¿QUIÉNES ERAN  LOS ESENIOS?

 

 

El descubrimiento casual de los Rollos de Qumrán, que W.F. Albright, uno de los principales arqueólogos de la Palestina antigua, calificó no sólo como "sensacional" sino como el "hallazgo de manuscritos más importante de los tiempos modernos”, suscitó un  interés inmediato y universal, que persistió a lo largo de los años ´50 y se renovó en 1965-66 con las exposiciones de los Rollos en los Estados Unidos y en Gran Bretaña. Estas exposiciones, visitadas por un enorme número de personas, alcanzaron gran popularidad  y aún siguen fascinando, después de cinco décadas, con gran número de visitantes en el Museo de Jerusalén.

 

Desde el punto de vista histórico, los documentos más importantes son las Reglas, entre ellas el "Manual de Disciplina" o la "Regla de la Comunidad". Contiene, nada menos, que el código detallado de las reglas de la Secta. Expone los principios de su fe; una reseña de su sistema de aceptación de nuevos miembros; indica el castigo de los miembros recalcitrantes y suministra una descripción general del modo de vivir de la Secta.

 

Una razón, diría pragmática, es que se ha comprobado por medio de este descubrimiento que textos escritos sobre  material perecedero, como el cuero y el papiro, pueden  resistir a los estragos del clima palestino, lo que se negaba hasta el año 1947. Además, se abrió la puerta para buscar y encontrar otros manuscritos de gran valor en la misma zona, en las cercanías del Mar Muerto.

 

Otro motivo del inmenso interés, es que los textos bíblicos más antiguos conocidos hasta ese momento, coinciden  a grandes rasgos, con los textos ordenados y fijados por los masoretas del siglo X de la era común. Eso demuestra que los textos que utilizamos hoy, son copias fieles de los originales.

 

Sin embargo, si los descubrimientos realizados en las Cuevas del Mar Muerto se hubieran reducidos únicamente a libros bíblicos, es dudoso que tuviéramos ahora alguna información acerca de la comunidad cuyos escribas hubieran copiado escritos sólo de obras sagradas. No sabríamos nada de sus características particulares, o en qué diferían de otras comunidades de aquella época. Ni hubiéramos podido suponer siquiera que los libros pertenecían a una secta especial, habitantes de la zona en la cual fueron encontrados los textos, si no fueran los esenios

 

Las palabra "esenio”en griego es: esenoi; en latín: essai: en arameo: cenoim; en hebreo: hashoim.

 

La secta era de tipo asceta y casi comunista, probablemente separados del partido de los fariseos. Su importancia es muy grande, pues muchos de los fundadores del cristianismo salieron de sus filas. Renunciaron a la vida mundana, vivían una vida consagrada y la organizaron en base a bienes compartidos. No hay duda alguna acerca de su honestidad; aprendieron sus esperanzas en el mesianismo de los fariseos. Pero, mientras éstos enseñaban la filosofía de la vida sobria, los de la Secta renunciaron poco a poco a la vida, incluso de la familia misma. Despreciaban los placeres de la vida, tenían creencia firme en los misterios y  aguardaban milagros.

 

Plinio, el historiador romano, considera su asentamiento al lado del Mar Muerto, como uno  de los milagros del mundo y escribe que desde hace miles de años se mantenían sin dinero, mujeres, ni niños. Filón habla de ellos con gran respeto y, según él, fue el mismo Moisés que los consagró y les transmitió el secreto de la vida consagrada. Diez mil de ellos fueron instruidos en los misterios de la vida consagrada y éstos ordenaron la transmisión de los secretos de generación en generación. Plinio tenía la información de que su número era de 4000 en su época. Trabajaban como artesanos y agricultores fuera de las ciudades. Vivían según un sistema comunista primitivo; rechazaban la esclavitud, evitaban el servicio con sacrificios; no hacían votos, anhelaban la santidad y observaban muy estrictamente el sábado, que lo dedicaban a la explicación de la Ley, al estudio y a la meditación.

 

Josefo Flavio, en su  Antigüedades 15.19. párrafo 4; 18.1., y en su obra "De Bellum Judaicum" los considera, en parte, como una escuela filosófica y en parte, como místicos que siguen un rito medio pagano y los mira con poco aprecio. De los teólogos  cristianos, especialmente Schürer tiene el punto de vista de que la Secta de los Esenios es una mezcla de conceptos judíos y  paganos, que probablemente vivieron en Palestina durante muchos siglos, sin haber dejado huella  en la literatura rabínica. Pero esta opinión parece no muy correcta y no está de acuerdo con la de Josefo Flavio tampoco. Probablemente hayan tenido cooperación importante en la formación de la literatura apocalíptica.  

 

Josefo menciona que había entre ellos ermitaños casi santos. Sin duda alguna, en la época anterior a los Macabeos, este partido ya existía en Judea, y tanto ellos como los fariseos, apoyaban la Rebelión de los Hashmoneos. De aquella época y de aquella gente, sacaron también sus tradiciones. También han seguido las costumbres de los jasideos en las meditaciones durante sus oraciones. Por la mañana, después de la ablución religiosa y antes del servicio religioso, estaban durante una hora en meditación profunda de la cual no   despertaban ni si  venía el rey, ni si una serpiente los  mordía. (Baruj 5.1.; Tosefta Ber. 32B.)

 

En la observancia del Shabat eran tan estrictos, que el sábado no tomaban armas, ni en la época de la guerra defensiva. (Mac.2.38.: II.Mac.5.25.: 15.4.) Observaban las leyes prescritas para los levitas referentes a la limpieza, con mucho rigor.

 

Sin duda, algunos de los miembros vivían en abstinencia y muchos sin familia; a veces con esposas e hijos adoptados. En el Templo de Jerusalén, la beneficencia la practicaban en secreto y generalmente disponían las donaciones para los pobres, en una caja. Plinio subrayó  que los esenios vivían una vida tan impecable y tan santa, que ni el tirano más feroz- como Herodes - podía acusarlos de nada. Es interesante que los cristianos posteriores subrayaron justamente su modo de vivir casi comunista, y no tanto sus enseñanzas. Por ejemplo, Hipólito, en su obra "Refutatio omnium haeresium", acentuó que "ellos despreciaban la fortuna y compartieron sus bienes con los necesitados. En verdad, nadie de ellos era más pudiente que el otro."

 

Los esenios eran realmente como una orden religiosa, cuya vestimenta también estaba determinada. Todos vestían de blanco. Cuidaban la limpieza de tal manera que no utilizaron aceite durante la limpieza corporal, pues éste podría ser impuro.

 

Los esenios renunciaron a sus casas en la ciudad y las entregaron como bien público, y ellos mismos vagaban por los campos y no llevaban nada consigo, pues había esenios en todos lados que los recibían. Las fuentes bastante abundantes que tenemos a nuestra disposición, comprueban que los esenios vivían según las costumbres religiosas de los fariseos, con una convicción más rígida. Se consideraban a sí mismos como una comunidad fraternal y su líder era el "mismor" o "maamod" (Tosefta Peah 4.7.), y ellos mismos se consideraban descendientes de los cohanim y leviim. Su máximo dirigente fue el Maestro de Justicia, a quien algunos identifican con Jesús.

 

Los científicos fariseos consideraron a los esenios como personas muy sabias, como también los considera la ciencia moderna: buscadores de una felicidad que no es de este mundo. Gente que se preocupaba poco por la vida terrenal llevada por los demás,  y desecharon la comodidad que ofrecía el progreso en su época. 

 

Muchos de ellos consideraron a la mujer como impura, fuente de la debilidad humana, y las excluyeron casi totalmente de su comunidad.

 

Los autores del Talmud, Rabi Eliezer ben Hircanos (Sab. 153.a.; Nedarim 20b.) y Rabi José ben Jalafta (Sab. 118.b.) y otros rabinos y sabios  de los tanaitas, mostraron simpatía para con los esenios.

 

La literatura apócrifa y apocalíptica adoptó muchas enseñanzas de los esenios, como el Targum  Jerusalmi, Tana, debe Eliyahu, donde los aprecian como se aprecian a  los jasidim (piadosos). Es interesante que en sus enseñanzas utilizan reiteradamente descripciones acerca de ángeles y el entusiasmo por el papel del "Espíritu Santo" - pero no en el sentido de la religión cristiana.

 

Fuera de los jasidim, también los zelotas, entusiastas nacionales en el último siglo del Estado Judío, eran seguidores de los esenios, como también los terapeutas de Egipto.

 

A los ojos de la posteridad, el miembro más reconocido de la Secta de los esenios era Juan Bautista, oriundo de una familia de sacerdotes (cohanim). Él introdujo nuevas costumbres en la vida de los esenios, una de las más importantes, era sumergir en las aguas del Río Jordán como señal de la penitencia. 

 

De esta práctica surgió la ceremonia del bautismo en el cristianismo naciente, demostrando la  simpatía de los futuros cristianos por las enseñanzas y la forma de vivir de los esenios.

 

El cristianismo absorbió mucho de esta Secta.  El Nuevo Testamento menciona a los esenios con mucha simpatía, como también el comunismo primitivo como forma de vivir para este grupo. Es impresionante la similitud  del cristianismo primitivo con los esenios (Hechos de los Apóstoles IV. 34-35)  que prescribe el bautismo por intermedio del agua; el respeto hacia el profetismo; la misma controversia y antagonismo con respecto al matrimonio; la misma fe exasperada por la pronta venida del Mesías; la misma organización social y las mismas posibilidades personales; la ayuda a los pobres; la celebración de las mismas fiestas según las leyes, siempre con alegría.

 

Eran unas prescripciones fundamentales, que anotaron los antiguos textos etíopes y eslavos  con respecto a los Evangelios y su apéndices, como algunas otras de Filón de Alejandría y el Libro de Enoc. Anotaciones en la literatura rabínica demuestran  preceptos y conceptos que se incorporaron en los textos cristianos. También hay allí enseñanzas de Juan Bautista y varias parábolas del mismo Jesús, discípulo del santo esenio llamado más tarde Juan Bautista.

 

No se puede despreciar estos hechos, conocidos desde hace tiempo, aunque Juan Bautista no haya predicado nunca la rigidez del esenismo. Sin embargo, el énfasis por el mundo del más allá, entró en el cristianismo por intermedio de los esenios.  

 

Según ciertas fuentes, la palabra "esenio" está relacionada con la curación de los enfermos.

 

Como los documentos demuestran, la curación no era, por cierto, un problema de hierbas y minerales recetados según determinados conocimientos tradicionales, sino también un ejercicio espiritual. Toda enfermedad se atribuyó a la posesión demoníaca y el requisito esencial de una terapia efectiva, era la identificación y el nombre del mal espíritu, y aun más, conocer los nombres  de los espíritus guardianes y poder invocar su ayuda. Josefo Flavio sostuvo que conocer los nombres de los ángeles era, entre los esenios, el secreto más importante y mejor guardado.

 

Los manuscritos del Mar Muerto se referían a este tipo de instrucción como el "conocimiento de Dios". Se trataba de un don divino, no concedido a todos los hombres, pero un don muy precioso. Muchos de los esenios lo conocían y lo reconocían  como sabiduría divina, fuente de toda sabiduría divina.

 

Merced a los Rollos del Mar Muerto, podemos ahora apreciar,  más que nunca antes, que la curación en el cristianismo primitivo, como en su precursor judío, no era un mero aspecto técnico de la tarea y del testimonio, sino históricamente se constituyó en el centro de su fe y base de su práctica. Como los Rollos, así también los Evangelios, estaban destinados a transmitir que Dios está por entrar  en el mundo y decretará pronto el fin del dominio de la maldad. Desde entonces, los poderes demoníacos que habían convertido a los hombres en víctimas de  enfermedades y  dolencias, sobre los cuales ellos parecían no tener control alguno, habían encontrado su opositor. Era un mensaje de esperanza, y siempre que los "médicos -tanto esenios como cristianos- aliviaban el sufrimiento de aquellos que llegaban hacia ellos con fe. Esa esperanza tenía su confirmación en los corazones de los seres humanos.

 

Tanto para los esenios como para los cristianos, el mundo se hallaba en crisis; vivían el "tiempo final",  la expectativa diaria del fin del orden o el desorden mundial, y la llegada o el retorno del Mesías. El Milenio que debía seguir a esta crisis, tenía que ser una época de regeneración. La naturaleza sería renovada y   transformada  y la agresión  superada, y esta visión ideal de un mundo sin necesidades y sin sufrimientos, incluía el concepto de la posibilidad universal de la emoción física y espiritual, de tal manera, que los seres humanos fueran capaces de reconocer al Mesías por el hecho concreto de  poder sanar a los enfermos, todo tipo de enfermos, enfermos  del cuerpo y enfermos del alma, incluso los enfermos por la injusticia o por la necesidad.

 

En un mundo duro que parecía ser cada vez más cruel, regido por amos imperiales que, al crecer en poder, se tornaban más poderosos y menos preocupados por los derechos del individuo, el mensaje de que aún la criatura más humilde de Dios podría estar segura de Su amor, era una profunda inspiración y ha permanecido como tal desde  entonces.

 

Lo que comúnmente no es tan conocido, es que este mensaje formaba parte de una escatología de la crisis. La curación y la regeneración se presentaban como la consecuencia de  una crisis precedente, una crisis cósmica y moral. Las esperanzas esénicas dependían de la creencia de que ellos vivían en el tiempo final y su constante estudio de la Escrituras apuntaban, sobre todo, al intento de poder descubrir los signos históricos y cósmicos, que indicarían su precisa ubicación en la escala temporal escatológica.

 

Sin embargo, ellos no eran adivinos y los profetas esenios, en verdad, no se preocupaban por el destino de los reyes y de las dinastías, sino, notando la crisis existente, escudriñaban cuándo intervendría Dios en el curso de los sucesos y así  cambiaría el mundo bajo Su dominio supremo.

 

La historia nos enseña que a través de las crisis, los problemas humanos  renuevan las esperanzas en un mundo mejor.

 

Mucha gente cree que ahora estamos frente a una crisis semejante, pero todavía hace falta el autoconvencimiento en una fe que promete  la regeneración espiritual y una renovación de la autoconfianza.

 

La idea de la curación como el desenlace de la crisis, está incrustada en la psique humana. Ella le ha dado al hombre esa determinación instintiva de sobrevivir en un mundo hostil. Ha enfrentado los climas extremos, los enemigos depredadores y la incapacidad física, con la innata  convicción de que tras las crisis, habrá algún alivio del sufrimiento padecido.

 

La consecuencia es que estamos ante el peligro de rechazar esta fe optimista, que hasta ahora le ha dado al hombre oprimido una voluntad de sobrevivir, y reemplazar la filosofía  de la desesperación con la  de la fe en Dios y la confianza en sí mismo.

 

La evocación de las enseñanzas de algunos escritos de más de dos mil años sea para nosotros una advertencia y también un faro que muestre el camino hacia una regeneración espiritual, con el objetivo de encontrarnos con nosotros mismos y con nuestros semejantes. Deberemos caminar juntos, bajo la Providencia Divina, hacia un mundo mejor, una sociedad mejor, cuyos componentes somos todos nosotros, hijos del  Dios Único y Universal.

 

 

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