RELIGIONES Y CULTURAS COMPARADAS

 

 

Antes de hablar sobre comparación de religiones, sería conveniente aclarar el concepto de la palabra "religión".

 

La religión es la relación del hombre con Dios. El ser humano está consciente de su debilidad, especialmente ante  las dificultades de la vida, y siente que debe existir un Ser Supremo. Además, al mirar su entorno, ver   la naturaleza e investigar el curso de la historia, uno percibe que todo debe estar bajo el poder de una Fuente incógnita e indescifrable para el ser humano. Esta percepción hace surgir su deseo de acercarse a este Ser Supremo e Invisible, que es Dios.   

 

La Biblia nos enseña, desde  sus primeros capítulos, que hay un solo Dios, Creador de todo el Universo, Padre y Rey de toda la humanidad. Se revela cada día  por intermedio de la Creación que no fue un acto único, sino un proceso que no termina. Él es el Dios de la historia y al mismo tiempo, el Dios personal de cada ser humano. Es el poder dinámico de la vida y de la historia de cada individuo pero, simultáneamente, el motor de toda la humanidad. Es la Suprema Justicia  y el Supremo Amor. Es invisible, pero está presente en  cada individuo y en todos los lugares donde Lo llaman y a donde Lo dejan entrar. Ayuda al hombre por medio de los recursos de la Naturaleza, y por la capacidad y la fuerza que proporciona a los seres humanos.

 

No todas las religiones son monoteístas y hay religiones que no conocen el concepto de Dios a nuestra manera. 

 

El hombre es mortal e imperfecto, pero tiene la intención de perfeccionarse y vivir una vida amplia e íntegra. Tiende hacia una vida mejor, de nivel más  elevado y más noble. Quiere acercarse a Dios y cumplir con Su voluntad. El hombre no vive sólo de pan  sino de la palabra de Dios, dice la Escritura Sagrada, y la voluntad de percibir lo que Dios espera de nosotros, los  seres humanos. Nuestro acercamiento a Sus ideas  y propósitos es también fuente del sentimiento religioso. 

 

El diálogo con las religiones no deístas  no es fácil, porque les hacen falta conceptos que están incorporados en las religiones deístas,  especialmente en las monoteístas. Además, hay problemas lingüísticos, pues en los  idiomas que ellos hablan, no hay palabras para ciertos conceptos religiosos que nosotros utilizamos en nuestra teología y en nuestras oraciones. Pero esto no significa que no pueda haber acercamiento, incluso diálogo fructífero, también con ellos.     

 

La comparación de las religiones  es un ramo relativamente nuevo de las ciencias. Comenzó a principios del siglo pasado, aunque tenemos datos esparcidos desde mucho antes. El fundador de la ciencia  de religiones comparadas fue el científico de origen alemán, Max Müller. Según su opinión, las religiones tienen su base en los Libros Sagrados,   (el taoísmo, el budismo,  el judaísmo, el zoroastrismo, el cristianismo, el confucianismo y el mahometanismo). El conocimiento de los textos antiguos  es indispensable para el estudio comparado, sabiendo que es la Escritura la  que da autoridad a la religión propia.

 

En una época como la nuestra en que los hombres, tanto en el Occidente como en el Oriente, se esfuerzan por entenderse los unos a los otros, y por comprender las condiciones revolucionarias del mundo moderno, el estudio de las religiones por intermedio de su comparación parece estar en un momento de      desarrollo. Es un momento en el cual el ser humano busca comprender el presente, percibiéndolo en su relación con el pasado del  que proviene.

 

Las religiones del mundo resurgen en todas partes. Por primera vez en la historia moderna, el cristianismo, la fe  predominante del Occidente, se enfrenta con las revitalizadas religiones orientales. La aparición del nacionalismo en el Oriente puede explicar sólo parcialmente este cambio. El hombre occidental no puede comprender y apreciar a los pueblos asiáticos, a menos que tenga algún conocimiento y comprensión de sus religiones. Esta situación da a la historia de las religiones un nuevo fundamento dentro de los respectivos altos estudios. Ya no es más una mera búsqueda interesante y esotérica, sino  una ciencia respetada. Ahora es necesario  comprender nuestra situación mundial y, de este modo, a nosotros mismos.

 

Así  ocurrió en la historia de las religiones. Los dirigentes, y a veces los mismos creyentes de las religiones monoteístas, se opusieron recíprocamente una y otra vez, si no a través de persecuciones sangrientas, por lo menos desdeñando a los fieles de otros credos como ignorantes, considerando  que  es preciso conducir,  con la mayor rapidez posible, hacia la Iglesia, a la verdadera religión. ¡Cuántos seres humanos fueron víctimas de guerras religiosas! ¡Con  cuánta frecuencia se oprimió la conciencia de los fieles de otras religiones! ¡Cuántos fueron los mártires a causa de la valiente confesión de sus creencias, de su confesión de fe individual! O durante la proscripción de los judíos y su segregación en ghettos durante la Edad Media cristiana; la imposición eclesiástica del bautismo y de la concurrencia a los oficios religiosos.  Se puede recordar también las Cruzadas cristianas contra el Islam con todas sus crueldades  y, a su vez, la presión  de los gobernantes musulmanes sobre las naciones cristianas.

 

Vale la pena mencionar, o tal vez subrayar, la opinión del famoso historiador Arnold Toynbee, cuando señala que las tres Religiones de Revelación, surgidas de una sola raíz histórica, el judaísmo, el cristianismo y el islamismo, tienen una tendencia hacia el exclusivismo y la intolerancia. Se adjudican a sí mismas una validez definitiva. Por cierto, en algún sentido, la  opinión de Toynbee es correcta.   

 

El origen de todas  las religiones es la concepción del "infinito". Este concepto de lo Desconocido o Infinito es más antiguo que el de lo Conocido o de lo Finito. Sin embargo, los dos conceptos  son inseparables.

 

La religión es tan vieja como el lenguaje de cada pueblo o grupo humano. El lenguaje lleva la huella de los primeros pensamientos del hombre y mientras se investiga  el desarrollo del idioma, se  investigan las raíces del pensamiento humano. La continuidad en el desenvolvimiento del lenguaje no es otra cosa sino la continuidad en el desenvolvimiento de la religión.

 

El desarrollo de todas las religiones es similar. Comienza con la tradición popular, prosigue con las costumbres ceremoniales, las oraciones y otras formas de la confesión de fe. Las características que presentan las distintas religiones a lo largo de su historia, dan evidencia de que había contacto entre los diferentes pueblos que las practicaban.

 

La primera impresión que transmite el estudio de la historia y del contenido espiritual de las religiones, es su maravillosa riqueza.

 

Los hindúes y los budistas, los mahometanos y los mezdeístas, los judíos y los cristianos, todos estamos imbuidos de la misma fe, sinceridad, amor ardiente, obediencia y disposición al sacrificio.

 

Ninguna religión es enteramente nueva. La historia de las religiones muestra que permanentemente se suceden nuevas formaciones de  los mismos elementos radicales. La noción intuitiva de Dios es un sentimiento de debilidad y de la dependencia del hombre. La creencia en una Providencia divina que ampara al Universo, así como a los seres humanos: la distinción entre el bien y el mal, la esperanza en una vida mejor, son elementos básicos y comunes a todas las religiones. A veces en forma casi oculta, éstas reaparecen constantemente en la superficie,  a menudo desfigurados pero, sin cesar, tienden  a recobrar su forma perfecta.

 

Siempre que podemos remontarnos a la cuna de una religión, la encontramos libre de desfiguraciones que enturbie su contemplación, lo que notamos  cuando las estudiamos en épocas posteriores de su existencia. Los fundadores de  las antiguas religiones del mundo eran, según lo que podemos juzgar, personalidades de alto valor, movidos por nobles aspiraciones, con  sed de verdad, entregados al bien y al prójimo; eran modelos de virtud y de  abnegación. Rara vez vieron cumplido lo que anhelaron realizar, y sus palabras, cuando nos llegan en su versión original, evidencian a menudo un singular contraste con las acciones de aquellos que se autodesignan como sus discípulos. A partir del momento en que una religión queda establecida como culto oficial de un Estado poderoso,  factores ajenos y mundanos tienden a invadirla y distorsionarla. Intereses mezquinos bastardean la sencillez y la pureza del plan que el Fundador concibió en su corazón y  maduró en sus meditaciones y en sus coloquios con Dios.

 

No existe una sola religión que no tenga alguna verdad. Alguna verdad importante y suficiente para que los que buscan a Dios con el corazón recto,  puedan encontrarse con Él a la hora de la necesidad. Todas las religiones invocan, consciente o inconscientemente, a Dios, aunque no Lo conozcan.

 

Según Müller, el estudio comparado de las religiones ayuda a disipar los prejuicios con que algunos acostumbran  mirar las convicciones de otros grupos religiosos. Y sólo un hombre de poca fe puede temer  que se apliquen al estudio de su propia religión las reglas de crítica que  sigue el historiador, cuando quiere estudiar otros sistemas religiosos que no son el suyo. 

 

¿Cuál es la tarea exacta de esta ciencia? - pregunta Müller y luego contesta: Antes de comparar, debemos conocer cabalmente lo que comparemos. El estudio de las religiones comparadas se asienta en el postulado de que es posible comprender una religión diferente de la propia. Sólo a partir de este postulado, es posible alcanzar la imparcialidad necesaria. Por lo tanto, son tres las cualidades que fundamentan esta disciplina.

 

Una es la comprensión cordial de aquellas religiones que son distintas de la nuestra; la segunda, una actitud autocrítica e incluso escéptica acerca de los propios presupuestos religiosos. La tercera, poseer ecuanimidad científica. El criterio seguido por el investigador debe ser científico y su labor debe dirigirse al descubrimiento  puro y simple de la verdad.

 

La auténtica historia del hombre es -para Müller- la historia de la religión, la historia de los maravillosos caminos que siguen las diferentes familias de la raza humana, para avanzar hacia un conocimiento más acabado y hacia un amor más profundo a Dios. Este es -según él- el fundamento que subyace en toda la historia profana: la luz, el alma, y la vida de la historia. Sin Él, toda la historia sería realmente profana. Todas las religiones son nuevas cada mañana, pues ellas no existen en algún lugar del cielo, elaboradas, terminadas y estáticas. Ellas existen en los corazones de los seres humanos. El catecismo, los artículos de fe, las confesiones, nos dan el cuerpo y el armazón de las religiones, pero nunca el alma y la sustancia de las creencias religiosas.

 

Hay muchas cosas antiguas que parecen  ser inimaginables o inexplicables en el presente  y para nosotros. Para llegar a su comprensión, Müller sugiere  buscar y comparar los orígenes, los antecedentes, estudiar las formas históricas de las religiones y analizar las condiciones en las cuales fue  posible la formación y el desarrollo de la religión de aquellos pueblos.  Es indispensable formarse una idea clara y exacta de la forma primitiva de cada religión, antes de intentar determinar su propio valor y compararlo con otras creencias religiosas, y aun menos, con las modernas.

 

Los investigadores llegaron  a afirmar que la religión evoluciona  junto con la cultura tanto en su teología como en su culto. Las religiones de las más distintas partes del mundo se ajustan en su estructura al mismo sistema cultural.

 

Las funciones de la vida espiritual del hombre se asemejan en todas las latitudes y son los factores  exteriores: económicos y sociales -o internos: proféticos y espirituales,- los que influyen en la formación de cada religión, determinando la mayor o menor rapidez de su desarrollo.

 

Todas las religiones del mundo están emparentadas entre sí, dicen los investigadores.

 

En  todas las religiones, hay tres constantes sobresalientes:

 

  • el intento de explicar e interpretar los fenómenos naturales e históricos;
  • dogmas o sistemas de conceptos simbólicos que reivindican la tenencia de  verdades absolutas;
  • culto y rito considerados como propiciatorios de milagros, o para la expiación.

 

Los estudios comparados coincidieron,  entre otros, en los siguientes resultados: en todas las religiones primitivas se encuentra como motivo principal, la creencia en un Poder Supremo, que supera en alguna forma los poderes físicos e intelectuales comunes. Este Poder Supremo puede ser:

 

  • Terrenal o humano, dotado de capacidades sobrenaturales. Esta capacidad proviene de otros seres, sean dioses o espíritus. Los dioses viven en el cielo  y no se preocupan mucho por la suerte de los seres humanos. Para eso, envían a la Tierra sus representantes. Sus figuras, representaciones y acciones, están rodeados de leyendas.

 

  • Poderes siderales, como el sol, la luna o las estrellas que son personificados  y reconocidos como benéficos o nocivos para la suerte del hombre.

 

  • Fenómenos inconcebibles de la naturaleza, con poderes extraordinarios.

 

Son generales las ideas que tienen alguna relación con la muerte. Cuando la energía vital, la capacidad actuante y pensante del hombre se agotan, es decir, cuando se muere el ser humano, los sobrevivientes  buscan un lugar  donde encontrar -según sus creencias- al desaparecido y tratan de establecer  el momento y la forma de vincularse con él. Así se produce  el culto de la muerte y de los muertos, combinado con al idea de la resurrección y, a veces, con la del cambio regular de las estaciones de la naturaleza.         

 

En casi todas las religiones, se encuentra la creencia que es peligroso, entrar en relación con poderes sobrenaturales, sin una cierta iniciación en el culto. Esta preparación puede ser la oración, el sacrificio, los baños purificadores, el ayuno, la ascesis, etc. Y puede ser relacionada con un lugar y una hora especiales, con el uso de expresiones propias del culto y con la presencia de "mediadores". La preparación en el orden del culto coincide con la aceptación del concepto "puro e impuro" o "sagrado y profano". Este concepto  se convierte  más tarde en la idea del "tabú" en la vida cotidiana.

 

Tratativas y procesos para aumentar la fecundidad son parte importante de casi todas las religiones.

 

La alimentación, y los alimentos en general, han sido considerados como manifestación del "Supremo Poder - Dios". Casi todas las religiones tienen prescripciones y prohibiciones alimenticias con carácter de culto.

 

La capacidad de prender fuego,  está relacionada con ideas míticas. El mismo fuego ocupa su lugar en el culto, ya sea como "fuego sagrado" o como factor importante en el sacrificio, o en la "iluminación" de sitios sagrados.

 

El efecto extraño de las bebidas alcohólicas fue revestido con creencias míticas y el uso de estas bebidas es parte de casi todos los cultos.

 

El don del canto, la ejecución instrumental, la habilidad artesanal, son venerados en la práctica de las religiones primitivas. Quizás, estos atributos fueron los gérmenes de las culturas posteriormente desarrolladas.

 

Los fenómenos especiales de la naturaleza: montañas, colinas, cerros, planicies, bosques, arboledas, fuentes, arroyos, etc. figuran en las religiones antiguas como lugares sagrados para el culto. Ciertos fenómenos de la cosmología bíblica, por ejemplo. el diluvio, el arco iris, el sacrificio de Isaac, la prohibición de volver al mismo lugar inmediatamente después de haber escapado de algún peligro, hijos expuestos al río, amansar animales feroces, etc.  son conocidos  en muchas religiones antiguas.  

 

Joachim Wach, uno de los investigadores más conocidos de nuestra época en religiones comparadas, escribió: "Hay que fundamentar el estudio comparado de la religiones en las tres bases siguientes:

 

  • Hay que reconocer la existencia de un elemento apologético en cada religión como parte de la teología cuyo objetivo es, defender la religión de los ataques de sus adversarios. Pero la disciplina misma no debe ser influenciada por este interés apologético.

Hay que considerar todas las relaciones como opciones universales, y no sujetas al determinismo cultural como el sistema filosófico, que niega la influencia personal sobre los acontecimientos y los atribuye a la fuerza de  motivos externos.

Aunque se reconozca que toda religión viviente desempeña una función importante en la educación espiritual, no se puede negar las diferencias entre las diversas religiones. Y agrega que, al haber aprendido a ser objetivos y generosos en la interpretación de las religiones que difieren de la nuestra,  aprenderemos más fácilmente a serlo en la interpretación literal de las palabras de nuestros propios libros sagrados.

 

Tradicionalmente, en el Occidente, el estudio de las religiones de otras culturas  se hacía mediante la presentación impersonal de un "ello". La primera innovación importante de los últimos tiempos fue la personalización de las creencias observadas, la modificación que indujo a presentar a "ellos". En la actualidad, el observador se compromete como persona, y la situación correspondiente es la de un "nosotros", que hablamos sobre un "ellos". El siguiente paso es un diálogo, en el cual "nosotros" hablamos  con  "vosotros". Para eso es necesario la aceptación y la reciprocidad. Llegará  a la culminación este desarrollo cuando "todos" dialoguemos acerca de un "nosotros" en común.  

 

Hablar acerca de las personas no es lo mismo que hablar sobre ellas, y tampoco es igual a hablar con ellas. Y la religión comparada de nuestra época comienza a sentir la necesidad de dar este paso, sabiendo -o, mejor dicho, sintiendo- que en este tipo de colaboración, los estudios comparados de las religiones pueden llevar a la humanidad hasta la reconstrucción de la verdadera unidad de Dios." Puede y debe servir, además, para promover la comprensión mutua y las buenas relaciones entre las distintas comunidades religiosas. En este campo, no es suficiente la palabra "tolerancia", sino que se requiere "entendimiento" y "comprensión".

 

Este nuevo especialista en religiones comparadas puede participar fácilmente en cualquier diálogo, cuyo propósito sea la comprensión, la amistad y la colaboración entre los interlocutores con quienes anhelemos convivir. El diálogo fecundo prolifera donde no reina un espíritu empeñado en la imposición doctrinaria; donde los miembros o grupos de distintas creencias se reúnen simplemente para aprender, y donde  la comparación de las religiones se convierte en la autoconciencia disciplinada de la vida religiosa del hombre. Esta labor científica será lo que Joachim Wach califica como "eternamente humano" (ewig menschliches), cuando todos actuemos, no para crear una unidad uniformada y monolítica, sino para colocar las bases de la "convivencia pacífica" (Zusammenleben) entre todos los miembros de la comunidad humana. El verdadero valor de estos estudios será evidente cuando el hombre, reconociendo los conceptos educacionales de cada credo, aprenda a respetar la religión de su prójimo y comprenda que los distintos conceptos que expresan la fe en Dios, lo llevan hacia el amor y la paz.

 

En este  sentido  -escribe Friedrich Heiler,  un investigador  alemán - la comparación de las religiones es la preparación para la cooperación entre las religiones, y como introducción, cita las palabras del Profeta Malaquías: "¿Acaso no tenemos un mismo Padre para todos nosotros? ¿No nos ha creado el mismo Dios? ¿Por qué seremos desleales el uno hacia el otro, quebrantando el Pacto de nuestros padres?" (Malaquías 2.10.)

 

 Esta cita ha sido utilizada por un rabino  cuando él felicitó a un obispo católico con motivo de  su consagración, considerando que es necesario que la creencia en Dios despierte entre los creyentes de todas las religiones monoteístas, la conciencia de pertenecer, todos, a una misma familia, y la obligación de permanecer fraternalmente unidos, sin que cualquiera renunciara de la suya.

 

Podría ser comprensible que no se consideren  a si mismos como enemigos los que profesan una forma divisiva en su politeísmo nacional, no sólo por razones políticas sino también religiosas. Para ellos la rivalidad nacional es también una lucha entre sus dioses, pero a primera vista  parece inconcebible que quienes tienen fe en un solo Dios, en  el Dios de toda la humanidad, puedan mantener al mismo tiempo una actitud de distanciamiento mutuo y de hostilidad. Tienen a la  vista la realidad de lo Divino que, en su inmenso amor,  se revela a los hombres y debe revelarse también dentro de los seres humanos.

 

El sendero de la salvación comienza en todas partes con la dolorosa renunciación, la resignación, la autodisciplina, la ética y el ascetismo, enseñan los monoteístas.

 

Todas las religiones monoteístas no sólo enseñan el camino hacia Dios, sino también el camino  que conduce hacia el prójimo.   

 

El prójimo no es meramente todo hombre, sino todo ser viviente.

 

Esta nueva rama de los estudios de las religiones procura hacer algo más que describir y comparar las religiones como tales o como ciencia. Analiza la naturaleza y la forma de expresión de la experiencia religiosa,  para determinar cómo se puede descubrir en ellas una estructura en común. Demuestra así que las formas de la expresión religiosa, aunque condicionadas por el ambiente dentro del cual se originan, poseen similitudes estructurales y  existen temas universales en el pensamiento  religioso. Además, aumenta nuestros conocimientos acerca del hombre al tratar de penetrar en su naturaleza existencial como  ser religioso, e ilumina el presente al explorar la historia y el significado de su pasado religioso. 

 

Una nueva era empezará para la humanidad cuando las religiones alcancen la verdadera tolerancia y la cooperación en favor de toda la humanidad. Ayudar en la preparación del camino hacia esta era es una de las más bellas esperanzas del estudio científico de la religión. Tal era la ilusión de  sus  grandes pioneros,  Friedrich Heiler y Max Müller. Por lo tanto, terminamos esta charla con las palabras del último himno del  Agni -el dios del fuego- en el  primero de los cuatro libros sagrados del Rig Veda de la India, que nos informa acerca de la civilización de los arios en la India, de su culto y de su organización  social:

 

"Unidos vengan. unidos hablen, que nuestros espíritus estén de acuerdo; que vuestros esfuerzos  se unan; unid vuestros corazones; que vuestros espíritus  se unan,  para lo cual vosotros estáis firmemente comprometidos... Paz, Paz, Paz."

 

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