ESPAÑA DE TRES CULTURAS

 

La Edad Media jugó un papel muy importante en el desarrollo de España.  En esa época, la Península pudo considerarse como un solar en el que convivían feligreses de las tres grandes reli­giones monoteístas:  cristianos, judíos y árabes.

 

Historia

 

Por la posesión de España, Roma y Cartago lucharon durante muchos siglos. Los romanos conquistaron todo el territorio en el  año 19 a.C.  Cuando el Imperio Romano se desmoronó,  España tuvo que sufrir la misma suerte que las otras colonias romanas.

 

La invadieron los visigodos, quienes, a fines del siglo V, mantuvieron bajo su poder casi toda España. La capital era Toledo, y los conquistadores visigodos adoptaron la religión católica y la lengua romance.

 

A fines del siglo VII llegaron los árabes y pronto ocuparon gran parte de  la Península Ibérica.  España se dividió en varios reinos árabes independientes, en  los cuales resplandeció brillan­temente la civilización musulmana.  Una parte de la población de España se convirtió al mahometanismo.

 

El comienzo de la presencia de los judíos en la Península no está históricamente comprobado.  Hay versiones que la ponen desde la época del Exilio Babilonio  (siglo VI. a.e.c.), otros todavía antes, ya en la época del Rey Salomón quien, junto a los fenicios, mandó barcos comerciales a Europa,  (siglo X a.e.c.),  y algunos de los marineros permanecieron allí.  De todos modos, la Península Ibérica era una de las zonas del Mediterráneo que, después de la destrucción del II Santuario por el emperador Tito  (7O e.c.), se transformó en un lugar importante de la diáspora judía.  Según la tradición neotestamental, San Pablo visitó las colonias judías de España,  como también las de otros países, durante sus viajes de evangelización. Y eso podía significar, también, los comienzos del cristianismo en esta tierra.  Según la tradición, la implantación del cristianismo fue sumamente lenta y costó la vida de muchos mártires.

 

Los árabes no formaron un solo estado, sino varios Emiratos, donde se  desarrollaron la agricultura, la manufactura y el comercio. Se formaron nuevas ciudades y florecieron las ciencias y las artes.  Los árabes no ocuparon toda la Península y así, se mantuvieron independientes varios estados hispano-cristianos. 

 

Los antiguos dueños del país, aunque vencidos, no permanecieron sometidos a los árabes y, acantonados en las montañas del Norte de España, no tardaron en empezar una larga guerra contra los moros. Era ésta la  "Guerra de la Reconquista".   La gran victoria de Las Navas, al lado de Tolosa, en 1212, obligó a los árabes a  retroceder de los Reinos de Córdoba y Granada.  Entre los reinos cristianos de aquel entonces, Aragón y Castilla eran los más importantes y se prepararon a absorber a todos los demás.

 

Con el matrimonio de Fernando, Rey de Aragón e Isabel, Reina de Castilla  en el año 1469,  se colocaron las bases para la unificación del país, que se realizó en el año  1474.  Con esfuerzos mancomunados conquistaron en 1492  Granada, último baluarte de los árabes en España.  Para asegurar la unidad, se formó la Inquisición  en 1480,  con el objetivo de luchar contra los herejes y controlar la sinceridad de los conversos. Pero también  procedieron contra aquellos rivales políticos de los Reyes Católicos, quienes fueron declarados y tratados como herejes.

 

Para asegurar la unidad del Estado, el 31 de marzo de 1492, los Reyes Católicos emitieron una Cédula Real,  obligando a los judíos a convertirse al cristianismo, o a abandonar el país dentro de los próximos cuatro meses.  Algunos de los judíos se convir­tieron, y además, ya había conversos forzados desde hacía por lo menos 150 años. Sin embargo, la gran mayoría abandonó España.  

 

En el año 1499,  los mudéjares -mahometanos que, sin cambiar su religión, permanecieron como vasallos de los cristianos- se rebelaron contra la discriminación estatal y contra los violentos métodos de los celosos evangelizadores.  Sólo en 1501 se pudo terminar con la revuelta, utilizando un notable esfuerzo militar.  En el año siguiente, los monarcas obligaron a los mudéjares a optar entre el bautismo y la emigración.  La mayoría optó por la primera alter­nativa.

 

En los años siguientes, la España cristiana, musulmana y judía del Medioevo, dio paso a la España que, oficialmente, hacía del catolicismo su principal seña de identidad.  Una España que se lanzó en la búsqueda del poder en Europa, y a un imperialismo de signo transoceánico.

 

Durante los 500 años pasados, varios historiadores y científicos afirmaron que la expulsión de los judíos y de los moros no sólo no había ayudado a la formación de una nación unida, sino disminuyó el desarrollo en diferentes campos de la civilización y de la cultura.  Su Majestad el Rey Juan Carlos, en su alocución en la sinagoga de Toledo el día 31 de marzo del año 1992, con motivo del Quinto Centenario de la expulsión de los judíos, consideró la expulsión como un error histórico.

 

No es nuestra tarea analizar y juzgar los antecedentes y las consecuencias de la expulsión. Quisiéramos presentar, en forma resumida, los resultados de la convivencia creativa de los feligreses de las tres religiones y culturas, sus inmensos alcances en las ciencias y en el arte,  y su contribución a la Civilización Occidental.

 

Antes de entrar en las diferentes ramas de la cultura, hay que aclarar algo interesante. Casi toda la creación cultural de la  "Época de Oro"  de los judíos en España, estuvo relacionada con los árabes, y se desarrolló en los idiomas hebreo y árabe.

 

Judíos y árabes tenían un contacto estrecho ya en  los países del Imperio Islámico en el Oriente, y muchos se trasladaron juntos por el largo camino hacia Europa, ubicándose en España.

 

Como consecuencia de su estrecha relación, los judíos de la España Medieval entraron en contacto con la cultura oriental.  A raíz de esta íntima convergencia, los árabes  sirvieron como puente entre el judaísmo antiguo y la cultura europea  antigua, para traspasar la cultura oriental de la Antigüedad a Europa, y desde la temprana Edad Media se estableció un nexo intelectual  -único en su género-  en pro de toda la Civilización Occidental.  Los árabes descubrieron, en el curso de sus conquistas territoriales, valiosos tesoros de la cultura antigua y fueron los judíos de  España que con­virtieron en sus intermediarios, es decir, una especie de transmi­sores en este proceso histórico, debido a su idoneidad espiri­tual,  a sus relaciones internacionales y a su capacidad polí­glota, a fin de dar a conocer en  Europa, en aquella época de poca cultura, los tesoros culturales descubiertos por los árabes y aplicados por judíos y árabes.  Este es uno de los papeles más descollantes, cumplidos por los sefaradíes -judíos de España- en pro de la civilización mundial, que sirvió como levadura en el lento renacimiento de Europa de la temprana Edad Media.

 

Hay varias ramas de la cultura y de la civilización donde los sefaradíes no sólo  transmitieron la cultura oriental, sino también crearon algo nuevo e importante. Mencionemos, ante todo, la gramática y la filología, la filosofía, la medicina, la divulgación de la astronomía y cartografía, y subrayemos la actividad divulgadora de los traductores judíos. 

 

Es imposible enumerar, aún en una forma muy reducida, la lista de aquellos científicos, filósofos, escritores y poetas, artistas, y otros científicos que  participaron en la formación de esta cultura la  que, en su época, era la de más alto nivel en toda Europa. Así mencionaremos las ramas donde se destacaron los diferentes grupos.

 

Los cristianos se desempañaron, ante todo, en la elaboración de astrolabios y en la  construcción de barcos; en la filosofía escolástica y en la lingüística, donde subrayamos el papel de Elio Antonio de Nebrija, quien  hace 500 años atrás editó la primera gramática española.  Además, publicó un diccionario latín - castellano y castellano - latín, que contenía 50.000 palabras. 

 

Continuemos la enumeración de las distintas ramas de las ciencias:  histografía, legislación, literatura  (Cantar del Mío Cid;  La Celestina, escrita por Fernando Rojas, un judío converso);  los romanceros; la  música y la danza, el teatro, las artes plásticas. Estas últimas tenían también una fuerte influencia árabe, francesa, italiana y flamenca.

 

Los judíos se destacaban en las matemáticas, en la astronomía, en la preparación de astrolabios, en la cartografía y geografía, en la histografía y en la medicina. Uno de los más famosos médicos era  Jasdai ibn Shaprut, quien no sólo practicaba la medicina, sino tradujo del latín al árabe la famosa obra de Dioscórides sobre la medicina. Hay que destacar al famoso médico y filósofo  Maimónides, cuyos libros sobre diferentes ramas de la medicina y de la farmacología adelantaron su propia época y han sido utilizados como libros de enseñanza en casi todas las facultades de medicina de las universidades europeas hasta el siglo XVIII,  o más.  Varios tratados de médicos judíos, escritos en árabe y traducidos al latín, tuvieron una amplia difusión tanto en el Oriente como en el Occidente. 

 

Fueron los filósofos judíos que introdujeron el neoplatonismo y el aristotelismo en España.  Colocaron las bases de la gramática del idioma hebreo, que resultó ser muy útil no sólo para los mismos judíos, sino también para los biblistas cristianos en la época de la Reforma y la Contrarreforma.  Se desarrollaban las diferentes ramas de la literatura.  Con referencia a este tema, citamos las palabras del historiador contemporáneo de la literatura española, J. Millas Vallicrosa: "La literatura hebraica española es sumamente extensa y variada, pues va desde la poesía y novela a la gramática, la filología, la exégesis bíblica, la filosofía y las diversas ciencias naturales. Esta última, desde la medicina y la terapéutica, a la astronomía y las matemáticas. Además, hay traducciones de árabe y de latín al hebreo y viceversa, y muchas traducciones a la lengua castellana.  Se tradujeron también las obras de Alberto Magno y Santo Tomás de Aquino, y además varias otras obras de la filosofía cristiana escolástica."  Además, Millas Va­llicrosa menciona que poetas judíos en sus obras producidas en  hebreo, parodiaban autores de romances e imitaban su técnica. 

 

Escribe Millas Vallicrosa que, más tarde, los judíos expulsados de España   continuaron en sus nuevas patrias en el  Cercano Oriente, la tradición de la literatura hebraico - española, y subraya que hoy en día se valora cada vez más el aporte de los conversos o descendientes de conversos a la literatura española de los siglos XV, XVI y XVII.

 

No queremos omitir la actividad poética del famoso León Hebreo, autor de los  "Dialoghi di amore"  que ejerció tanta in­fluencia en la filosofía y la estética del Renacimiento.  Tampoco dejamos de mencionar los tres conversos:  Alfonso de Zamora, Pablo Coronel y Alfonso de Alcalá, quienes fueron colaboradores en la confección de la Biblia Políglota Complutense.  

 

Quizás la actividad cultural más importante de los judíos en España era su rol como traductores y transmisores de la cultura oriental en latín y en árabe para España, pero también para toda Europa Occi­dental.

 

Con referencia a los traductores, escribe el ya citado célebre científico J. Millas Vallicrosa:   "Los judíos cumplieron una función muy importante:  la de servir de puente y enganche de la cultura árabe y hebrea con las lenguas romanas y aún con el mismo latín escolástico.  Esta función de injertar la cultura oriental en la nueva, y en la joven cultura europea, duró largos siglos y fue obra de generaciones.  Sólo por cada función de enlace y de enriquecimiento cultural, hay que estimar pertinentemente benemérito este aporte de la literatura hebráico-española".

 

Millas Vallicrosa subraya también la influencia de Jasday Crescas en las obras de los autores cristianos en la época del Renacimiento, como por ejemplo en las de Giordano Bruno, Pico de la Mirándola, etc. y menciona un gran número de escritores y científicos conversos al cristianismo,  quienes escribieron su nombre ilustre en la cultura española.  Por falta de tiempo citamos sólo algunos:

 

Santa María y Cartagena;  Los Caballería;  Los Santa Fe;  Fernando de la Torre;  Juan de Baena;  Alfonso de Zamora;  Francisco López de Villalobos;  Fernando Rojas (autor de La Celestina).

 

Los árabes colaboraron en el desarrollo de las matemáticas, astronomía, preparación de astrolabios, y se destacaron en la medi­cina y en la filosofía neoplatónica.  Han tenido célebres escritores y poetas, como también historiadores.  Su mayor influencia se nota en la música y en las artes plásticas.  La convivencia del arte árabe y cristiano ha creado estilos específicos:  el mozárabe y el mudéjar, cuyos resultados están a la vista: las  catedrales, los  palacios -Alcázar en diferentes ciudades,- mez­quitas, esculturas muy hermosas, tejidos artísticos de tela, cerámica con esmalte de brillo metálico, tallado de madera con fines ornamentales.  Fueron los árabes quienes, en forma directa o indirecta, dieron a  conocer el arte oriental en España y en Europa Occidental.  Durante mucho tiempo ,fue Andalucía el centro cultural de España.

 

Ciencia

 

El desarrollo de las ciencias comenzó en los siglos X - XI  en Andalucía, que  pudo unificar los elementos de los visigodos, romanos,  árabes y judíos.  La actividad científica cristiana se había desarro­llado, ante todo, en los monasterios.  El scriptorium y la biblioteca monásticos constituían los elementos básicos de la cultura hispa­no - cristiana.

 

Los científicos de esa época, consiguieron muy buenos re­sultados en los campos de las matemáticas  ( Abraham ibn Ezra, Savasorda, Azarquiel, Cheber Benaflu - el - Ixbili ).  Los astrónomos, como por ejemplo Pedro Alfonso Huesca  (originalmente Moshe Sefaradí)  y Abraham bar Hiya utilizaron los resultados de los matemáticos de la Antigüedad y con  su activa colaboración, editaron varios libros de astronomía, entre ellos los famosos libros de Alfonso X, los que se oponían al sistema Ptolemaico, apoyado y casi santifi­cado por la Iglesia.  Los resultados obtenidos en la astronomía ayudaron a la navegación.  Construyeron  carabelas, antiguas embarcaciones de vela, pequeñas y muy livianas, los mejores  barcos de su época.  Por primera vez en Europa, en España  utilizaron la brújula.  Científicos judíos y árabes compusieron astrolabios y escribieron las prime­ras obras de cosmografía.

 

En la Isla de Mallorca se formó una verdadera escuela de cartógrafos judíos y árabes, de gran prestigio también en el extranjero.  De esta escuela, surgió más adelante el más famoso y conocido maestro, Abraham Zacuto quien, como profesor de la Universidad de Salamanca, se dedicó a las ciencias matemáticas, a la astronomía y a la cartografía.  Fue él quien preparó los mapas de navegación para Cristóbal Colón.  Después de la expulsión de los judíos de España, fue consultor de los reyes Juan II y Don Manuel de Portugal, con respecto al viaje proyectado en el Océano Atlántico de Vasco de Gama.  Escribió varios libros de astronomía, acompañados por tablas astronómicas.  Su libro  "Astrología Medica"  fue el primero en el mundo en este tema.

 

Aquí mencionamos al celebre geógrafo y viajero Benjamín de Tudela, quien recorrió una buena parte del mundo conocido y al alcance  en el primer tercio del siglo XII.  De su obra litera­ria, llamada "Viajes", conocemos la historia, creencias y  forma de vivir de los pueblos visitados, así como también la vida y costumbres de muchos de los vecinos de esos países, contados por los pueblos visitados.

 

Medicina

 

Damos a conocer, en forma resumida, la influencia de médicos sefaradíes en el desarrollo de la medicina en España y también de  toda Europa. Mencionemos dos de los médicos más importantes de la época.

 

La medicina árabe, durante el califato de Bagdad, fue una herencia directa y depositaria de la medicina griega.  Los textos científicos griegos fueron traducidos a la lengua árabe y a partir de este primer contacto, el mundo islámico asimiló e integró la sabiduría helénica y desarrolló la ciencia médica bajo la influencia de los médicos más importantes de la antigüedad, Hipócrates y el greco - romano Galeno.

 

Antes del florecimiento de la cultura griega, la práctica de la medicina había estado muy apegada a las creencias mágicas, por lo que el carácter nacional que le aportaron los griegos, significó un salto cualitativo en la evolución de esta disciplina. Sin embargo, durante mucho tiempo la otra forma de la medicina, la de magos y curanderos, caminó en forma paralela a la medicina científica, nacida en el seno de la mentalidad especulativa griega.  El galenismo era la corriente predominante hasta el descubrimiento de la circulación de la sangre, que provocó el derrumbamiento de la teoría humoral, pilar fundamental de la medicina galénica.

 

Los judíos participaron activamente en el desarrollo científico y en la práctica  de la medicina, junto a los cristianos nestorianos, y más adelante se sumaron a la expansión de la medicina islámica que tuvo su momento de mayor auge a partir del siglo IX.

 

A medida que las conquistas musulmanas avanzaban,  las comunidades judías se afianzaron en el mundo árabe y crearon sus academias en las que, junto a la cultura religiosa judía, también estudiaban las ciencias y la medicina. El estudio de la medicina estaba  incluida en el curriculum de los jóvenes estudiantes judíos y su práctica era una de las profesiones más comunes, gracias a la cual traspasaron los límites de la aljama judía, para adquirir importancia e influencia en las cortes musulmanas y, más tarde, en las cristianas.

 

El primer médico judío de la época española fue Hasday ibn  Shaprut, de gran capacidad intelectual y formación universitaria en la medicina y farmacología.  Era el médico de califas y también príncipes españoles del norte, y de otros países.  Tradujo del latín al árabe la famosa obra de Dioscorides sobre la medicina.

 

Como tantos otros, también Maimónides estudió medicina y más adelante fue el médico del sultán de Egipto y de su familia. Por la gran obra médica que nos legó, sobresale muy por encima del resto de los otros médicos judíos.  En efecto, fue el más importante autor de medicina del mundo judío, por su habilidad para aunar sus conocimientos adquiridos en la práctica y derivados de la lectura de los grandes médicos y de los científicos de su época.

 

Es interesante conocer su forma de vivir,  descrita en una carta dirigida a Samuel ibn Tibon, en la que describe una jornada al servicio de los enfermos:

 

"Vivo en Fustat y el rey está en El Cairo.  El tratamiento del rey me resulta muy pesado, es imposible no verlo cada día, a primera hora.  Cuando lo encuentro débil o está enfermo uno de sus hijos o una de sus concubinas, los curo. Aunque no estoy prisionero en El Cairo, paso gran parte del día en la casa del rey.  No es raro que uno o varios oficiales se enfermen, y es necesario que me ocupe de sus curaciones.  Generalmente subo a El Cairo de madrugada y si no hay ningún impedimento y no surge nada nuevo, vuelvo a Fustat mucho después del mediodía. Casi nunca llego antes.  Llego hambriento y encuentro en el  vestíbulo todo un gentío, hijos de gentiles y judíos, personas importantes y vulgares, jueces y comisarios, amigos y enemigos, una mezcla de gente que conocen la hora de mi llegada y vienen a verme.  Me bajo del animal, me lavo las manos y salgo a su encuentro con el fin de calmarles, complacerles y rogarles respetuosamente que me excusen y me den tiempo para comer una comida insignificante que tomo de tarde en tarde.  Salgo a  curarlos y escribir notas y recetas médicas para sus enfermedades.  Ellos siguen allí y no se van hasta la noche, a veces hasta dos horas o más después de pasada de medianoche.  Los receto, les prescribo y hablo con ellos.  Descanso echado sobre la espalda y cuando es de noche, al final no puedo ni hablar a causa de la debilidad “.

 

Esta es la información más directa que tenemos sobre su ejercicio de la medicina.  Estas pocas noticias se complementan con las alusiones a consultas particulares de enfermos a lo largo de su obra.  Toda su práctica de la medicina y sus experimentos influyeron  mucho en sus obras científicas.  Gran parte de sus escritos se hacían a petición de enfermos que le encargaban escribir un tratado sobre la enfermedad que padecían.  A ello hay que unir, que en el curso del tiempo, también para las autoridades,  era fundamental en la ciencia medieval, la experiencia y el saber derivados de la práctica. Por lo tanto, todos los científicos en la medicina ejercían, a su vez, el oficio de médico tratante.

 

Maimónides estaba plenamente integrado en la medicina greco -  árabe. Sin embargo, no resulta difícil señalar su peculiaridad como medico judío con respecto a sus coetáneos árabes. Esta situación no se refleja sólo en la lengua empleada en sus escritos  científicos, que era el árabe.  La gran mayoría de sus obras  fue traducida al hebreo y al latín, y ésta última hizo posible que las obras fuesen utilizadas en las más famosas universidades de la Europa Medieval, como libro de enseñanza para los futuros médicos.  Por medio de sus obras se salvaron del olvido muchos conceptos de Galeno y de Hipócrates.

 

Antes de referirnos a las obras de medicina de Moshe ben Maimón, es interesante mencionar que empezó a publicar temas medicinales después de haber terminado sus obras de religión y filosofía, y  toda su actuación literaria se hallaba impregnada por la estimación hacia la fe y por sus convicciones religiosas.  A pesar de eso, o tal vez justamente por eso, en el centro de su modo de pensar científico se encuentra la convicción del desarrollo evolutivo, y advierte en igual forma contra el escepticismo respecto al progreso, y también contra la aceptación ciega de dogmas religiosos, políticos y científicos de su época.

 

"!Escuchad! Cuanto más sean los conocimientos y la sabiduría de un hombre, tanto más son las dudas que lo colman, y esto lo llevará a nuevas reflexiones.  Pero si no contara con estos conocimientos, todos los obstáculos para progresar parecerían fáciles y cometería el pecado de tomar las cosas a la ligera, por falta de escrúpulos, frivolidad, irreflexión, por tontería, o por ceder a la tentación de dar respuestas rápidas a aquello que es inconcebible... " - escribe.

 

Uno no puede menos que suponer que este pensador estuvo muy adelantado con respecto a su época.  En realidad, sus obras demuestran una cantidad enorme de conocimientos, percepciones, referencias y conceptos que llegaron a ser de conocimiento común en la medicina  siglos más tarde, sólo después de grandes avances revolucionarios.  Su interpretación inequívoca para la terapia de la rabia  (hidrofobia), aconsejada ya en el Talmud y considerada por muchos durante largos siglos con un encogimiento de hombros, mostró el camino hacia la  vacuna que trajo la fama mundial a Louis Pasteur, muchos siglos más tarde. Si hoy algunos se oponen a la medicina moderna y apelan a la confianza de las fuerzas curativas de la naturaleza, podemos pensar en Maimónides, quien en su   "Tratado del asma", que data del año 1190, no sólo subraya el carácter sicosomático de esta enfermedad sino también aconseja lo siguiente:  " ...en estos casos hay que actuar con cuidado;  el médico podría no dejar de tratar el síntoma y reaccionar de inmediato, administrando medicamentos... "

 

Tampoco faltan en las otras obras de Maimónides críticas a aquellos que, “para justificar el ejercicio de su profesión, administran  -sin necesidad-  gran cantidad de todo tipo de polvos y tinturas".

 

Sus obras de medicina abarcan, entre otros temas, el problema de la higiene, de las hemorroides, de la vida sexual y sus órganos, y describe más de  350 especies de hierbas con propiedades medicinales, entre ellas, muchas conocidas y utilizadas también hoy.

 

Su obra más conocida,  "Fusul Musa", se refiere a las funciones capilares de la circulación sanguínea de los pulmones, mientras en su tratado  "Guía hacia una buena salud" acentúa que no existe  "salud corporal sin un estado síquico equilibrado".

 

En esta obra trata también la correcta manera de vivir y se puede apreciar sus puntos de vista muy modernos sobre el fortalecimiento corporal:  

 

" La gimnasia hace desaparecer el daño de unos cuantos malos hábitos del hombre.  Pero no todo ejercicio corporal, sea difícil o fácil, es un ejercicio físico. El ejercicio físico, sea una gimnasia liviana o pesada debe, antes de todo, estimular la respiración.  Pero no todos pueden aguantarlo demasiado;  por eso es conveniente mantener la medida también en eso.”

 

Aconseja  un  cierto grupo de ejercicios, bien planificados, con un aumento regular de los movimientos. 

 

“Al practicar cada ejercicio físico -escribe-, hay que prestar atención a la elevación espiritual, de la misma manera  como al movimiento del cuerpo, dando prioridad al espíritu sobre el cuerpo,” -  que es opinión fundamental también de los sabios del Talmud.  Además, -escribe,- uno debe tomar en consideración, que hay que combinar el esfuerzo físico con la alegría y con el contentamiento del espíritu".

 

Maimónides dividió la labor del médico en tres campos: 

  • medicina preventiva,
  • curación,  
  • cuidado del convaleciente, incluso del  inválido y del anciano  (gerontología).

 

Aconsejando el carácter netamente racional de esta actividad, desaprobó todo tipo de encantamiento, magia, amuletos, etc.

 

Conocemos varias obras suyas, tanto de medicina como de farmacología, traducidas a varios idiomas.

 

Obras médicas:

 

  • Tratado sobre el coito (higiene sexual y afrodisíaca)
  • Tratado sobre la curación de los hemorroides
  • Tratado sobre el asma
  • Tratado sobre el régimen de salud
  • Tratado sobre las causas y los síntomas
  • Extractos de los libros de Galeno
  • Aforismos referentes a la medicina
  • Comentario acerca de los aforismos de Hipócrates.

 

 

Tratados farmacológicos:

 

  • Tratado contra los venenos (venenos orgánicos e inorgánicos)  y sus antídotos;
  • Comentario sobre el nombre de las drogas (lista por orden  alfabético del nombre de 2000 medicamentos en árabe, griego,  persa, beriber, latín-español).

 

            Lola Ferre, profesora titular de la Universidad de Granada escribe que Maimónides es, sin duda, el más importante médico de la historia de la medicina judía y uno de los más destacados de la medicina medieval.

 

            Según la profesora, lo  más interesante de su aporte original está dedicado al tratamiento del alma.  Maimónides conjugó sus ideas acerca del alma como hombre científico y religioso. En este sentido, su posición se distancia necesariamente de su gran maestro Galeno, en cuanto que éste eliminó todo elemento asomático del alma.

 

            La idea más sugerente que Maimónides transmite en este tratado,  (ver Cap. III. 12.)  es que la influencia sicosomática ayuda a desencadenar la enfermedad. La influencia del alma en la salud es lo que debe procurar el médico, antes de iniciar otro tipo de tratamiento, para que se equilibren los movimientos síquicos.

 

            Un paciente muy agradecido, llamado Said ben Sana Al-Malik, escribió sobre Maimónides:

 

"El arte de Galeno sana sólo el cuerpo, pero Maimónides sana cuerpo y alma. Sus conocimientos lo convirtieron en el médico del siglo".

 

Cuando Moshe ben Maimón falleció, el 13 de Diciembre de 1204, todo el mundo judío estuvo de luto. Sus restos mortales fueron trasladados desde el Cairo a Tiberíades, donde su tumba permanece intocable hasta el día de hoy, convertida en  lugar de peregrinación para judíos piadosos y para médicos judíos.

 

Para evocar y perpetuar su memoria, citemos su oración personal, que pronunciaba diariamente:

 

"Dios, llena mi espíritu con amor hacia el trabajo y hacia todas las criaturas. Aparta de mí la tentación y no dejes que la ganancia y la avidez de la gloria me inspiren al  ejercer mi profesión.

Mantén en mi corazón la fuerza, que esté siempre dispuesto  a servir al pobre como al rico, al amigo como también al enemigo, al justo como al injusto.

Posibilítame que en aquel que sufre  sólo vea al ser humano.

Dame la posibilidad de que mi espíritu  se mantenga claro y lúcido en todas las circunstancias de la vida, pues la ciencia es grande y noble, y su objetivo es  mantener la salud y la vida en todas las criaturas.

Concédeme que mis enfermos tengan confianza en mí, en mi capacidad y que sigan mis consejos y mis prescripciones.

Aparta de ellos a charlatanes y al enjambre de parientes que dan miles  de consejos, y también a los enfermeros que siempre lo saben todo mejor; es una pandilla peligrosa, que puede destruir las mejores intenciones, por ufanarse o por vanidad.

Préstame, Dios mío, indulgencia y paciencia con los  enfermos obstinados y groseros.

Dame la capacidad de poder  mantener en todo la medida correcta, pero que permanezca  insaciable mi sed por la ciencia.

Aparta de mí la idea errónea de que tengo facultad para todo.

Concédeme la fuerza, la intención y la  oportunidad de profundizar cada vez más mis  conocimientos, a fin de que pueda utilizarlos para el bien de  todos los que sufren.

Amen".

 

Conclusión.

 

Con la expulsión de los judíos en 1492, y de los mudéjares en 1502, la convivencia efectiva y sincera de tres religiones y de tres culturas en la Península Ibérica dejó de existir, y ocupó su lugar el monopolio espiritual de una de ellas.  Las secuelas culturales de los sefaradíes sobrevivieron un cierto tiempo en los conversos, pero mucho más en aquellos sefaradíes quienes llevaron su cultura a los nuevos sitios de su dispersión, mientras los herederos de los mudéjares  (los moros)  intentaron mantener sus viejos hábitos culturales, lo que despertaba entre los cristianos amplios recelos.  En 1609 Felipe III dicto un decreto de expulsión que provocó la salida de unos 300.000 moriscos de la Península.  Con esta medida, se puso fin a las últimas secuelas  culturales del Islam hispánico.

 

La cultura sefaradí sobrevivió los siglos pasados y los sefaradíes siguen luchando por preservar su identidad frente al proceso de la homogeneización cultural que está afectando su idioma y su cultura, pues su cultura específica sigue   ayudando a  mantener viva la memoria de sus raíces. Según la opinión de la España oficial de hoy, es parte de la cultura española y, como tal, parte de la civilización universal.

 

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