JESÚS EL JUDÍO

 

Muchos cristianos ignoran que Jesús es oriundo del pueblo judío, y, por este hecho, tiene un pasado en común  con los judíos. A Jesús se le cuenta, generalmente, entre las filas  de los cristianos. Incluso, también entre los judíos, es considerado  como cristiano. Sólo en los  últimos tiempos consideran, tanto cristianos como judíos, que Jesús tenía sus raíces en el judaísmo. Jesús fue judío, pero su importancia -por lo menos para los cristianos- trasciende este hecho.

 

Jesús - judío, desde su nacimiento y en su educación

 

El Nuevo Testamento describe a Jesús como judío - nacido en una familia judía,  educado según  las leyes judías siguiendo las instrucciones de la Torá. (Gálatas 4.4). Las narraciones  de su infancia lo describen como a un  niño judío, nacido en  Belén,  lugar de nacimiento y residencia del Rey David. Los padres de Jesús están descritos como judíos piadosos, que observaban y entregaban las prescripciones de la religión judía al niño. Con la circuncisión fue incorporado Jesús en el Pacto de Abraham y con eso, a la comunidad del  pueblo  judío. Las narraciones acerca de Jesús, al cumplir 12 años,  podrían ser una alusión al festejo de su Bar Mitzva en el Templo. (Lucas 2.41). Con este acto, asumió Jesús el deber de vivir según la Ley de Israel, observarla y cumplirla según la voluntad  de Dios. (Mateo 5.17).

 

Jesús participó en la celebración de las fiestas:

 

Sábado (Shabat)

Consagración del nuevo mes (Rosh Jodesh)

Las Fiestas de Peregrinación (Pascua, Pentecostés, Cabañas - 

Pesaj, Shavuot, Sucot)

Año Nuevo - Rosh Hashana

Día del Perdón - Yom Kipur

 

La comunidad judía celebraba,  ya en esa época, las memorias del ciclo de  vida del  individuo  y de la pareja,  como también la liturgia del entierro y el mantenimiento del recuerdo de los fallecidos.

 

Todas estas fiestas fueron incorporadas más tarde en la liturgia cristiana, eventualmente con ciertos cambios en su significado. Todas las fiestas se celebraban en la sinagoga y también en el hogar.

 

Acerca de los conceptos de la "Ley", Jesús tenía conocimientos amplios de la tradición bíblica y postbíblica. Los muchachos judíos aprendían a leer y a escribir en la escuela, utilizando los textos bíblicos del Antiguo Testamento. Las escuelas y las sinagogas estaban estrechamente vinculadas. Al mismo tiempo, los alumnos  aprendían  a  rezar y recibían, además, instrucción acerca de la historia de Israel y de las interpretaciones de la Ley.

 

El bautismo de Jesús.

 

Cambió la vida de Jesús cuando se encontró con Juan  Bautista. No conocemos bien la vida de Juan Bautista. De las descripciones históricas de la época, sabemos que era nazireo y asceta, y vivía apartado  de los hombres en desiertos y cuevas. Fue, o por lo menos llevaba una vida semejante a  los esenios, quienes evitaban el contacto con la humanidad y se mantenían con  provisiones reducidas. Comía sólo frutas silvestres y  practicaba frecuentes abluciones. Consideraba importante llamar a los hombres para el arrepentimiento, ya que anunciaba que  estaba por llegar la Redención, la que  tocaría sólo a los arrepentidos. También insistía en  la pureza corporal, por lo tanto exigía sumergirse en el Jordán o en otro río, ritual que más tarde se transformó en parte del bautismo. La Redención debía significar la realización del Reino de Dios; esta  expresión es típicamente hebrea y se refiere a la Era Mesiánica en la literatura judía de aquella época.

 

Según los Evangelios Canónicos, Jesús tomó el bautismo por voluntad propia. Y el bautismo equivalía a un nuevo nacimiento, que absolvía a los hombres  de sus pecados anteriores. Según Josefo Flavio, Juan exigía la confesión previa de los pecados a los que iban a ser  bautizados.

 

No hay razón para suponer que Juan Bautista hubiese decidido predicar una fe nueva, o que hubiera enseñado a los judíos el alejamiento  de la Torá. El buscaba una sola cosa: la conversión.

 

El bautismo de Jesús en presencia de Juan Bautista fue un punto clave en su vida.

 

Dotado de una clarividente lucidez y versado en la literatura profética y en los Salmos, como también en la literatura apocalíptica, se presentó Jesús  ante Juan, el precursor del Mesías  (el nuevo Elías)  que predicaba con vehemencia la Redención y el Advenimiento del Reino de Dios. Pero si el Reino de Dios estaba cerca, el Mesías debería estar ya en el mundo. Por eso Jesús afirmó ser el Mesías esperado.

 

Su nombre, Yoshué -"él que salvará" en hebreo– pudiera ser considerado por Jesús como una señal del carácter mesiánico de su misión en la Tierra. (Mateo 1.21).

 

Tal vez ya en estas circunstancias recitaba Jesús por  primera vez el Padrenuestro, que es una oración judía antigua, muy querida y muchas veces pronunciada en la liturgia judía, en memoria de los fallecidos, conocida como el "Kadish", la oración que se pronuncia en el período del luto. Millones de judíos y cristianos creen que esta súplica les abre  la puerta hacia el Padre Celestial. La oración, genuinamente judía, ha cobrado a través de Jesús validez humana universal.  

 

Jesús - un Maestro de Israel

 

Como adulto, Jesús  estaba involucrado en la vida sinagogal y ante el público actuaba como maestro; en consecuencia, lo llamaron "Rabí". La enseñanza de Jesús  se basaba en la fe y religión judías como exige la Torá. El respeto de la voluntad de Dios, anunciada en la Torá,  tuvo vigencia, también para Jesús, como obligación sagrada. (Mateo 5. 17-19). Del mismo modo como la  Escuela del bien conocido maestro fariseo Hilel, también Jesús estuvo en contra de aquellos maestros  quienes -como la Escuela de Shamai- implantaron, por medio de sus explicaciones rígidas de la Torá, una carga casi insoportable al pueblo.

 

El Sermón de la Montaña de Jesús (Mateo 5-7) refleja el modo de enseñanza de los maestros más antiguos del Talmud. Las bienaventuranzas tienen sus paralelos en el Antiguo Testamento y en los Escritos rabínicos. Las parábolas de Jesús se asemejan, en muchos aspectos, a la tradición religiosa rabínica, en la cual los conocimientos y las exigencias religiosos y éticos  son transmitidos con un ejemplo - en hebreo, "mashal". Así es que Jesús no se opuso a los fariseos en su modo de enseñanza. También los investigadores judíos lo consideran como a un judío adicto a la Torá y la Enseñanza oral. 

 

Podemos  pensar en Jesús como en un judío de su época: con franjas en las cuatro  puntas de su vestimenta, y, durante las oraciones de todos los días hábiles, con sus filacterias puestas.  Con motivo de las Fiestas de Peregrinación -Pesaj, Shavuot, Sucot- hacía peregrinaciones a Jerusalén, como lo exige la prescripción bíblica.  Celebraba con sus discípulos la Cena de Pascua y  observaba las prescripciones alimenticias.

 

Cuando curaba a un  leproso, le exigía que presentase los sacrificios prescritos y se presentara ante el Sacerdote, para que éste confirmara su pureza. Él  consideraba su mandato, ante todo, como una tarea para con el pueblo judío, sin excluir a los demás.  

 

No es posible deducir del Nuevo Testamento que Jesús quien, según la tradición bíblica, iba a la sinagoga los sábados (Lucas 4.26),  desdeñara las prescripciones de la observancia del Shabat. Según el Tercer Libro de Moisés, la Torá quiere proteger y resguardar la vida de los seres humanos. Si la santificación del Shabat pertenece a sus mandamientos primordiales, entonces - según las ideas de Jesús- el Shabat  debe estar al servicio del hombre  y no al contrario. También el Talmud considera la preservación de la vida humana antes que  todas las prohibiciones del Shabat, y no al revés. Pero la curación de los enfermos fuera de peligro de muerte, realizada  los sábados, puso a Jesús en confrontación con algunos  de sus correligionarios piadosos  -algunos de los fariseos-, quienes consideraban las prescripciones prohibitivas  del Shabat en forma más rígida que los demás.   

 

Por medio de sus prédicas y sus curaciones, Jesús hizo visible  la manifestación del amor de Dios, Quien se revela por Su misericordia  y compasión para con los seres humanos y Él,  junto con Su asistencia, ofrece  Su perdón y Su protección. Para  Jesús, la voluntad de Dios proclamada en la Biblia era como un espejo en el cual, el hombre debe reconocerse a sí mismo.

 

La incapacidad del ser humano de vivir en conformidad con la voluntad de Dios, le ofrece la compasión y la misericordia de Dios, Quien está dispuesto a perdonar, siempre y cuando el ser humano se disponga a pedir perdón y apartarse del camino incorrecto.    

 

Como consecuencia de esto, fue prácticamente inevitable que Jesús despertara la crítica y el rechazo entre algunos de sus contemporáneos, como así también los sentimientos de amor y respeto. Jesús no dejó de ser una figura pública y, por lo tanto, observada y controvertida. 

 

El conflicto entre Jesús y los representantes de la autoridad en el terreno de la doctrina y la práctica religiosas  es difícilmente detectable,  pues la identidad de sus adversarios  es a menudo imprecisa, porque las fuentes son contradictorias. Fariseos, saduceos, escribas y  jueces se entremezclan. De todos modos, no fueron los fariseos los mayores adversarios, aunque en algunos textos el Nuevo Testamento los presenta como enemigos.

 

No podemos decir que Jesús fuera fariseo, pues muchas costumbres que parecían primordiales para los fariseos, aparecen como de menor importancia  a los ojos de Jesús frente a las obligaciones morales. Lo que sí sabemos es que estaba más cerca de este grupo que de otros. 

 

Conclusión.

 

Como el Cardenal Bea, de Bendita Memoria, dijo: "La fe de Jesús nos une con los hermanos judíos, la fe en Jesús nos separa."

 

Para nosotros los judíos, la persona de Jesús  no es divina, sino profundamente  humana. Fue un hombre lamentablemente muchas veces malentendido. Un hombre judío que nació como judío, vivió como judío y murió en  la Cruz como judío y jamás dejó de querer y amar a Israel.

 

El día 11 de abril de este año, el Papa Juan Pablo II recordó - en uno de los discursos más enérgicos de su pontificado - que "Cristo era judío", y volvió a condenar el antisemitismo.

 

Me permito citar las palabras de Su Santidad el Papa Juan Pablo II, pronunciadas en esa ocasión:

 

Si los cristianos fueran plenamente conscientes de que Cristo fue un auténtico hijo de Israel, ya no podrían "aceptar que los judíos como tales, fueran  despreciados o, peor aún, maltratados". El Papa habló acerca de las relaciones entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, entre cristianos y judíos, subrayando que en los primeros siglos, la Iglesia tuvo la tentación de separar y presentar como opuestos al Antiguo y al Nuevo Testamento, y mencionó que la tentación se manifiesta incluso en nuestra época, especialmente entre los feligreses.

 

"Muchas veces se comprueba una gran ignorancia acerca de la profunda relación entre el Nuevo y el Antiguo Testamento y, de esta ignorancia, algunos extraen la impresión de que los cristianos no tienen nada en común con los judíos.

 

"Siglos de prejuicios y oposición recíproca -agregó- han excavado un foso que la Iglesia trata de rellenar ahora, alentada por el Concilio Vaticano Segundo."

 

Según el Papa, "se puede definir la identidad humana de Jesús a partir del vínculo con el Pueblo de Israel, de la Dinastía de David y de la descendencia de Abraham. Y no se trata sólo de una pertenencia física –insistió -, pues Cristo es un auténtico hijo de Israel, profundamente arraigado en la larga historia de su pueblo. Privar a Cristo de su relación con el Antiguo Testamento, sería arrancarle sus raíces y vaciar su misterio en todo sentido. Si no, sería un meteoro casualmente caído en la Tierra y desprovisto de toda conexión con la historia de la humanidad."

 

La Iglesia -continuó el Santo Padre- aceptó plenamente que Cristo estuviera inserto en la historia del pueblo de Israel y considera a "las Escrituras Judías como Palabra de Dios siempre válida y dirigida a la Iglesia misma y a los hijos de Israel". (Ciudad del Vaticano, 11 de abril, AFP).

 

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