JESÚS EN GETSEMANÍ

 

Meditación en la celebración del Seder de Pesaj (Pascua)

 

 

Según las Sagradas Escrituras, Jesús junto con sus discípulos celebró la fiesta de Pesaj (Pascua) de la misma forma que todos los judíos.

 

Al terminar la celebración hogareña, salió de la casa rodeado por sus discípulos y se dirigió hacia el Jardín de Getsemaní.

 

Guetsemaní era el lugar preferido por  muchos maestros para reunirse con sus alumnos, para estudiar y conversar. Dentro de pocos instantes, los discípulos se separaron de él y quedaron sólo dos, los más queridos. Después de poco tiempo, Jesús dejó también a estos dos y siguió solo su camino;  quiso dirigir sus oraciones al Padre Celestial, en esta noche especial que tiene un nombre especial: Lel shimurim, la noche  de la vigilia, la noche de la protección, la noche del resguardo, como dicen las Escrituras. 

 

Dios no duerme, no duerme el Guardián de Israel. Jesús siente que algo pasará, algo le debe pasar a él.

 

Intentemos acompañarlo con nuestra mente y con nuestros sentimientos. Busquemos sentir y percibir qué había podido pasarle en el jardín, bajo el cielo iluminado por la luna y las estrellas.

 

Tiene malos pensamientos. Se da cuenta que el estado de espíritu de las autoridades ha cambiado frente a él; sus discípulos tampoco lo comprenden; sus esfuerzos por mejorar  a los seres humanos, no trajeron los resultados esperados.

 

Siente que algo le pasará: salvación o muerte. Piensa en las cuatro expresiones de la salvación, junto con las cuatro copas de vino, que fueron parte de la celebración reciente:

 

te sacaré del yugo de la servidumbre;

te liberaré;

te redimiré;

te tomaré;

te llevaré al país.  

 

Piensa también en la quinta copa, la copa del profeta Eliyahu, el precursor del Mesías. ¿Vendría el profeta para ayudarle?

 

¿Le sería todavía posible curar, enseñar, mejorar a los seres humanos? ¿La quinta copa sería la última? ¿Sería ésta la copa de la salvación, o de la amargura, de la pasión o de la muerte?

 

En sus pensamientos aparece la sangre de los corderos presentados como sacrificio; le surgen otros recuerdos del pasado de su pueblo que le hacen recordar que, sin la sangre de las víctimas, no puede haber salvación. ¿Quién será la próxima víctima? ¿Salvación o muerte? 

 

Se siente solo. Tiene miedo de la muerte y reza. Al leer las partes referentes del Evangelio, el lector mismo llora, revive las angustias de un hermano, de un ser humano, hijo del hombre, como él solía nombrarse, quien está estremecido por su vida.

 

Reza así: "Padre mío, si es posible, líbrame de este trago amargo, pero

no se haga lo que yo quiera sino lo que quieres Tú. (Mateo 26.39).

 

"Tuya es el alma, el cuerpo es Tu obra, apiádate, oh Dios, de Tu Creación." (Oración del Día del Perdón.) 

 

Reza a Dios de nuevo: "Que se cumpla Tu voluntad y no la mía." Prevalece en él la obediencia, aunque ya hubiese previsto que difícilmente habrá salvación para él.

 

El recuerdo de la sangre en su mente es cada vez más oprimente, y aún más cuando él mismo empieza a sudar sangre. Angustiado, oraba cada vez con mayor intensidad, de modo que su "sudor era como grandes gotas de sangre, que caían hasta la tierra." (Lucas 22.44.)

 

Su pregunta es retórica: "¿No he de beber la copa que el Padre me está dando? (Juan 18.11). Él ya sabe que la respuesta es afirmativa. En este momento se da cuenta que se puede alcanzar el Reino de Dios sólo por derramar sangre, su propia sangre, su propia vida. Y reza de nuevo: "No se haga mi voluntad, sino la Tuya."

 

Hubiera querido vivir más: quedaba mucho más que hacer para que los hombres fueran mejores.

 

"Todo está concluido". (Juan 19.30).

 

Pero eso no era  verdad, pues todo estaba por comenzar.

 

Se abrió el camino o para que muera un gran hombre, cuya vida y muerte han cambiado el curso de la historia de la humanidad. Un judío, un hermano de todos nosotros, de toda la humanidad, sobre quien escribió el gran filósofo judío contemporáneo Martín Buber: "Yo encontré a Jesús desde mi juventud como mi hermano mayor." Estoy convencido que muchos de los presentes estamos sintiendo lo mismo.

 

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