LA ESCUELA DE TRADUCTORES EN TOLEDO

 

Con motivo del V Centenario del Descubrimiento de América y, dentro de este concepto, como parte del Programa SEFARAD `92, el Gobierno de España decidió reabrir la Escuela de Traductores en Toledo.  El acto de la reapertura se realizó en marzo de 1992, con la presencia del Rey y de las más altas autoridades guberna­mentales, científicas y representantes del mundo judío interna­cional. La actuación científica de esta Escuela contribuyó sobremanera al desarrollo de la cultura europea y la civilización universal. Por lo tanto, vale la pena evocar la memoria de sus componentes.  Pero antes, hay que ubicarla en su contexto histórico y conocer el significado del Programa SEFARAD `92.

 

 Cuando el Secretario de Estado de Asuntos Exteriores, el Sr. Luis Yáñez presentó el Programa SEFARAD `92, lo hizo con estas palabras:  "El programa SEFARAD `92 es un homenaje que España rinde a sí misma, en cuanto que lo judío forma tan indeleblemente parte de nuestras señas de identidad, como lo cristiano o lo musulmán. SEFARAD `92 significa Redescubrimiento, en la medida en que de cara al interior de nuestro país, pretende dar a conocer, con el debido rigor histórico y científico, el inmenso aporte  de los judíos españoles a la Cultura Universal. Significa también un Reencuentro. SEFARAD `92 nació con la finalidad de promover y revivir, en un ambiente de solidaridad, una nueva convivencia entre dos Españas, que han vivido separadas casi cinco siglos.

 

La expulsión de los judíos de España, hace 500 años atrás, ha sido considerada como uno de los acontecimientos históricos de mayor relevancia del pueblo judío, no porque no haya  habido otros acontecimientos tristes y los judíos no hayan sido expulsa­dos de muchos otros países a lo largo de su historia. Sin embar­go, fue en España donde los nombres de grandes filósofos, poetas, científicos, médicos, escritores, que vivieron en la España Me­dieval, brillan en el firmamento de nuestra tradición,  y la huella de la Edad de Oro es imperecedera en el alma judía.

 

Centenas de miles de judíos emprendieron el duro camino del exilio, lo que fue un fenómeno sin parangón en los anales de la humanidad. Un pueblo injustamente expulsado, maltratado, que lejos de conservar amargura en su corazón, sigue manteniendo durante cinco siglos, como un preciado tesoro, la lengua, la cultura, la tradición, el folklore y hasta la gastronomía de su patria perdida.     

 

Hoy se considera unánimemente, que la expulsión de los judíos fue un lamentable error histórico. Pero, para llegar a esta convicción, se necesitaron mas de cuatro siglos, y tuvieron que transcurrir varias décadas, y también  una transformación democrática, después de la cual España decidió emprender una nueva época de convivencia  y ahondar en sus enriquecedoras raíces judías, para construir una España mejor, pluralista y abierta.

 

Como se sabe, el Príncipe de Asturias premió a los sefaradíes, en 1990, por la celosa defensa de su legado hispánico, otorgándoles el Premio de la Concordia. El Acta del Jurado desta­có que el galardón a las comunidades sefaradíes de todo el mundo, quiere contribuir, después de cinco siglos de alejamiento, al proceso de concordia ya iniciado, que convoca a esas comunidades al reencuentro con sus orígenes, abriéndoles  las puertas de su antiguo país para siempre. El jurado hace mención explícita, en este sentido, a la celebración  del V Centenario, dentro del cual figura, como uno de los principales proyectos, la conmemoración  de la expulsión  de los judíos en 1492,  a través de las activi­dades de SEFARAD `92,  organizadas con el objetivo de difundir en España y en el extranjero, la historia y la cultura de los judíos españoles como parte de la cultura española, y como tal, parte de la civilización universal.

 

Dentro de cada proyecto figura la reconstitución de la Escuela de los Traductores, que alcanzó un gran prestigio en la Europa Medieval y ayudo mucho al desarrollo de la ciencia y la cultura de esa época: con ello, se pretende la creación  de un Centro de Enseñanzas de Interpretación y Traducción  simultáneas, al mismo tiempo que establece una sección para traductores, simi­lar a lo que en otros países europeos se conoce como " Casa del Traductor",  que proporciona la infraestructura básica de traba­jo, con especial atención a las lenguas hebrea y árabe.

 

La segunda mitad del siglo XII es un momento clave en la prosperidad de los judíos en los reinos cristianos peninsulares, y, entre ellos, también de los toledanos.   Los documentos de aquella época demuestran una buena situación económica, social y cultural de los judíos, tomando parte activa en el desarrollo  de España.

 

Es la época de Alfonso VIII, rey que protegió a los judíos de manera singular.

 

Es natural que esta situación de prosperidad  económica y estabilidad política fuese germen de una época propicia al desa­rrollo intelectual.  Existen decenas  de personas interesadas en temas culturales, originándose un ambiente adecuado para las más altas creaciones del espíritu.

 

Es la época en que el arzobispo Don Raimundo, pone en marcha lo que podemos calificar como la primera época de la llamada Escuela de Traductores de Toledo, que abarca desde 1130 hasta 1187 y que pone los firmes pilares para la esplendorosa etapa de la siguiente centuria, bajo Alfonso  X el Sabio.

 

 Durante esta época floreció la filosofía, entonces neoplatónica, y con ella cultivaron todas las ciencias, particularmente la matemática, la astronomía, la medicina.   Toda esta cultura filosófica y científica encontró amplios ecos en los autores judíos, entre aquellos que vivían en las zonas dominadas por los árabes y, más tarde también, en el área cristia­na.  Estos judíos fueron los grandes iniciadores de los cristia­nos en temas filosóficos o científicos: fueron ellos los grandes traductores de la cultura científica árabe a las lenguas romanas, al hebreo o bien al  latín.

 

Con Don Raimundo trabajaron judíos, entre ellos Johannes Avendehut Hispanus, quien tradujo varios libros mágicos y de  astrología. Además, tradujeron  en esta época una versión  de la aritmética de Al Ywarizmi,  una obra de medicina "Epístola Aristóteles ad Alexandrum de conservatione corporis humani",  dos o tres obras de astronomía, doce obras de astrología y otras tantas de filosofía. Se publicó una obra:  "Practica astrolabii" sobre la construcción de este aparato.

 

La época desde 1187 hasta 1257 es una etapa menos brillante de la Escuela. Sin embargo es importante, porque comienza a usarse el  castellano como lengua final de las traducciones. 

 

A consecuencia de la invasión  de los almohades y su hosti­lidad hacia los judíos, muchos de los eruditos judíos, entre ellos muchos traductores de Toledo, se trasladaron a las regiones sureñas de Francia,  donde se formó un nuevo centro espiritual cultural, como intermediadores y transmisores de la cultura hebraico-árabe al mundo occidental y central.  La lengua árabe, que era el medio de expresión de los sabios ibero-judeos,  fue decli­nando en el ámbito judío con la declinación  del poder islámico en la Península.  De aquí surgió la necesidad de traducir al hebreo el vasto acervo acumulado.  Sobre estos traductores volve­remos a hablar.

 

En el siglo XIII, época de Alfonso X el Sabio, el saber era escaso, por lo tanto todo judío culto se sentía atraído por la Corte Toledana. Y si sabía algo de la cultura islámica, orien­tal o clásica, y conocía algunas de estas lenguas, era recibido con los brazos abiertos por Alfonso X quien, entre otras obras religiosas. quería tener traducciones de la Biblia.

 

Los traductores, aparte de su tarea específica estaban, sin duda, al servicio de la Iglesia y del Estado, quienes tenían sumo interés no sólo en traducciones científicas, sino en conocer los planes militares, sociales, económicos y administrativos del enemigo.  De ahí las quejas de algunos de estos traductores por las continuas demoras impuestas a sus trabajos literarios y científicos.

 

Muchos de los intelectuales judíos intervinieron en los trabajos científicos que mandó realizar el Rey.

 

Yehuda ibn Moshe Hacohen poseía extensos conocimientos de astrología, astronomía, medicina, matemáticas y lenguas, incluso el latín.  Tradujo el Lapidario, varios libros de astrología, el Libro de las Cruces y el Libro de las Tablas Alfonsinas.  Aparte de estas traducciones, se  le  adjudica  la  del famoso libro Picatnx, un libro de magia, expresada en leyendas, que no parece corresponder con la verdadera y prosaica realidad.

 

El médico Samuel Halevi Abulafia tradujo el Libro del Relo­gio de la Candela y, como ayuntador, trabajó en los Tres libros de las Estrellas de la Octava Esphera, y  tradujo el "Libro de la fabrica y de instrumento del levantamiento" que en árabe, lengua en que se escribió, se llamó "Atacir".

 

También era  médico Abraham Alfaki, amigo personal del rey, quien tradujo varias obras de astronomía, pero sobre todo son famosas sus traducciones de La Escala de Mahoma y el Libro de la Acéfala.

 

Itzhac ibn Cid tradujo, y también escribió, libros de astrología.  Jacob Corsino o Al-Corsi redactó sus tablas astronómicas en hebreo, la que le sirvió de base para una versión latina muy liberal, y luego a la  lengua catalana.

 

El prestigio que alcanzaron las tablas astronómicas prepara­das en hebreo trajo consigo que, de éstas, derivaran textos en latín y catalán.

 

El traslado de un importante número de pensadores, escri­tores y traductores a Francia, especialmente cerca de la frontera catalana, ciudades que estaban en poder de príncipes españoles, y sus comunidades judías, que eran netamente sefaradíes, se debió a la invasión almohade, su tenaz intolerancia contra judíos y cristianos, y la implacable persecución de los mismos.

 

Entre los traductores sobresalió la Familia de los ibn Tibones o Tibbonidas, encabezada por Yehuda ben Saul ibn Tibbon, su hijo Samuel ben Yehuda ibn Tibbon, el hijo de éste, Moshe, un pariente de ellos, Yaakob ben Mahir ibn Tibbon, bisnieto de Yehuda ibn Tibbon, el yerno de Samuel ibn Tibbon,  Yacob Aba Mari Anatoli.  Todos ellos cumplieron una tarea denodada de traducción durante largas décadas, traduciendo al hebreo las obras filosóficas judías escritas en árabe.

 

La traducción comenzó con el famoso "Guía de los Perplejos" de Maimónides, que suscitó el interés por obras filosóficas, como por ejemplo las obras filosóficas y morales de Salomón ibn Gabi­rol, Yuda Halevi, Bahia ibn Pakuda, el Gaon Saadia.

 

Fuera de las obras filosóficas, los Tibbonidas tradujeron también obras de astronomía, matemáticas y medicina. Además, se les atribuyen la invención de algunos instrumentos astronómicos, y escribieron obras de filosofía y exégesis bíblica.

 

Yaakob ben Aba Mari Anatoli tradujo al hebreo varias obras de filosofía, especialmente textos de Aristóteles y de Averroes, que eran los preferidos en este campo. Tradujo también al latín varias otras obras filosóficas y de ciencias.

 

Aparte de la familia de los Tibbonidas, que ejerció durante varias generaciones una función rectora en el campo de las tra­ducciones, hubo también otros traductores, como Yehuda al Harizi, Abraham ibn Hasday, Kalonimos ben Kalonimos, etc.

 

No fue la familia de los Tibbonidas la única que, a conse­cuencia de la intolerancia de los almohades, tuvo que emigrar de España y establecerse en el sur de Francia.  También la familia de los Kimji, que se estableció en la ciudad de Narbona, donde había una importante comunidad judía.  El padre de la familia era Josef Kimji, sus hijos Moshe y David, y también algunos de sus descendientes contribuyeron al desarrollo de la cultura sefaradí, no sólo con traducciones, sino mucho más con el cultivo del idioma hebreo y de su gramática, con la creación de lexicografía y con la construcción de una exégesis textual de los libros bíblicos.  Su renombre en este campo fue tan grande, que se ha dicho sobre esta ilustre familia "sin los Kimjis no hay Torá".

 

Debemos subrayar, que los comentarios se extendieron a todos los libros proféticos y poéticos.  Los textos exegéticos muchas veces sirven  también como apologética, presentando las tra­ducciones cristianas como tendenciosas.  Mientras las obras gra­maticales y lexicográficas de los Kimjis sirvieron mucho a los estudiantes de hebreo durante el Renacimiento, la profundización del sentido literal bíblico, en el que tanto se esforzaron los gramáticos  y exégetas, encontró un magnífico aporte en la obra de la Familia Kimji.

 

Una verdadera pléyade de científicos, escritores y poetas surgió entre la comunidad de Toledo. No todos los nombres  llega­ron a nuestras manos, pero se menciona, y nosotros estamos de acuerdo con esta opinión, que ellos constituían una verdadera punta de lanza de la ciencia de su época, siendo algunos de ellos verdaderos enciclopedistas quienes alcanzaron altas cimas, - muchos las mas altas - del saber.

 

Con referencia a los traductores, escribe el célebre científico J.M. Millas Vallicrosa: "Los judíos cumplieron una función muy importante: la de servir de puente y enganche de la cultura árabe y hebrea con las lenguas romanas, y aún con el mismo latín escolástico.  Esta función de injertar la cultura oriental en la nueva y joven cultura europea, duró largos siglos y fue obra de generaciones.  Sólo por cada función de enlace y de enriqueci­miento cultural, hay que estimar pertinentemente benemérito este aporte de la literatura hebraico-española".

 

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