RASHI Y RAMBAM

 

Congreso Internacional de Estudios sobre Maimónides

1985

 

Este año se conmemora el 850º aniversario del nacimiento de Rabi Moshe ben Maimón, y el 880º aniversario de la muerte de Rabi Shlomo ben Itzjak; a ambos se les conoce por la abreviatura de sus nombres: RAMBAM y RASHI.

 

Mencionar las dos personalidades juntas, no es sólo una coincidencia de fechas, sino una realidad cultural-histórica, pues ellos muchas veces han figurado juntos en los almanaques de la historia espiritual de nuestro pueblo. Estamos acostumbrados a considerar aquellos tres siglos que comienzan con Saadia y terminan con Maimónides,  como la Época de Oro de la cultura judía. La fama de RASHI  y de RAMBAM, ambos pertenecientes a esa época, trasluce, no sólo los siglos del Medioevo, sino también toda  nuestra historia espiritual. Los dos son considerados –con razón- como los mejores representantes de su época, cuya influencia no deja de hacerse sentir hasta hoy.

 

Si estudiamos con atención la actuación de estas dos estrellas de la cultura judía, nos damos cuenta de que son dos tipos diferentes en la manifestación del espíritu del judaísmo y caracterizan dos caminos diferentes dentro de la cultura judía.

 

El transcurso de la  vida de estos dos sabios demuestra una gran diferencia, que se refleja, también, en el contenido de sus obras.

 

RASHI es el realizador de los ideales de los antiguos maestros de las academias de Palestina y de Babilonia: estudiar y profundizar sin cesar, los conocimientos acerca de los libros de la  Biblia y la literatura religiosa tradicional. Ese era el objetivo de su vida, la razón de ser de su actividad, por lo menos así nos parece basándonos en los pocos datos que conocemos de su biografía.

 

Nació en Troyes; su padre fue versado en la literatura tradicional. Según una leyenda, un ángel informó a sus padres, antes de su nacimiento, que su hijo iba a iluminar el mundo con su sabiduría. Por lo tanto, le dieron una educación muy cuidadosa.

 

Como joven, estudiaba en Mainz, Worms y Speyer; aprendió mucho en estas escuelas que eran verdaderos tesoros espirituales de la herencia cultural, legada por Rabenu Guershon ben Jehuda, quien lleva el epíteto “mero hagola – luz de la diáspora”. Estudió mucho de famosos maestros y copió mucho de sus apuntes. Luego, volvió a su patria y formó su propia escuela en Troyes (1070), donde durante 40 años se dedicó a su vocación: investigar y enseñar; enseñar con palabras, con ejemplos, y también escribiendo. Varios centenares de estudiosos, los tosafistas, salieron de esta escuela y, siguiendo el ejemplo de su maestro, aseguraron la primacía para la parte nórdica de Francia, en la exégesis bíblica y especialmente en la interpretación del Talmud.

 

Pero el rol educador de RASHI no se destaca tan sólo por la actividad de sus discípulos, sino mucho más por sus propias obras literarias. Su comentario del Talmud y gran parte de los libros de la Biblia, es una herencia valiosa para las generaciones posteriores, las cuales han apreciado siempre a este gran maestro de estos textos, quien ha sabido establecer un compromiso entre la interpretación literaria y midráshica, utilizando también interpretaciones filosóficas.

 

En muy pocas palabras, ésta es la vida de RASHI. Acerca de su vida privada no sabemos mucho más. Sólo  que  estudió y aprendió mucho sobre bancos y comercio; sabía soldar, grabar en metales, bordar en seda con hilos de plata, y tenía conocimientos acerca de la agricultura  y la ganadería. Su idioma vernáculo era el francés, pero hablaba también el alemán. Unas  mil palabras francesas, que están incorporadas en sus comentarios, significan un valor incalculable para el estudio de la lengua francesa antigua.

 

Los nombres relacionados con él que podemos mencionar en su biografía, son los de sus maestros y de sus alumnos, y también de  aquellos que le escribieron cartas pidiendo su opinión sobre ciertos problemas y a quienes les contestó, pues se le  consideró, y sigue siendo considerado,  muy importante como  árbitro de la Alhaja.

 

Después de haber regresado a Francia, teniendo 25 años, no la abandonó  más. La vida de los judíos de Francia, en aquella época, era tranquila, sin persecuciones. Le era posible vivir sin disturbios y dedicar su vida al estudio en la forma tradicional, inclinándose a veces hacia la mística y absteniéndose de preocupaciones por problemas relacionados con la filosofía y con otras ciencias que todavía no había  penetrado en la cultura judía alemana.

 

La verdadera meta de la vida de Moshe ben Maimon, fue la misma  de RASHI. El también dedicó su vida a la investigación e interpretación de la literatura tradicional. Aunque no como jefe de una escuela, sino como autor de obras eminentes, se transformó en preceptor del pueblo judío. Pero hay una gran diferencia entre los dos: Maimónides asocia un nuevo ideal al de los antiguos grandes maestros de Israel: la filosofía, cuya cuna fue Grecia y la cual, por intermedio de la cultura árabe, había conquistado ya a muchos estudiosos judíos, deseosos de penetrar en los secretos de la naturaleza mediante el razonamiento y el raciocinio y, con sabiduría y erudición, elevarse para  entender el mundo  y encontrar a Dios dentro de la Creación. Ésta fue la doble meta que Maimónides, siguiendo los senderos de Aristóteles, se había propuesto,  para la cual unió su propia vocación con la de los antiguos maestros. Esta unidad es característica a la personalidad de RAMBAM y da un carácter específico a sus obras.

 

Su desarrollo intelectual está determinado –hasta cierto punto- también por el lugar y la época donde pasó gran parte de su vida. Siria y Palestina vivían en el fervor de las Cruzadas. En el Califato de Bagdad hubo rebeliones. Europa estaba sumergida en el sueño medieval. Al contrario de todo eso, Egipto florecía,  tres excelentes sultanes fortificaron la paz y el desarrollo internos. Egipto era el lugar de encuentro de tres grandes culturas: la egipcia, la hebrea y la griega. No es mera casualidad que Filón de Alejandría y Saadia, los mejores exponentes de la filosofía judía de la época, estudiaban y enseñaban allí.

 

Las obras principales de RAMBAM, como también las de RASHI, tratan la interpretación de la Biblia y de la literatura tradicional. Pero, mientras RASHI, restringido por el nivel cultural de su país, y quizás también por su interés personal, se contentó en seguir el texto con aclaración y/o interpretación de lo escrito, RAMBAM, tomando su método del conocimiento de las ideas universales y utilizando las reglas de la lógica, construyó sus obras por medio de la división metódica y sistemática de la materia y, por la fuerza obligatoria de coordinarla o subordinarla según la nueva y diferente escala de valores.

 

   Ya en su primera gran obra literaria, que es el comentario para la Mishna, llamado SIRAG, la más parecida a los obras de RASHI, Maimónides hace una exposición sistemática de la legislación judía y delimita ciertos conceptos básicos, utilizando los métodos de la lógica.

 

Esta lógica se manifiesta más y llega a su apogeo en su “Mishné Torá “ o “Yad Hejazaka”, donde el enorme material legislativo acumulado durante los siglos pasados, fue organizado  y presentado de tal manera, que cada parte de la legislación recibe el lugar que le corresponde y forma parte de un código legal de orden insuperable, incluyendo también ciertos conceptos fundamentales de la fe y de la moral judías.

 

Estas obras y otras más de RAMBAM toman su tema de la literatura tradicional, mientras su gran obra filosófica, “Dalarat al Jairin”  o “More Nevujim” - “Guía de los Descarriados” – está dedicada a la aclaración de la Escritura Sagrada, cuyo objetivo es el siguiente: “Iluminar la mente de los hombres religiosos a quienes se ha enseñado a creer en la verdad de nuestra sagrada Torá... y que al mismo tiempo, han tenido éxito en sus estudios filosóficos. La razón humana los llama a morar en su esfera y les resulta difícil aceptar, como correctas, las enseñanzas en la interpretación literal de la Torá...  de ahí que están sumidos en perplejidad y ansiedad. Para ellos, por medio de una interpretación correcta de los textos, llega a un conocimiento más amplio donde desaparecen las contradicciones y se forma una coincidencia entre la fe y la ciencia.” En esta obra, donde se manifiesta su carácter de filósofo así como el de investigador racional de los textos, Maimónides llegó al cenit de su actividad y  creó la obra más importante y e imperecedera de su época y de las posteriores.

 

En contraste con RASHI, la vida de RAMBAM fue muy agitada, caracterizada por múltiples persecuciones, migraciones, problemas familiares, de índole económico, por exceso de trabajo profesional como médico, con preocupaciones comunitarias como naguid, por una larga enfermedad y por los signos de la incomprensión de parte de algunos correligionarios fanáticos o ignorantes.  Sin embargo, todo eso no afectó a su personalidad, ni se nota en sus obras.  Ya en los años de su juventud, estudiando con famosos maestros y científicos árabes y leyendo sus obras, aprendió mucho de las ciencias generales y los asimiló a sus conocimientos judaicos. En los años de su madurez, creó sus obras literarias en las cuales la riqueza de su contenido es tan admirable, como la quietud clásica y la claridad sistemática de la forma.

 

En RASHI y en RAMBAM, podemos apreciar los dos tipos del científico judío. El primero no sale de los marcos del bet hamidrash, de la casa de estudios, mientras el segundo no se aisla del mundo exterior; sus maestros y sus amigos no vienen sólo de su propia comunidad, y es miembro activo de un círculo cultural más amplio, universal y multifacético, donde nació y vivió durante toda su vida. El primero, reconoce sólo la literatura religiosa tradicional como objetivo de sus investigaciones, mientras el ansia de ampliar sus conocimientos del segundo, no conoce límites ni restricciones; todo lo que proviene de la sabiduría y del razonamiento de cualquier hombre, es lógico y aceptable para él; los conceptos de la filosofía están junto a los conceptos de la revelación y de la tradición religiosa en su mente, y Aristóteles es su maestro de la misma forma que lo son los profetas o los grandes maestros del pueblo judío. Por esta razón, estudiaba también los libros teológicos del Islam y de otras confesiones, y se esforzaba en conocer las ciencias religiosas de su época.

 

El primero se aferra en las formas heredadas de la investigación y la transmisión y las utiliza con respeto, mientras el segundo aplica los métodos científicos también a la ciencia judía; deduce, define, ordena, forma un nuevo sistema de interpretar y transmitir.

 

RASHI idealiza a los grandes maestros y rabinos de las épocas anteriores, mientras el ideal de RAMBAM es el profeta, en cuya personalidad se unen en forma armoniosa el coraje de un héroe, la inspiración de un orador y la excelencia moral y espiritual de un filósofo. En el grado más alto de la sociedad están los profetas –dice- porque ellos pueden acercarse más al conocimiento de Dios. Luego vienen los sabios y después los piadosos ignorantes y, por fin, los “ame haaretz”, los nómades  sin cultura y sin piedad. Sin embargo, la Providencia Divina se extiende sobre todos. Para Maimónides, la profecía es una pasión intelectual que necesita sabiduría, sobriedad y valentía y  subraya que buscar el camino profético, vale tanto o más que presentar sacrificios frente a Dios.

 

En general, no es partidario del ascetismo, tan promulgado por los rabinos de la Europa Medieval. La finalidad de la Ley es -dice-, enseñar al hombre a vivir junto con la  naturaleza, andar en el camino medio, comer y beber tanto como es necesario, vivir en ciudades junto con otros hombres, en una sociedad justa que dignifica, y no mortificar su cuerpo y aún menos su alma.

 

La legislación talmúdica, representada también por RASHI, intenta disminuir el contacto social y las relaciones comerciales entre judíos y no-judíos, tildando a éstos como idólatras, y no hace esfuerzos para reconciliar la ley judía con la ley o la práctica civiles. Maimónides no está de acuerdo con esta idea y hace distinción muy marcada entre idólatras y entre cristianos y mahometanos, subrayando que éstos últimos están disciplinados por su religión. Además, las limitaciones talmúdicas se refieren sólo a las circunstancias en las cuales se ha formado el Talmud. Reconoce y aprecia que las enseñanzas del judaísmo referentes al monoteísmo y a la  moral llegaron a ser conocidas y respetadas por medio del cristianismo y del mahometanismo.

 

La noción de que los “jaside umot haolam” – los gentiles honestos y justos del mundo, tendrán parte de la redención divina, está codificada por Maimónides, basándose en la idea de que todos aquellos que observan las siete mitzvot obligatorias para los descendientes de Noe, pertenecen al jaside umot haolam, porque están motivados por la fe en el Único Dios y por la autenticidad del carácter profético de Moisés, y su actuación no se basa sólo en la fuerza lógica. Motivados sólo por la fuerza lógica serían considerados sólo como “sabios” de ciertas naciones paganas. Sin mencionar específicamente a los gentiles justos, Maimónides iguala a todos  los seres humanos que buscan  a Dios, con fervor quieren conocerlo y andar por Sus caminos, y  Le ofrecen culto, que viene de su corazón.

 

El judaísmo medieval, cuyo representante es RASHI, alimentaba también muchas esperanzas equivocadas con respecto a la época mesiánica, especialmente acerca de las retribuciones que tendrán los judíos por los sufrimientos padecidos. Maimónides clarifica las opiniones y dice: “Nuestros profetas anhelaron la época mesiánica,  no por tener poder, riqueza, o dominio sobre los paganos, o por vivir en abundancia  y riqueza, sino para poder vivir libres y ocuparse en sus estudios. En aquella época no habrá  miseria, guerra, odio o violencia, sino habrá justicia, abundancia y bondad  para todos. Los hombres no tendrán otra preocupación, sino conocer el camino de Dios e ir por él.. Israel podrá ser ejemplo y luz para todos los pueblos y todas las naciones en la práctica de la moral y podrá vivir en paz junto a otros pueblos.”

 

Los dos prototipos, representados por RASHI y RAMBAM, son el resultado de las direcciones desarrolladas en la historia medieval del judaísmo, las cuales existen también en la historia de las épocas posteriores. Estas dos líneas surgieron de las dos circunstancias de vida diferentes y tiene su origen en las posiciones opuestas del cristianismo y mahometanismo; religión y cultura monofacéticos de un lado, y respeto a las culturas antiguas, especialmente a la griega, y su incorporación en la cultura propia y el pluralismo, por otro lado. Mientras el grupo europeo, atado por el dogmatismo de la Iglesia,  perdió su contacto con las culturas antiguas, en los países del Islam se ha desarrollado una nueva cultura sincretista que permitió también a  los judíos participar de ella. RAMBAM es representante de este mundo, y RASHI pertenece al otro, en  el cual no hay progreso cultural y no hay  dónde asimilarse.

 

RASHI y RAMBAM. El Rosh Yeshiva (director de la escuela de ciencias religiosas) de Francia,  y el famoso médico de Egipto. Es difícil imaginar dos personas más diferentes, sin embargo, ambos son merecedores del respeto de las generaciones posteriores. Al evocar su memoria, con el mismo reconocimiento hacia ambos, pensamos en sus obras. Recordamos que los comentarios de RASHI sobre la Biblia, son fuente inagotable de alivio espiritual y, sin sus comentarios, el entendimiento del Talmud sería imposible, pues él es el único que  comprende bien la metodología del Talmud e intenta aclarar las dificultades surgidas por la redacción y terminologías no usuales, ofreciendo una explicación muy colorida y repleta de descripciones concretas y realistas, a veces intentando explicar también la razón de alguna obligación.

 

Ponderemos el significado de la actuación de RAMBAM en la legislación judía, en la  cual introdujo sistema y dio luz al laberinto de ese inmenso material acumulado durante  siglos, y apreciamos el significado de sus obras filosóficas, que esclarecen nuestros conceptos religiosos para rechazar las corrientes que enturbian y las influencias confusas, sin mencionar aquí la importancia de sus obras en la medicina, aún para las épocas posteriores.

 

No queremos olvidar que la influencia de ambos científicos ha sido fuerte y dominante, no sólo para los judíos en la oscuridad de los ghettos medievales, llevándoles luz, saber y fe, sino también en el Renacimiento de la cultura de la Europa cristiana; los grandes pensadores de la Iglesia se refieren reiteradamente a Rabí Moisés Aegyptius, como exponente de problemas religiosos, y Nicolás de Lira, quien tuvo gran influencia sobre Lutero cuando éste tradujo la Biblia, aprendió el contenido claro y sencillo del texto bíblico, al ser guiado por las interpretaciones de RASHI.

 

RASHI y RAMBAM. Con gran estimación evocamos la memoria de ambos y al recordarlos, reafirmamos  nuestra convicción de que no es la uniformidad espiritual la que hace la unidad del judaísmo, sino que corrientes e ideologías diferentes pueden florecer y coexistir, siempre y cuando  se basen en la tradición y sirvan al desarrollo cultural y la continuidad espiritual de nuestro pueblo.

 

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