ANTECEDENTES DEL HOLOCAUSTO

 

Introducción

 

 

En estos meses se  comenta mucho el último Documento del Vaticano, editado por Su Santidad el Papa Juan Pablo II   sobre el Holocausto - la Shoa, la matanza premeditada y programada de más de seis millones de judíos.

 

Al hablar de la Shoa, considero importante, e incluso interesante,  elucidar cuáles fueron los antecedentes de la Segunda Guerra Mundial.

 

¿Cómo y por qué surgió esta idea trascendental, tan cruenta y tan horrible, del nazismo? Desembocó en  la Segunda Guerra Mundial, y dentro de ésta, en el exterminio de más de seis millones de judíos, y también cientos de miles de miembros de otros pueblos "no arios", es decir "inferiores" - como lo  señalaron  los  ideólogos del nazismo.

 

¿Cuáles fueron los fundamentos de la idea de la Shoa  y de la realización  de esta matanza, única en su crueldad y envergadura en la historia de la humanidad? ¿Qué aconteció en nuestro siglo, tan "civilizado y "racionalista"?

 

Algo de historia

 

El mito racial, nacido en Alemania en la década de 1870, había divulgado que la raza semítica pasaba por ser física, moral y culturalmente inferior a la raza aria; estipulaba, en particular, que los judíos eran extraordinariamente inferiores a los arios germánicos, además de ser corruptos e imposibles de asimilar.

 

También hubo razones socio-económicas que proporcionaban filo a las teorías raciales. La escuela hegeliana había engendrado un feroz nacionalismo alemán que combatía la asimilación judía   -la cual marchaba aprisa- al mismo tiempo que aborrecía el separatismo judío.

 

Muchos acusaron a la filosofía de Hegel por haber denigrado  al judaísmo como una religión inferior. Adolfo Hitler capitalizó  la polémica antijudía de muchos  siglos, para poner a los judíos como chivo expiatorio por la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial.  En 1935, ordenó  privar a los judíos de la ciudadanía para purificar la raza aria  de toda huella de sangre judía y así, empezó el camino hacia la "solución final".

 

La especialización de los judíos en las finanzas, fomentada por el Gobierno, convirtió a un grupo de éstos en una camarilla de banqueros que atrajo el resentimiento de las masas, de la burguesía y de los socialistas teóricos.  Además, el papel destacado que unos pocos judíos desempeñaron en los círculos liberales e incluso revolucionarios, determinó que a todos ellos se les identificara como extremistas.

 

La Primera  Guerra Mundial, una conflagración que devastó el Viejo Continente durante  más de cuatro años, terminó con la derrota total de las potencias de Europa Central, es decir, de Alemania, del Imperio Austro-Húngaro y de sus aliados, Turquía y Bulgaria.

 

Las potencias occidentales, -Francia, Inglaterra, Bélgica y sus aliados, Rusia, Estados Unidos, Rumania, Grecia, Portugal, - ganadoras de la Guerra, hicieron firmar Tratados de Paz a los países vencidos. ¿Incluían éstos  los gérmenes de una nueva guerra?

 

Desde el año 1917, el triunfo del comunismo en Rusia resultó desastroso para los judíos de ese país. El hecho que algunos judíos figuraran entre los líderes del Partido Comunista bastaba como pretexto para que, en los otros países, se identificara a todo el pueblo judío con el comunismo.

 

Se acusaba a los judíos de haber creado el comunismo y propagar sus ideas con el fin de socavar y destruir la civilización cristiana. Las masas prestaban oídos a estos argumentos.

 

Las manifestaciones de antisemitismo que afloraron en diversas partes de Europa después de la Primera Guerra Mundial, fueron acrecentando su impulso año tras año. Los nuevos estados, establecidos sobre el principio de la autonomía nacional, contemplaban con ojos hostiles a sus ciudadanos judíos, y los tratados minoritarios probaron su inefectividad para protegerlos de los efectos de una política racial que iba desde la discriminación social y de las pequeñas molestias, hasta el boicot económico y la violencia abierta.

 

Agitadores antisemitas inescrupulosos no se detenían ante ningún medio, con tal de conseguir su objetivo de sembrar el odio contra los judíos.

 

Un absurdo folleto, titulado "Los Protocolos de los Sabios de Sión", ideado por el gobierno ruso zarista, fue difundido en enormes cantidades, en diversos idiomas, a través de toda Europa y aún en América. El mismo presentó un falso informe de las deliberaciones de una conferencia que, supuestamente, habría tenido lugar en 1897, en el mismo año del Primer Congreso Sionista en Basilea. En esa  reunión, -que  nunca tuvo lugar en ningún lado del mundo-, representantes del judaísmo mundial habrían hecho un complot para lograr el dominio universal, usando como instrumento el sionismo y el comunismo. Aunque se comprobó en forma irrefutable, incluso por el  mismo Vaticano, que los "Protocolos" eran un infundio, un gran número de público siguió creyendo en ellos y se transformaron en un arma eficaz en manos antisemitas, especialmente en Alemania y, por desgracia, algunos ejemplares se ven todavía en kioscos y librerías.

 

La situación en Alemania - la República de Weimar.

 

Aunque muchos judíos participaron de la Primera Guerra Mundial por ambos bandos,  es decir también en Alemania, -en  proporción mucho más  que su número en relación a la población total-,  casi inmediatamente después de la guerra empezó a surgir fuerte agitación contra ellos, como si fueran los causantes de la pérdida de la guerra.

 

Algunos sacerdotes católicos y evangélicos seguían pensando que los judíos eran elementos foráneos, y los catalogaban como enemigos  secularizados y anticlericales del orden cristiano.

 

Todas estas seudociencias sociales, económicas y religiosas, señalaron al judío como chivo expiatorio que debía cargar con la culpa de todos los problemas que Alemania tenía que enfrentar.

 

Los Tratados de Paz dañaron mucho a Alemania. Su vida económica quedó destruida. La desocupación alcanzó números altísimos. La inflación llegó a cifras siderales.   Las condiciones socio-económicas proporcionaron nuevos fundamentos  a las teorías raciales.

 

Sin embargo, la República de Weimar, establecida después de la Primera Guerra Mundial, hizo un sincero intento de hacer desaparecer toda huella de prejuicio antijudío  administrativo heredado del  antiguo Reich alemán. Como resultado de esa política liberal, surgieron eminentes hombres judíos en las ciencias y en las artes,  de la talla de Albert Einstein,  quienes dieron fama a las universidades alemanas. Poetas, escritores y críticos judíos aportaron un nuevo brillo a la literatura. Entre los estadistas judíos, cabe mencionar a Walter Rathenau, Ministro de Reconstrucción Económica de Alemania  y encargado de la recuperación de su prestigio en la Comunidad de las Naciones. Pero este aparente bienestar no duró mucho. Rathenau -el genial ministro de Alemania en los años de posguerra- fue asesinado en 1922 por matones antisemitas y, a partir de entonces, la situación empezó a empeorar rápidamente.

 

Nada más fácil que echar la culpa de todos los problemas  sobre los hombros  judíos, que tanto se destacaban en esos tiempos. El antisemitismo fue uno de los pilares de la plataforma del Partido Nacional Socialista Alemán,  uno de cuyos miembros, este oscuro ex-sargento austríaco llamado Adolfo Hitler, había de ascender bien pronto la escala de la fama. Después de un  abortado intento de llegar al poder en Munich  en 1923, y de haber pasado cerca de un año en prisión, Hitler reorganizó su partido en 1925, conduciéndolo durante dos décadas, las  que habrían de convertirse en una pesadilla para la mayor parte de la humanidad pero, muy especialmente, para los judíos. 

 

Después de un breve repunte, que parecía encaminado a una recuperación económica, la situación de Alemania volvió a empeorar repentinamente en 1930. La desocupación asumió proporciones desastrosas . Esta desesperada situación y el temor a una revolución comunista, llevó a Paul von Hindenburg, Presidente de la República Alemana desde 1925, a adoptar soluciones drásticas y el 30 de enero de 1933,. Hitler fue designado Canciller del Reich, brindando así las condiciones generales para que rápidamente se adueñara del poder total.

 

Eran éstas las condiciones generales las que facilitaron la aparición   en la escena política de Adolfo Hitler.

 

El Partido Nacionalsocialista se había convertido en el único exponente de la voluntad política del pueblo alemán, y Adolfo Hitler, en su jefe omnipotente. La svástica, la cruz gamada, emblema del partido, se convirtió en el emblema de Alemania.

 

Con la ascensión de Hitler al poder, se dio impulso al reino del terror contra  los judíos. Quedaron excluidos  de la vida pública, política e intelectual. Se declaró un boicot contra las tiendas y las empresas judías. Sucedieron  estallidos llamados "populares", pero cuidadosamente organizados contra los judíos. Establecieron una red de campos de concentración para encarcelar allí a los judíos y a otros "enemigos del nazismo".

 

Fuera de Alemania, la única reacción contra la persecución de los judíos fue una serie de asambleas de protesta convocadas por las organizaciones judías de los Estados Unidos. Los pueblos civilizados contemplaban los acontecimientos con indiferencia y ni una sola  voz se alzó, para advertir a Hitler, cuáles eran los límites de la decencia y de la razón respecto de la persecución infrahumana de los judíos y otras minorías.

 

La falta de preocupación general por la suerte de los perseguidos,  que se puso de manifiesto en el "mundo civilizado", alentó a los jefes nazis para proseguir y fortalecer  una etapa de horror.

 

Aun aquellos judíos que todavía albergaban la esperanza de que las cosas podrían cambiar, comprendieron que emigrar era la única salvación. Las autoridades alemanas no ponían reparo a la salida del país de su ciudadanía, pero tomaron medidas para que abandonaran Alemania estrictamente con lo  puesto. Hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial, más de 300.000 judíos abandonaron Alemania. Lamentablemente, no podían emigrar más personas, porque no había país que les quisiera aceptar en masa. Palestina, bajo dominio inglés, no podía  recibirlos.

 

La Segunda Guerra Mundial.

 

El 1 de septiembre de 1939, los nazis irrumpieron en Polonia y con eso, se desencadenó la Segunda Guerra Mundial. Los judíos de los territorios anexados fueron deportados en condiciones  humillantes e inhumanas  a campos de  concentración.

 

Durante los años 1940 - 1944 la mayor parte de Europa fue dominada por Alemania. En todos los territorios ocupados, la primera tarea de los alemanes consistía en la "solución final" del problema judío. Un solo país, Dinamarca, se esforzó, desde el Rey hasta el modesto pescador, por salvar a todos los judíos del  país. En  otros  países,  como  en  Holanda,  también  hubo  personas que  salvaron  un cierto número de judíos. Los gobiernos títeres de los países ocupados  por los nazis militar y políticamente, estaban  obligados a introducir leyes especiales contra los judíos quienes, más adelante, fueron llevados a campos de trabajo forzado en los lugares establecidos por  los alemanes.

 

En 1941, se produjo el cambio significativo en la política de la Alemania nazi. Los dirigentes nazis resolvieron en Wansee, un suburbio de Berlín, la aniquilación física de todos los judíos, como la "solución final". La ejecución de este proyecto satánico fue confiada a Adolfo Eichmann  quién, después de la guerra, se refugió en la Argentina. Luego, después de varios años de búsqueda,   miembros de la policía secreta del Estado de Israel lo ubicaron, lo sacaron de su escondite y lo llevaron a Israel, donde se lo juzgó y  condenó un Tribunal del Estado.

 

Los alemanes instalaron campos de trabajo forzado y de exterminio en varios lugares de Alemania y de Polonia; el tristemente más famoso de éstos fue Auschwitz. A los individuos que no podían trabajar, a los niños y a los mayores de edad, a enfermos y a mujeres embarazadas, los sofocaron en cámaras de gas, quemando los cuerpos de los  asfixiados en hornos especialmente diseñados.

 

Comunidades judías enteras de mucha importancia, de vida muy activa y de mucha cultura en Alemania, Austria, Checoslovaquia, Bulgaria, Grecia, Hungría, Polonia, Rumania, quedaron casi totalmente aniquiladas. En Italia,  Mussolini hizo un pacto con Hitler, y la catástrofe llegó para los judíos recién en 1943, cuando el ejercito alemán entró militarmente en Italia,  después del derrumbe del régimen fascista.

 

En varios lugares hubo intentos de resistencia. La más conocida fue la Rebelión del Ghetto de Varsovia, donde un puñado de jóvenes judíos  logró detener la marcha prefijada de los nazis durante varias  semanas; dieron ejemplo y ofrecieron esperanza a los otros pueblos subyugados. Sabían muy bien que no había posibilidad alguna para salvarse. Pero su valentía, fuerza de voluntad y energía mostraron y muestran ejemplo a todos aquellos que  todavía deben luchar por la libertad y la dignidad humanas. Otros pocos judíos lograron huir y se unieron a los partizanos de los países ocupados que lucharon contra los nazis.

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Surgen muchas preguntas. Preguntas, inquietudes y  pensamientos, tanto de parte de sobrevivientes como de pensadores, filósofos e historiadores de todos los credos. Muchas preguntas teológicas y morales con respecto a la Shoa:

 

¿Cómo podemos entender la tragedia de más de seis millones de judíos  y de centenares de miles de no judíos enemigos del régimen nazi, todos asesinados? El  “saldo” de muertos de la Segunda Guerra Mundial subió a más de 50 millones de personas, de ambos lados. ¿Cómo puede ser?

 

¿Cómo podemos entender el silencio de Dios?

 

¿Cómo fue posible el silencio de la humanidad?

 

¿Cómo podemos entender que, prácticamente, nadie haya  protestado, o siquiera prestado atención? ¿Que todos los Estados, las Iglesias, los intelectuales se limitaran a observar lo que estaba sucediendo, convirtiendo así, a casi todo el mundo, en cómplices silenciosos?

 

No hay contestación.  Consideramos que toda la humanidad de nuestros días debe hacer suyo nuestro lema: "¡Perdona, pero no olvida”! Para que nunca más pueda ocurrir ninguna matanza organizada contra nadie, ni contra individuos  ni contra grupos humanos por profesar otra religión, por tener otro color de piel, o por tener convicción política diferente.

 

El mundo entero, todos juntos, debemos  luchar  para que llegue, por fin,  la PAZ a nuestro planeta. ¡Que nadie  pueda cometer barbaries contra nadie!      

 

¡NUNCA MÁS!

 

 

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