JUDAÍSMO Y ECONOMÍA MEDIEVAL

 

Algunos amigos personales, católicos, me expresaron su preocupación por ciertas opiniones desfavorables, bastante difundidas,  acerca de la actitud económica de los judíos diciendo que, estas acusaciones, seguramente servían como una de las bases del antisemitismo. Quisiera  hacerles llegar, a ellos y a todos los interesados, algunas reflexiones que  -espero-  puedan aclarar el origen  histórico  de esta nefasta acusación, al entregar  un cuadro de la vida económica y social de las comunidades judías en el Medioevo. Es para  iluminar  la situación económica de los judíos en los siglos pasados.

 

 En el curso del Segundo Milenio, los judíos tuvieron que sufrir mucho por  falsas acusaciones de  diversa índole, divulgadas por  fuentes múltiples. Estas calumnias sirvieron como motivación a la muchedumbre en sus vejámenes y, muchas veces, matanzas masivas de los judíos.

 

Una de estas falsas acusaciones era que “los judíos” (siempre generalizando, siempre en plural) eran muy apegados al dinero. Lo único que les interesaba, era tener siempre más.   

 

Durante la Edad Media a los judíos les estaba prohibido tener tierras de cultivo: no podían ocuparse de la agricultura. Les estaba prohibido ser funcionarios públicos. La única fuente de  supervivencia económica, fue el comercio. Primero minorista y, más adelante, llegaron a organizar el comercio mayorista. Después participaron muy activamente en el comercio internacional. Les era relativamente fácil incorporarse al comercio internacional, pues en prácticamente todos los países de  Europa, en aquel entonces, vivían judíos y este hecho les facilitaba la organización del intercambio de mercancías.

 

Al tener como base el comercio en mayor escala, comenzaron a interesarse en  temas financieros. Al principio, a nivel local y  luego,  nacional y, más adelante, internacional. También empezaron a financiar la producción industrial. Fueron ellos los que colaboraron intensamente para colocar las bases del sistema capitalista. 

 

Es interesante notar que en muchos países de Europa la clase social de los nobles, de los adinerados, y aun más, de la aristocracia, consideraron como actividades menospreciadas tanto la agricultura como el comercio. Ellos preferían ser funcionarios en la administración estatal, en las fuerzas armadas y hacer  trabajar su tierra por intermedio de capataces u otros empleados temporarios  en sus latifundios.

 

Una actividad muy desdeñada por los judíos, era ser prestamistas. Sin embargo, la Iglesia los presionaba para que desarrollaran este oficio. Por un lado, con eso ayudaron muchas veces a equilibrar la vida económica de un país. Prestaron sumas considerables a reyes, a la alta nobleza, incluso a dignatarios de la Iglesia. La razón para que ellos prefirieran tener dinero en efectivo, era lógica. Muchas veces eran expulsados de la ciudad o del país donde vivían, sin tener posibilidad alguna de llevar consigo sus pertenencias. Por esta razón, debían tener el dinero en efectivo. También por razones obvias, las personas  deudoras los odiaban. Fue ésta una de las razones de su "renombre":  acaparar dinero. Muchas veces, el mismo Estado se apoderaba de las cartas de los deudores y cobraba las deudas, y los prestamistas judíos perdían todo su dinero.

 

El precursor del comerciante, fue el vendedor ambulante que llevaba sus mercaderías de un lugar a  otro, y entretanto compraba también mercaderías nuevas. Fueron los comerciantes judíos quienes vendieron sus mercaderías a plazo y, con eso, contribuyeron al desarrollo de la industria, especialmente de la textil y de la ropa. Primero trabajaron en su ciudad, pero más adelante, como tenían parientes en otros lugares, hicieron negocio también  con sus correligionarios en otras ciudades y en otros países.

 

Los judíos no tenían problema de idioma, su lenguaje en común era el hebreo, el idish o el ladino. El vendedor itinerante estaba seguro que en otras ciudades, en otros países, encontraría hermanos que hablaran, rezaran y pensaran como él, y, si llegara a haber diferencias comerciales con ellos, sabía que el juicio se realizaría también dentro de la comunidad, siguiendo la tradición judía, y así podía esperar que sus hermanos judíos le ayudaran en todo sentido, si fuera necesario.

 

Así, poco a poco, los judíos se convirtieron en los mercaderes del mundo conocido. Desarrollaron el comercio y, más tarde, también la industria, no sólo en aquellos lugares donde podían vivir libremente, sino, con frecuencia, también tuvieron contacto comercial con los países de donde fueron expulsados.

 

La legislación judía reglamentaba las formas del comercio honesto y los vendedores, o la mayor parte de los comerciantes judíos, practicaron el comercio de manera honesta. Tuvieron un mérito muy importante porque traían y llevaban, junto a sus mercaderías, y andando por el mundo, con los ojos siempre  abiertos, favorecieron y fomentaron la divulgación de la cultura y la técnica en el mundo en vías de desarrollo.

 

La importancia de los judíos en el desarrollo del comercio es indiscutible. Es interesante notar  que si en el comercio interior y exterior entre judíos y no judíos hubiese alguna discusión, la parte no judía muchas veces prefiriese acudir a la jurisdicción de los tribunales rabínicos, pues tenían más confianza en su objetividad y su claro juicio que en él de los jueces públicos. Muchas veces el juicio de los tribunales rabínicos pasó a ser ejemplo también para la justicia pública.

 

Subrayamos que en esta forma contribuyeron los comerciantes judíos a la formación de ciudades, al desarrollo de la  industria y de la actividad bancaria; y es por este hecho que algunos  deducen que los judíos aportaron y trabajaron por el desarrollo del capitalismo.

 

El conocido economista alemán Werner Sombart, dijo que fueron los judíos los fundadores del capitalismo, y sus intereses determinaron la situación económica y política de un país. No discutimos esta  opinión, pero concordamos en que la iniciativa privada, tributo de los judíos, tuvo un gran valor cuando desaparecieron las barreras del feudalismo.

 

El hecho es que en varios países importantes, las altas capas sociales hesitaron en participar en la formación del capitalismo, mientras que los judíos  tuvieron gran experiencia en el comercio y poseyeron un capital comercial relativo, transformándolo en capital industrial para fundar manufacturas, industrias y fábricas de productos alimenticios, ropas, zapatos, muebles, etc.

 

Es indiscutible que la producción organizada exige una compleja forma de vida económica, del capitalismo. Y los judíos pudieron utilizar su experiencia de muchos siglos, adquirida en el comercio. Sabemos que en las primeras etapas del capitalismo, los vendedores sugirieron a las industrias, qué es lo que tenían que producir y cuánto. Si el industrial no tenía bastante capital, el comerciante le  ayudaba. Así se convirtieron en socios: el comerciante y el industrial. Y se formaron, poco a poco, las grandes fábricas. Para financiar la producción, comienza la actividad de los bancos, de las cajas bancarias, y después, los negocios de la bolsa. En su fundación, participaron judíos en gran número.

 

Los judíos utilizaron también sus lazos familiares para formar mayor capital, así transformaron las grandes empresas en sociedades de accionistas y más adelante en los "trusts" que se extendieron a casi el mundo entero. La iniciativa personal y la competencia libre, se convierten en un lema real gracias al cual  los judíos tenían, indiscutiblemente, cierta ventaja. Se dice que el capital adquiere, por su naturaleza, derechos y participación en el poder político, pero los judíos nunca buscaron el liderazgo político de los países donde vivían.

 

El judaísmo favoreció al capitalismo pero, al mismo tiempo, los judíos participaron también en la formación y en el desarrollo del sindicalismo y del socialismo, especialmente por intermedio de intelectuales judíos. Esto pareciera ser un antagonismo. Sin embargo, esta duplicidad confirma que no se puede hablar de un judaísmo homogéneo (en este caso, desde el punto de vista económico). El judaísmo se dividió en clases sociales, y la posición del individuo estaba regulada por su situación social. Pero ¿por qué había muchos judíos que simpatizaron con el socialismo?

 

Antes de contestar la pregunta, miremos si es que existen raíces comunes entre el judaísmo y el socialismo.

 

El socialismo es una doctrina económica y política. El judaísmo, como una cultura religiosa, está interesado en la vida del mundo y de sus habitantes, con el deseo y la esperanza de crear, lo más pronto posible, un mundo de derecho, justicia y amor. Para crear este mundo, consideraba necesario establecer un sistema socioeconómico donde haya cada vez más justicia social.

 

Ya la Torá (los Cinco Libros de Moisés) presenta leyes sociales muy importantes referentes a los derechos del obrero,  del trabajo y del trabajador. El sistema económico de la Torá, referente a la propiedad de la tierra, que era la base de la vida económica del pueblo judío en aquella época, es casi socialista ya que define a Dios como dueño de la tierra. El derecho del uso de la tierra es, para las tribus y para las familias, por un lapso de 49 años, y reconoce al labrador de la tierra y a su familia como usufructuario del resultado del trabajo agrícola. Era una obligación para ellos y para todos, ayudar a los pobres y contribuir al mantenimiento del culto y la infraestructura estatal. El botín conseguido en guerras correspondía a toda la población (Deut.7. 25-26). Los enseres necesarios para la vida privada y familiar, fueron reconocidos  como propiedad privada y respetados como tales.

 

Espero que con estas líneas haya podido aclarar un poco la situación económica de los judíos en diferentes épocas de su historia.

 

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