablemente, resultó ser una  época corta, dedicada a la enseñanza y a la curación, especialmente de los necesitados, de los marginados, de los abandonados.

 

Al haber aceptado su vocación,  tuvo que abandonar su ciudad natal y se tornó  efectivo el antiguo dicho judío según el cual, en el curso de la vida,  nadie puede ser "profeta en su tierra". Empezó a caminar por las riberas  del Lago Kineret y por otros lugares cercanos, ricos en la flora y en la fauna, y habitados por gente sencilla, humilde, de poca cultura,  pero de muy buena voluntad.

 

El cumplimiento de la ceremonia ritual de purificación significó para Jesús el regreso, no sólo a  la naturaleza, sino también a Dios y a la tradición.  Este significado estaba vigente  no sólo en aquella época, sino  también  hoy día.   El regreso a la ética, a la moral, al camino que Dios exige a todos aquellos que Lo aman, y la "Teshuvá” – “el arrepentimiento",  sigue siendo el motivo principal de la religión judía.  Jesús fue fiel a este principio toda su vida.

 

Desde este momento, la razón de ser de Jesús fue enseñar a los hombres para que,  por intermedio del mejor conocimiento de las obligaciones morales y cumpliéndolas, sean  cada vez  mejores  y con eso, puedan  promover la llegada del Reino de Dios en la Tierra, anunciado por los Profetas. Al mismo tiempo, se dedicó a curar  enfermos, ante todo a  aquellos enfermos que sufrían por problemas espirituales y síquicos.

 

Para poder enseñar, al principio, Jesús visitaba las sinagogas que, en aquella época, eran la institución más democrática del pueblo judío. Estaban  abiertas para todos y allí los oyentes escuchaban las palabras sabias de cualquier persona que tuviese la capacidad de enseñar. La forma de enseñanza incluía la lectura de la Torá y la parte profética y, luego,  explicaciones amplias y libres de los textos leídos. La gran mayoría de los maestros enseñaba en nombre de su propio maestro o de  maestros anteriores. Mientras que Jesús enseñó en basándose  sus propios pensamientos como  autoridad que,  utilizando diferentes métodos de enseñanza -especialmente parábolas o contando acontecimientos reales siempre adecuados a las circunstancias- podía atraer la atención de sus oyentes y transmitir sus mensajes en forma sencilla y popular, para que los menos instruidos también lo entendieran. Quizás esta forma de enseñanza, aparentemente autoritaria y no tradicional, fuera la causante de la primera diferencia entre él y sus maestros, escribas y rabinos de su época. Su manera de enseñar demuestra  que Jesús no fue un profeta tradicional, pues ellos hablaban en nombre de Dios y no en el suyo propio.

 

La curación que Jesús practicaba. está muy bien caracterizada por las palabras de Stefan Zweig, escritor austríaco muy famoso,   cuando él dio como título a su libro "Heilung durch den Geist” – “Curación por el espíritu". Con esta forma de curación, Jesús se  acercó al sistema más moderno de sanar, reconociendo que hay una relación muy estrecha e innegable entre el Cuerpo y el Alma.

 

La medicina judía de aquella época, consideraba que las enfermedades eran consecuencia del alejamiento del camino que Dios exige de los seres humanos. Sugería que como consecuencia de este alejamiento, los espíritus malos pueden apoderarse del hombre, incorporarse en su cuerpo y causar la enfermedad. Reconocieron también,  que algunas personas que andaban por los caminos de Dios, tenían la capacidad de expulsar a los espíritus malignos del cuerpo humano, sin olvidar de llamar la atención del enfermo  que su mal era consecuencia de su debilidad moral. La curación se realizaría por intermedio de los enviados de Dios, siempre y cuando  los enfermos se arrepintieran y cambiaran sus caminos. Sin duda alguna, había mucha gente que tenía fe en el poder milagroso de aquellos que curaban.

 

Era éste el caso de Jesús. Muchos lo acusaron de tener relación con  fuerzas oscuras para llevar a cabo la curación. Según nuestro concepto, Jesús era el precursor de aquellos sicólogos o siquíatras que consideran  que para la curación del ser humano, es necesario ocuparse  no sólo del cuerpo, sino también del alma. Consideró la curación de los enfermos como una obligación moral, y la practicaba también el sábado, mientras la religión  de aquella época  permitía la curación en sábado sólo en casos de peligro de muerte. De ahí surgió otra razón por la cual algunos lo consideraron como violador de la tradición referente al Shabat. Para Jesús, la curación era una obligación humanitaria, más importante que la observancia rígida de las leyes sabáticas.

 

El Sermón de la Montaña

 

Una de las más importantes enseñanzas y mensajes de Jesús, fue el Sermón de la Montaña. Muchos  lo consideran como una obra maestra de toda la cultura  occidental. Las raíces de este mensaje, se encuentran en las enseñanzas de los Profetas judíos y en los Salmos. Jesús no era  dogmático,  y tampoco sistemático; estas  cualidades están lejos del judaísmo tradicional. Partió siempre de la situación momentánea y transmitió su mensaje en forma sencilla,  útil no sólo para un determinado caso, sino también para  otros momentos y oportunidades.   

 

Desde el punto de vista ético y haciendo una exégesis, sus palabras acerca del amor al prójimo no coinciden con nuestros conceptos. . En la misma forma como no somos partidarios del concepto "ojo por ojo", tampoco somos partidarios de ofrecer la otra mejilla cuando ya golpearon una. Y tampoco aceptamos como regla,  que si alguien me quita mi abrigo, tengo que ofrecerle también mi saco.

 

El judaísmo rabínico interpretaba la  "Ley Talionis" como limitación, es decir, que el castigo no puede ser mayor que el daño causado, lo que servía para imponer una moderación. Consideramos que las enseñanzas de Jesús al respecto a veces sobrepasan el carácter humano.

 

Tampoco nos parece suficientemente claro el mensaje respecto al amor al  enemigo. Por supuesto, la Torá no obliga el odio al enemigo, pero tampoco ordena que hay que amarlo. Somos partidarios de la enseñanza de Hilel,  repetida también por Jesús: "No hagas a tu prójimo lo que no quieres que te hagan a ti". Lo aceptamos como regla de oro, como  enseñanza  del Talmud. Hilel, además, fue  maestro indirecto de Jesús.

 

Las parábolas.

 

Las parábolas utilizadas por Jesús para afirmar su mensaje, lo convierten  según Klausner -destacado historiador judío-  en gran Maestro de la Parábola de toda la literatura universal. Sus méritos no disminuyen si mencionamos, que las ideas básicas de sus parábolas como también de sus mensajes, se encuentran en la literatura midráshica o talmúdica. Por intermedio de estas parábolas,  las personas menos cultas han podido entender, comprender y absorber el mensaje que siempre ha servido para mejorar al ser humano.

 

El Padre Nuestro.

 

En el desarrollo de la oración judía, definimos durante el período rabínico dos etapas de desarrollo: antes, y después  de la Destrucción del Santuario en el año 70 e.c.  La oración era, durante las  primeras épocas de la historia de Israel, un modo de relacionarse, de comunicarse con Dios, en lugar de presentarle sacrificios. La oración es palabra de adoración, de acción de gracias, de petición y de confesión dirigidas al Eterno, quién escucha y contesta nuestras plegarias.

 

Originalmente, la plegaria era, sin duda, espontánea, un signo de la presencia de Dios en la Alianza, una necesidad de  organizar la vida espiritual y el origen de los padrones litúrgicos. Los padrones normativos de la oración fueron establecidos por los rabinos y maestros y publicados en el Libro de Oración, cuya estructura central sigue siendo prácticamente la misma hasta el presente. La oración que reemplaza el sacrificio en el servicio religioso, es una innovación  del judaísmo babilonio y fue absorbida y practicada en casi todas las religiones. Por lo tanto, no era  novedoso para Jesús rezar y tampoco lo era cuando sus discípulos le pidieron que les enseñase a rezar.

 

La oración "Padre Nuestro" que Jesús enseñó a sus discípulos, se compone de partes conocidas de la Biblia y de la liturgia oral. Sus conceptos tienen similitud  con las oraciones judías. Podemos decir con toda certeza que el Padre Nuestro es una oración judía desde la primera palabra hasta la última; es una oración directa del ser humano piadoso hacia su Padre Celestial, sin intermediario, porque el que reza, tiene fe y confianza en Dios como la tiene en su padre. Aunque en la época de Jesús la gran mayoría de los judíos, como él mismo y sus discípulos,  hablaban en arameo, la oración debe haber sido pronunciada en hebreo, pues ese idioma se mantuvo en el uso litúrgico.

 

¿Quien soy Yo? ¡No soy el Mesías!

 

En los Evangelios Sinópticos encontramos tres versiones como contestación a la pregunta muy profunda y de mucha importancia que pronunció  Jesús: ¿Quien soy yo? No era una pregunta original, ya figura en la liturgia judía expresada en plural. ¿Qué somos? ¿Qué es nuestra vida? 

 

Preguntas complejas que se refieren a la existencia humana. Son las dudas del hombre que busca la finalidad de su vida. La expresión "Hijo de Dios" no significa nada especial pues,  según la tradición judía, todos somos hijos de Dios porque cada uno de nosotros lleva una chispa de la divinidad en su alma.  Si no existiera esta creencia dentro del judaísmo, no se  podría  rezar al Padre Celestial;  y tampoco se podría decir "Nuestro Padre, Nuestro Rey" .

 

Jesús,  cuando pregunta, es nuestro hermano. No es el Cristo  ascendido a los cielos. Cuando escucha la contestación de Pedro al decir que él es el Mesías, le prohibe que  lo dijera  a los demás. Pues Jesús no pensó que él fuera el Mesías esperado para salvar al mundo.

 

En el Camino hacia Jerusalén

 

Todos los judíos eran obligados por la Ley a realizar peregrinaje a Jerusalén, como mínimo una vez al año, y presentar allí sus sacrificios. Jesús, quien durante toda su vida cumplió las obligaciones religiosas, decidió hacer el peregrinaje. Como se acercaba la Fiesta de  Pascua, fue  caminando. Antes de llegar a Jerusalén, sus discípulos le consiguen dos asnos. Él llega a Jerusalén como aquel Rey sobre quien el Profeta Zacarías habla en el Cap. 9. versículo 9. Su entrada a Jerusalén despierta interés entre los peregrinos y un grupo numeroso lo acompaña, cantando los Salmos correspondientes y llevando hojas de palmeras en sus manos. Las noticias sobre el Nazareno seguramente llegaron también a Jerusalén, y su entrada a la ciudad quizás hizo surgir nuevas esperanzas en la llegada del Mesías prometido, quien salvaría al pueblo sufrido del yugo de los romanos. Es muy probable que él no haya sido considerado como uno de los predicadores errantes de su época, sino por lo menos como un profeta, un maestro,  tal vez un Rabino, aunque para los funcionarios del Templo haya sido un desconocido.

 

Jesús enseñaba en el Atrio del Templo, adonde todos los peregrinos podían entrar. Nadie pensaba que de esta enseñanza surgiría la expulsión de los comerciantes y de los cambiadores, cuya presencia en el Templo no era insólita sino más bien una necesidad,  porque a ellos se les podía comprar los animales para el sacrificio,  y cambiaban las monedas que tenían la efigie del Emperador,  monedas que eran aceptables para pagar los sacrificios o las contribuciones anuales de todos los adultos.

 

Cabe mencionar que no solamente Jesús no estaba conforme con la presencia de estas personas en la entrada del Templo. Muchos maestros mencionados en el Talmud criticaban su presencia, además ya había muchos maestros quienes, siguiendo los mensajes de los Profetas anteriores, consideraban que los sacrificios no traen la expiación. Para ellos era más importante el cumplimiento de las obligaciones referentes al amor al prójimo, a la justicia y a la  honestidad.

 

Aquí se desarrolla la discusión entre Jesús y los escribas, referente a la obligación de pagar o no, los impuestos para el Emperador. La contestación de Jesús es ambigua y no satisface a aquellos que odiaban al Imperio que los había mantenido subyugados. Pero tampoco satisfizo a los religiosos, ni a los asimilados. La respuesta no era suficientemente clara, ni desde el punto de vista personal y aun menos del punto de vista racional para los presentes.  Jesús se dio cuenta de la debilidad de sus respuestas, y si eventualmente hubiera tenido alguna esperanza en su misión, ahora se daba cuenta que estaba solo. No tenía,  ni iba a tener suficiente apoyo y aceptación. Algunos seguidores  suponen que Jesús ha tenido el camino y su entrada a Jerusalén como una procesión hacia la victoria. Pero él mismo supo que este camino, lo conducía hacia la autodestrucción. Empezó a hablar de sus futuros sufrimientos como el Siervo sufriente de Dios, tantas veces presentado por el Profeta Isaías

 

La Noche De Pascua en Jerusalén

 

No hay duda respecto que Jesús y sus discípulos celebraron el tradicional Seder de Pascua en Jerusalén. Jamás pensaron que ésta sería la "Última Cena". Lo celebraron en la forma tradicional, presentaron el sacrificio, el Cordero Pascual, y luego se sentaron a comerlo acompañado por pan ácimo, vino y, seguramente, hierbas amargas. Según la tradición, el objetivo de esta celebración es recordar  la salida de Egipto de los antepasados, y expresar la esperanza en la futura liberación, la realización de la época mesiánica, anunciada por los profetas.

 

El nombre tradicional de esta noche es "la noche de la vigilia",  cuando los presentes recuerdan el pasado, expresan su fe en Dios y aumentan su esperanza en un  futuro mejor.

 

Cuando la celebración ritual terminó, Jesús tomó el pan ácimo, el último pedazo del pan ácimo guardado, y también la copa de vino preparada para el Profeta Elías cuya llegada, antes o más tarde, se realizará. Pronuncia las bendiciones correspondientes y según los Evangelios,  dice: "Tomad y comed; éste es mi cuerpo. Y luego beban de ello todos, porque ésta es la Sangre de la Alianza que estaba derramada por muchos, para el perdón de los pecados"

 

Nosotros los judíos no entendemos el significado de estas palabras. Hay muchos teólogos no judíos que tampoco lo entienden, Está considerado como  un misterio, que más tarde se transformó en la base de la Eucaristía.

 

Además, esta celebración del Seder tiene un aspecto bastante oscuro para nosotros por la presencia del eventual traidor, Judas.

 

Hay diferentes opiniones acerca de Judas. Unos lo consideran como el malvado entre los cuatro jóvenes que figuran en la Hagadá, el libro tradicional para esta noche; otros lo relacionan con el Midrash,  que interpreta el décimo segundo versículo del capítulo  11 del Libro de Zacarías. Y muchos lo identifican con  los Hijos de la Oscuridad que figuran en los Rollos del Qumran y contra quienes habían luchado permanentemente los Hijos de la Luz.

 

Esta noche lleva el nombre de "Noche de Resguardo" cuando, según  las creencias místicas, los espíritus malos quieren dominar el mundo pero Dios guarda a Sus fieles. De todos modos, Judas simboliza a los ojos de muchos cristianos, a todos los judíos y la intervención de Judas, aunque nosotros suponemos que fue buena, trajo consigo innumerables persecuciones  e increíbles sufrimientos para todo el pueblo judío en el curso de  toda su historia.

 

Subrayamos que los símbolos de esta noche se transformaron en los elementos de la Eucaristía posterior. El Cordero Pascual se transformó en el Agnus Dei, la Matza se transformo en el símbolo del Cuerpo de Jesús, las hierbas amargas simbolizan la amargura de Su muerte que, además, aparece también en la esponja mojada con vinagre ofrecido  por intermedio de un palo de hisopo, y el vino simboliza la Sangre de Jesús, derramada por la salvación de muchos.  

 

La fe de Jesús nos une, la fe en Jesús nos separa – fueron las palabras iniciales de esta charla. Quisiéramos demostrar que las raíces de los dos credos son las mismas.  Nuestra tarea, habitantes de nuestra Tierra en este siglo, tiene que ser seguir el camino de Dios juntos, aunque las formas del credo sean diferentes. La tarea de todos nosotros es y será siempre la misma.

 

La humanidad es una sola y Dios es Uno.

 

 

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