MÍSTICA RELIGIOSA JUDÍA EN ESPAÑA

 

El hombre quiere saber. La ciencia responde a  muchos de sus interrogantes, describe la realidad, analiza y concatena datos, liga causas con efecto. Sin embargo,  el hombre quiere saber más: ¿por qué y para qué existe? Pregunta por el significado de este porvenir que transcurre entre el nacimiento no elegido y la muerte indiferente. La filosofía procura establecer su reino en este campo. Pero, sus alas arriban a ciertas alturas, a ciertas conclusiones  generales. y ahí se detienen. Entonces, la sed por el saber queda en pie, y más exacerbada.  La postura religiosa postula una fe, un círculo de creencias, un conglomerado de suposiciones, que de ninguna manera aspiran ser completamente racionales. Aquí surge un nuevo escalón, el  que pretende superar toda ciencia y toda  limitación: saber algo del misterio sobre el cual se sustenta toda la realidad. 

 

El místico, en las distintas culturas orientales y de la Europa antigua, buscó a Dios para encontrarse a sí mismo. Dios  es su problema  más acuciante, pues de Dios depende su salvación. El misticismo es absolutamente  individualista; suprime al mundo para quedarse a solas con Dios. La obsesión  del místico común, es su propia salvación.  

 

En el judaísmo, esta faceta se da completamente integrada en una dialéctica que trasciende al individuo y que procura la salvación de Todo, de la Historia, de la Humanidad. Ese es el proyecto supremo de la Cábala, nombre universal del misticismo judío.

 

La palabra "Cábala" significa "Tradición". 

 

Este camino, o ideal,  deriva, precisamente, de la impronta judaica que visualiza el proceso histórico como progreso hacia la realización,  lo que Martín Buber llama "el diálogo definitivo entre Cielo y Tierra".  Aquí reside la autenticidad y la originalidad del movimiento cabalista judío.

 

La Cábala es un movimiento del cual se ramifican escuelas, concepciones, teorías, prácticas, creencias no totalmente coincidentes entre sí. Esta no-coincidencia  tampoco es accidental; surge de diferentes expresiones que se  utilizan para exteriorizar en conceptos  y palabras   la vivencia de lo inefable, de lo misterioso. El saber místico no admite sino una expresión metafórica, poética y personal, como dice Hilel Zeitlin, pensador judío del siglo pasado:

 

"Los lenguajes en la Cábala son sólo envoltura de un contenido  poderoso y sublime, que va desde la eternidad y se dirige a la eternidad. Cada cabalista utilizó libros que llegaron a sus manos tanto de autores judíos como de otros pueblos, y de ellos tomó  formulaciones prestadas para poder transmitir al lector algo del misterio develado en un ropaje conceptual  específico, para comunicar su intuición personal."

 

La Cábala no es un sistema  de ideas, sino un conjunto de visiones esotéricas con una meta común: descubrir el misterio divino para saber cómo vivir y para qué vivir.

 

La Cábala es una especulación que conduce a una práctica. Hay que actuar, hay que modificar la realidad, hay que promover la revolución cósmica, partiendo de la revolución interior de sí mismo. A diferencia de otros movimientos místicos y teosóficos, con los que podría ser comparada, la Cábala alienta simientes rebeldes e inconformistas que parten del individuo, pero pretenden abrazar la Humanidad. 

 

 La primera fase en el desarrollo del misticismo judío, antes de su cristalización en la Cábala medieval, es un proceso largo. Sus vestigios  literarios tienen su origen en la Biblia y en los libros pseudepigráficos  y apocalípticos. La influencia que ejercerán éstos, en el desarrollo posterior del misticismo judío, no puede ser desestimada, y puede ser percibida durante un período de casi mil años,  desde el siglo I. a.C. hasta el siglo X. d.C.

 

Se utilizaron diversos materiales esotéricos, de inspiración gnóstica o neoplatónica árabe, contenidos en ciertas obras místicas judías de la Alta Edad Media, como por ejemplo el “Libro de la Creación”, es decir "Sefer Hayetzirá", “el Libro de la Iluminación”, es decir el "Sefer Habahir". etc.

 

La Cábala es la respuesta presentada frente al tema de la esencia divina, del cual ha de desprenderse  el problema de la  esencia humana y las  maneras de intercomunicación entre ambas, las cuales abrazan a toda la Creación, desde un ángulo esotérico-místico.

 

La respuesta no se produce en un día, ni en un siglo. Se va gestando desde los comienzos, desde que el ser  judío  toma contacto con otras culturas occidentales y emerge firmemente y con fuerza, en los siglos XII-XIII en Alemania. De allí pasa a formar un centro en Provance, cuya actividad se extendió a Italia y más adelante intervino en el Renacimiento Italiano.

 

 También desde Provance  se expandió  hacia España y, por intermedio de la máxima autoridad intelectual de la época, de Rabi Moshe ben Najman (Najmánides), creció y se desarrolló el esoterismo como vehículo en la lucha contra el extremo racional filosófico  encarnado en la "Guía de los Perplejos" de Rabi Moshe ben Maimón (Maimónides). Según Najmánides,  la naturaleza como tal no existe, puesto que nada es natural. Al contrario, todo es milagro y fruto de milagros, y  quien no cree esto, no cree en la Torá de Moisés. 

 

A través de la autoridad intelectual de Najmánides, la Cábala se asentó oficialmente entre los judíos españoles. La ciudad de Gerona se convierte en el gran centro de  efervescencia mística. En este círculo nace el "Sefer Hatemuna", es decir el "Libro de la Imagen". Alude a la imagen de las letras que componen misteriosamente la imagen de Dios según el versículo que dice: "Y contempla  la imagen de Dios" (Num. 12.8.).

 

El libro da lugar a una teoría de los ciclos cósmicos, de siete mil años cada uno. Cada ciclo manifiesta un aspecto de Dios, una perspectiva  de lo Divino. En consecuencia, la Revelación de  Dios es siempre parcial y se va completando a través de la historia. Estas revelaciones cambiantes se deben  al cambio estructural en las combinaciones de las letras  que configuran en el nombre y en la esencia del Todopoderoso.

 

Dicen algunos místicos que Moisés tuvo que cambiar las letras originales  de las Tablas de la Ley,  para que la humanidad las captara. Es la tarea del místico, remontar al curso de las palabras de la Torá para arribar a las letras fundamentales, y de éstas descubrir el verdadero mensaje  que se aclara para  los  iniciados en la Cábala; ellos reciben, como una gracia divina, la capacidad  para descubrir lo secreto.

 

El libro muestra un carácter antinomista, insistiendo en que concluirá el Ciclo de la Ley Divina y vendrá luego el Ciclo de la Bondad, la Caridad y la Piedad.

 

En ese marco aparece el libro que ha de ser canonizado por el movimiento cabalista  y luego "santificado" - entre comillas -  por el judaísmo todo; el "Zohar", el Libro del Esplendor,  de la Luminosidad. Este  libro significó la  búsqueda de la propia esencia del divino Creador  y es una muestra de la Creación vista desde los ojos de aquellos que lo santifican.

 

Según los estudios realizados por Guershon Sholem, el investigador más prestigioso de la mística judía, el libro fue escrito por Moisés de León en Guadalajara, entre los años 1280 y 1286. Este cabalista y su esposa habían distribuido y vendido fragmentos del libro como "antiquísimos", atribuyendo su autoría a Shimon ben Yojai, de la época del dominio romano en el siglo II. Ben Yojai vivió –según la leyenda-  escondido durante 12 años en una cueva, empeñado en descubrir el significado del texto revelado. Así lo creían sus seguidores, quienes querían garantizar la "autoridad del libro" atribuyéndolo a Shimon ben Yojai. Esta era, -en gran medida- la costumbre de varios autores de los libros pseudepigráficos de la Biblia.

 

Lenta y progresivamente  esos fragmentos captaron y fascinaron las mentes ávidas de nutrición esotérica. El Zohar (oficialmente escrito en arameo)  se impuso como texto supremo y autoridad inamovible de fecunda inspiración  para la Cábala de las sucesivas generaciones. Ha alcanzado un grado  casi  de santidad canónica y una autoridad  sólo un poco inferior  a la Biblia y el Talmud.

 

El libro no forma una unidad, sino es un tipo de conglomerado de temas metodológicos y de enfoques, que van desde lo mitológico a lo metafísico; de la crudeza de imágenes y materiales, a las sutilezas del pensamiento abstracto; de lo más tradicional a lo más evolucionado, de lo más claro y evidente, hasta lo más oscuro y hermenéutico.

 

La Biblia describe el cómo de las cosas,  mientras la Cábala, principalmente por medio del Zohar, quiere explicar el porqué de las cosas.  Prolonga la reflexión tradicional sobre los dos grandes misterios evocados por los rabinos del Talmud: el de la Creación, es decir "Maase Bereshit", y el de la Divinidad, es decir "Maase Merkava". El propósito es responder a las grandes  preguntas clásicas de los filósofos antiguos: la relación entre la Divinidad y el Universo; la naturaleza del ser; lo uno y lo múltiple; el espíritu y la materia. Insiste en dos grandes preguntas: ¿Cómo se puede conciliar la existencia de un Dios incorpóreo con la existencia de la materia? ¿Cómo pudo Dios, Quien es el Bien, crear al mundo donde se encuentra el mal? 

 

El Zohar es, ante todo, una teoría y una exposición  de diversas intermediaciones que unen al infinito, el "En Sof",  el nombre de la Divinidad en su esencia, con el mundo finito. Los ángeles, las letras de la Torá, de los Cinco Libros de Moisés y las diez hipótesis, es decir los diez Sefirot, son las principales formas de la intermediación, sobre las cuales suelen debatir los cabalistas. 

 

La salida de lo divino, del "En Sof", es decir del infinito, hacia la manifestación exterior en forma de Creación permanente, se produce a través de sucesivas  emanaciones -Sefirot-  diez en total, que van en orden descendiente.

 

Mencionemos aquí los nombres de los Sefirot, que son los siguientes:

corona, inteligencia,  poder, majestad, sabiduría, grandeza, eternidad, belleza, fundamento del mundo y  realeza, que están  representados  formando  triángulos   combinados en varias formas. La totalidad está  considerada como el árbol cósmico que parte de la raíz divina  y se expande a toda la Creación. Las Sefirot también fueron concebidos como la manifestación progresiva  de la Esencia de Dios.  

 

El pueblo de Israel también es intermediador, o más exactamente, unificador. Se distinguen varias posiciones de la divinidad. La  armonía reinará en el mundo  cuando la "shejiná", la forma más inmanente de la divinidad, esté unida al "En-Sof".  Los pecados de los seres humanos provocan una hendidura cósmica, la práctica de los Mandamientos y el estudio de la Torá restablecen la unidad original. Las Diez Sefirot que van desde lo finito hasta lo infinito, están ligados entre sí por una serie de canales. Todo lo que el hombre hace  en la Tierra, se transmite por esos canales. La actuación del hombre puede ser constructiva o destructiva. Toda  actividad de aquí abajo  estimula una actividad similar  en lo alto. El hombre, y particularmente el judío, está investido de una responsabilidad cósmica por medio del canal de las letras de la Torá. Es él  quien despierta o apaga el rigor, la misericordia, el amor y el rechazo  en el Reino Divino.

 

La historia del mundo y de la humanidad está atravesada por el combate de la luz  con las tinieblas, con el que se identifica la lucha del Pueblo de Israel por sobrevivir. Esta dramatización de la existencia en general, y de la existencia judía en particular,  proponía a los judíos un ideal de conocimiento profundo del alma de la Ley, es decir de los mandamientos y de los relatos históricos de la Torá, la búsqueda de la pureza espiritual y corporal que les da  acceso a lo Infinito. La Cábala les suministró, de este modo, valores-refugios. Estas ideas básicas del Zohar servirán como base para la mística luriana, la que mencionaremos más adelante.   

 

El Zohar fue durante largos siglos, y sigue siendo entre los cabalistas judíos, el Libro de los Libros con relación  a la inspiración mística y a la comprensión del papel de los judíos en la   historia.

 

En el amplio espectro de la creatividad esotérica de la España Medieval  mencionamos ahora el nombre de Abraham Abulafia, creador de la doctrina de la Cábala profética, quien se apoya abiertamente en la Revelación Divina, como así también figura en la literatura pseudepigráfica y especialmente en los elementos psicológicos e históricos, divulgados  originalmente por místicos no judíos.

 

Cabe subrayar que Abulafia muchas veces menciona no sólo sus relaciones sino también su amistad con sabios cristianos. Es característica de sus obras la  mezcla de racionalismo y  emocionalismo, a  fin de "liberar el alma y desatar los lazos que la prenden".  Elabora una disciplina novedosa  para la "ciencia de combinar letras", considerándola como una guía metódica para la meditación, que es la fuente para descubrir los secretos escondidos en los textos revelados.

 

Una obra importante del siglo XIV es "Menorat Hamaor "  de Israel  Al-Nakava de Toledo, que es un manual del judaísmo que procura compendiar lo nuevo y lo viejo, el esoterismo y la Ley mosaica y  talmúdica, la leyenda y la razón, la filosofía y la ética práctica de todos los días. De esta manera, el misticismo se integra ya como un elemento natural dentro de la trama mayor de la tradición judía.

 

Los siglos X - XIV del judaísmo español  pueden ser considerados como la "Edad de Oro" en cuanto al florecimiento cultural-espiritual. En este marco, la Cábala conquistó sus máximos y definitivos logros. El anhelo por lo divino progresaba en las vías de la contemplación, meditación y especulación. España  se transformó  definitivamente en un gran centro judío cabalista, y de ahí irradiaba conocimientos y sabiduría mística al resto  de Europa y más tarde también a Oriente.  Casi siempre existió  problemas religiosos y políticos dentro de la judería de España. Pero,  era posible respirar libremente la paz del pensamiento, independiente de la realidad  político-económica inmediata.

 

De pronto todo cambió. Sobrevino el año 1492. La expulsión de los judíos de España fue una catástrofe nacional. Se destruyó algo que se consideraba firme y estable, y no se sabía  qué iba a pasar en el futuro, cómo se repondría y cómo  continuaría la vida.

 

Dentro de las preocupaciones generales, también la Cábala debía cambiar su rumbo. Debía reinterpretar la historia y dotarla de algún sentido redentor y salvador, a fin de  huir del abismo nihilizante. Una sola idea podía restablecer el equilibrio perdido: la de la llegada del Mesías.  Una idea que, por supuesto, flotaba  teóricamente siempre en todo divagar judío. Ahora la idea, de algún modo debía encarnarse, penetrar en la carne de la gente y conmover su alma hacia una superación, una sublimación. Los grandes sufrimientos  están anunciando  un parto mesiánico. Estaba por perder poder e influencia la Cábala especulativa  y entregó su lugar a la práctica: buscar el automejoramiento para mejorar al mundo, para que éste esté listo y preparado para recibir al Mesías.  

 

Aunque el cristianismo tiene sus fuentes propias  también  respecto de la mística, de la gnosis y del esoterismo, en  pleno Renacimiento  la Cábala ingresa por distintas vías al seno de la meditación cristiana. Incluso surge una corriente conocida como la Cábala Cristiana - véanse las obras del, entre comillas, "rebelde" Giordano Bruno.  Los círculos florentinos, ligados a los Médicis, encontraron en el misticismo  judío una fuente de la antigua sabiduría. El que colocó los cimientos para estos estudios fue Giovanni Pico de la Mirándola, inspirado por el cabalista Menajem Recanati.  

 

Pico de la Mirándola consideraba que las disciplinas judías en la mística le  servirían para interpretar y comprender mejor el Misterio de la Trinidad y de la Encarnación.

 

Ya desde las persecuciones del año 1391 en España,  hubo cierta emigración sefaradí  hacia Palestina. Muchos de los expulsados en 1492 se fueron directamente a Palestina, mientras que otros pasaban un  tiempo  en otros países por el camino, especialmente en Magreb,  y luego llegaban a Palestina, ante todo a Safed, donde ya existía  un famoso centro místico que creció enormemente  en los años posteriores.

 

El  jefe incondicional de los místicos de Safed y de toda Palestina,  era Itzjak Luria Ashkenazi, es decir el ARI de León, descendiente de refugiados.

 

Luria nació en Jerusalén en el año 1534, en el seno de una familia de  ashkenazim. Pasó su juventud en Egipto, donde estudió el Talmud y  profundizó en el Zohar, buscando en él una respuesta a los problemas máximos de la fe y de la vida. Empezó a llevar una vida aislada, ayunaba con frecuencia y se entregaba a la oración; algunas  veces cayó en éxtasis. En el año 1570 llegó a Safed, ingresó a la sociedad local de los cabalistas y asumió su jefatura. Celebraban ceremonias misteriosas, entonaban oraciones y cuentos inspirados. Creían estar cerca de la proximidad del Fin de  la Diáspora,  prepararse para la llegada del Mesías y estar listos para recibirlo en cualquier momento.

 

La tensión mesiánica de la época, encontró su mejor expresión en la Cábala Luriana. Luria insiste principalmente en la espera del Mesías. Las persecuciones de España parecían tan paradójicas, que podrían ser ellas las últimas convulsiones anunciadoras de la liberación final. Pero, el hombre debía apresurar la venida del Mesías por su devoción, por su éxtasis, buscando unificarse con la divinidad con un fervor  profundo en todos sus actos religiosos. No se trata sólo de la venida del Mesías, enseña  Luria, sino antes,  de su liberación. El Mesías también está preso y está esperando que las actividades constructivas de los seres humanos  lo liberen de sus cadenas.

 

Toda su reflexión  gira en torno al “Tikun”, es decir, restituir la imagen de Dios en el mundo.  Las chispas divinas, llamadas nitzotot,  están ahogadas por los kelipot,  por las cáscaras, que son materia bruta e impura. Hay que romper  las cáscaras y liberar las chispas para restituir y recomponer el rostro del Todopoderoso, y, de esa manera, llegará la  redención al hombre en la historia, como  al portador de este rostro, puesto que  el hombre  fue creado a Su semejanza.

 

Luria entiende la historia como un drama cósmico de pérdida y restitución, exilio y redención. El papel mediador entre el comienzo y el fin de los tiempos, le toca al Pueblo de Israel. Su sufrimiento es símbolo vivo del Dios perdido entre las "cáscaras". Su redención, cuando ocurra, traerá como consecuencia  la redención de la Humanidad, por  intermedio de la liberación de las chispas asfixiadas. Este es el proceso mesiánico. Entonces, al hombre no le cabe la tarea de aguardar pasivamente, sino de actuar. La tarea es de todos y de cada uno, comenzando por la chispa que se anida en lo más íntimo de todo ser. El mesianismo es la revolución de todas las esferas, partiendo de sí mismo.    

 

En un momento de grandes convulsiones, repentinamente murió Luria. Falleció en la epidemia de 1572,  teniendo 38 años. Esta muerte brusca, produjo una impresión terrible sobre sus compañeros y discípulos. Empezaron a hablar de él como un santo varón, precursor del Mesías.

 

Después de su muerte, su discípulo más cercano, Rabi Jaime Vital, se convirtió en el maestro del grupo. Era hijo de un sofer –escriba-, y anotó en un libro  las enseñanzas que Luria había transmitido en forma oral, añadiendo numerosas opiniones de él mismo.

 

El fondo de las doctrinas de Luria y de Vital, llamado "Cábala Práctica", consiste en lo siguiente; El hombre, por su naturaleza pecaminosa, se ha alejado de su fuente divina, del mundo de los espíritus puros, cayendo bajo el dominio de los impuros. La misión del creyente debe consistir en liberar su alma de las garras del espíritu maligno, volviendo a unirse con la Divinidad mediante el arrepentimiento y las oraciones. Además, el creyente debe  ayudar a los hombres apartados para que vuelvan a Dios.

 

Existe un estrecho vínculo entre el hombre y los seres celestiales. Todo acto, toda palabra del hombre, produce alguna consecuencia en los mundos superiores y, por una plegaria u otra buena acción, se verifican grandes transformaciones en el Cielo, hasta lograr la llegada del Mesías. Es decir, acelerar el fin de la Diáspora. Se debe desear y aguardar de todo corazón el advenimiento del Mesías, del Redentor.

 

La filosofía Luriana entendió la historia como un drama  cósmico de pérdida y restitución, exilio y redención. El papel mediador entre el comienzo y el  fin de los tiempos, le toca al pueblo de Israel. Su sufrimiento es el símbolo vivo de Dios, perdido entre las cáscaras. Cuando  ocurra Su redención, vendrá  la Redención de la Humanidad.

 

Estas enseñanzas de los cabalistas prácticos hallaron un eco en la mente y en el corazón  de los judíos y, finalmente produjeron un movimiento mesiánico, liderado por Shabatai Zvi y Jacobo Frank que, en el siglo XVII, conmovió todo el mundo judío. Sin embargo,  se tornó obvio que ambos eran impostores y estafadores, y no Mesías, y llegaron a juntarse con los enemigos de los judíos.

 

El lurianismo, dentro del jasidismo fue una luz reconfortante para las masas judías, y una fuente de esperanza en medio de sus sufrimientos después  de la expulsión de España.

 

Las enseñanzas de ARI y de su fiel colaborador, Jaim Vial, se divulgaron en el jasidismo Oriental y fueron estudiadas, creídas, aceptadas  y divulgadas por los jasidim de todos los tiempos.

 

Un descendiente de los expulsados, Yehuda Abravanel (León Hebreo), (1470-1535), aún influenciado por los místicos para quienes el amor a Dios era considerado como la obligación primordial,  extiende este amor también hacia Sus criaturas. Describe esta teoría en su obra principal: "Diálogos del Amor".

 

Escribe que el amor humano es la clave fundamental del misterio de la existencia. Considera que la consumación física del amor heterosexual  es un acto místico, preñado  de consecuencias cósmicas. La unión de la mente con las ideas  de Dios, corresponde a la aclamación extática del amor erótico. Al rendir su alma a Dios, el hombre  encuentra la culminación de su verdadero yo. Amor a Dios significa conocerlo, y conocer a Dios es amarlo, y unirse a El.

 

De este modo, el amor a Dios es la meta última de toda aspiración humana. Pero, además, se debe reconocer en todo lo que existe; esto  conduce al empeñoso buceador de  sabiduría, a las cumbres más altas del éxtasis.

 

Un alumno le preguntó a su maestro jasídico: "¿Cómo puedo amar a Dios?" El maestro le contestó: "Amando a Sus criaturas". "¿Y cómo puedo servirlo?" - continuó el joven. "Sirviendo a Sus criaturas" - fue la respuesta.

 

Consideramos que ésta es la enseñanza básica del misticismo judío.

 

 

 

Nota: Compilado a base de las conferencias del autor en el Centro Cultural de España en Santiago durante el año 1995.

 

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