LA CONTRIBUCIÓN DE MAIMÓNIDES A LA CULTURA OCCIDENTAL

 

Conferencia en el Centro Cultural de España

 

Rabi Moshe Ben Maimón (Maimónides, 1135--1204) es la máxima autoridad intelectual de la historia del judaísmo en la época española, o tal vez de toda la historia del pueblo judío.

 

Biografía.

 

El día 30 de marzo del 1135 nació Moshe ben Maimón en Córdoba, Andalucía. La que elogia mucho en sus obras y señala que se considera, a si mismo, como  judío español. Su padre era rabino y científico reconocido y muy apreciado por su carácter humano y humanista. Reconocido, además, no sólo por sus feligreses, sino también por los árabes.

 

En el año 1148, al tener 13 años de edad, su familia debió buscar refugio de la furia de los almohades. Ese año, la hermosa ciudad de Córdoba fue tomada y saqueada por los salvajes berberiscos, y la familia  Maimón, después de haber errado durante años por España, se dirigió al Norte de África y buscó asilo en Fez.

 

Pero ese no era sino el comienzo de otro destierro. Fez era regida por los almohades. Los judíos debían fingir ser musulmanes y la familia partió desde allí y reanudó sus viajes.  Zarparon hacia Palestina, decididos a instalarse en la Tierra de sus antepasados. Después de desembarcar en Acre, prosiguieron viaje hacia Jerusalén. Pero, el país estaba en manos de los cristianos y la población  judía era escasa. Además, pobres en recursos materiales y espirituales, debían sufrir persecuciones.

 

Después de corto tiempo, la familia de Maimónides emigró a Egipto. Se establecieron en Fostat, cerca de El Cairo. Allí pasó Moisés ben Maimón el resto de su vida.

 

A pesar de todas estas emigraciones, la educación de este joven peregrino no fue descuidada. Su padre, discípulo del famoso Alfasi, le enseñó la Biblia y el Talmud  y le posibilitó estudiar matemáticas, física, astronomía, medicina y filosofía con maestros árabes. Tampoco le impidieron sus viajes  dar comienzo a algunas de aquellas obras que lo convertirían, más adelante, en la mayor autoridad de su época. y también de las épocas posteriores.

 

En Egipto, en los primeros años, las cosas se presentaron mal para Moisés. Poco después de su arribo, murió su padre y después, su hermano David, quien mantenía la familia con el comercio de piedras preciosas. Se hundió en el Océano Indico, junto con su fortuna.

 

Moisés se dedicó a la medicina y alcanzó tanta fama en su profesión, que fue nombrado médico de la Corte del Sultán Saladino, gobernador de Egipto. Pero, como Saladino estaba casi siempre en el campo de batalla, quien verdaderamente regía el país era el visir Alfahed, amigo y admirador del sabio, a quien elevó a la autoridad máxima de la comunidad judía, con el título de  Maguid.

 

Maimónides hizo buen uso de su influencia para mejorar la suerte de sus hermanos en Egipto, y también en otras tierras vecinas, como por ejemplo en Yemen.

 

La fama de su sabiduría y erudición se extendió por todas partes. Desde todos los países, su pueblo pedía su consejo acerca de cuestiones grandes y pequeñas, tal como en otros tiempos buscaban orientación en las Academias de Babilonia.

 

Aunque es una obra legislativa, incorpora conceptos filosóficos, teológicos y científicos, como por ejemplo  un sistema completo de la metafísica, de cálculos astronómicos para la elaboración de un calendario, doctrinas sobre el Mesías, refutación del cristianismo, mahometismo y sus fundadores.

 

Con respecto a éste último, hay que subrayar que, aunque sufrió mucho por la intolerancia de los mahometanos, jamás los califica de idólatras, y la adoración que ellos ofrecen a la Piedra de Kaaba no disminuye -según su criterio- el carácter monoteísta de su religión.

 

No está de acuerdo con ciertas enseñanzas del cristianismo, que es la segunda religión monoteísta, pero lo aprecia mucho por ser divulgadores del monoteísmo y de la moral.

 

La obra "Guía de los Perplejos"  se compone de tres partes. La primera, determina la idea de Dios a nivel filosófico, y se opone fuertemente a las imaginaciones antropomórficas, planteadas por las masas. El tema del segundo tomo, es la relación de Dios con el mundo creado. Comienza con la argumentación sobre el carácter "creado" del mundo y luego trata el profetismo, presentándolo como la emanación espiritual de Dios. El tercer tomo contiene una introducción de carácter metafísico, es decir, a ciertos problemas eternos de la fe: el objetivo de los sufrimientos terrenales, la razón de las leyes divinas en general y la de algunas en particular. Y para concluir, hace  un resumen de todo lo tratado.

 

Rabi Moshe ben Maimón, como también muchos  pensadores de la época, se vieron primeramente ante una cuestión de epistemología. Su visión se podría resumir de este modo: la razón es necesaria, pero no es suficiente. La razón puede ser orientación en las "cosas sublunares", para emplear la terminología de  la época, y no en la naturaleza del ser humano, ni en las grandes interrogantes: vida y muerte. Así dice Maimón: "Considero indiscutiblemente exacta la teoría de Aristóteles en lo que se refiere a las cosas existentes entre la esfera de la luna y el centro de la tierra. Pero lo que dice Aristóteles acerca de las cosas situadas más allá de la esfera de la luna, procede de la imaginación y de la opinión personal de Aristóteles... y contiene grandes improbabilidades."

 

RAMBAM, como sus contemporáneos, consideraba dos fuentes del saber: la razón y la revelación, las cuales se complementan y se explican mutuamente, pero nunca se contradicen. La tarea del pensador es armonizar las diferentes enseñanzas. En esta tarea, el problema mayor se presentaba en la naturaleza del lenguaje bíblico, adjudicando a Dios formas corporales -antropomorfismo- como emociones humanas - antropopatismo. Maimónides dedica gran parte de su obra a la presentación de diversas claves posibles para estas expresiones, como también aporta otros términos difíciles de entender, en un sentido más conforme a las exigencias de un monoteísmo puro y llega a la conclusión de que Dios es incognoscible. Por lo tanto, no podemos definir  qué y cuál es Dios. Pero, podemos aproximarnos al conocimiento de Dios, proclamando lo que no es. 

 

Reconocimientos actuales.

 

En nuestra época,  Maimónides es reconocido como uno de los más sobresalientes científicos de la cultura universal. En el Capitolio de Washington se puede admirar su efigie entre otros bajorrelieves de grandes legisladores de la humanidad. En la Facultad de Medicina de la Universidad René Descartes en París,  un medallón representando a Maimónides reconoce su valía médica. También España lo ha recordado como uno de sus hijos predilectos.  En 1935, con motivo del octavo centenario de su nacimiento, se celebró un gran homenaje al filósofo cordobés, con publicaciones de notable interés. En 1961 se  erigió una estatua  en su ciudad natal, Córdoba y poco después, se editó un sello postal con su efigie. En 1985, en conmemoración del aniversario Nº 850 de su nacimiento,  se organizaron varias conferencias y otras actividades culturales y científicas en homenaje a Maimónides, en diferentes ciudades españolas y especialmente en Córdoba, que culminó con un Congreso Internacional y una Exposición. En la Semana Conmemorativa organizada por la Universidad de Sao Paulo, Brasil, quien les habla  dictó tres conferencias sobre él. En todos los países con vida cultural, son constantes los libros y los artículos que investigan su figura y su obra.

 

Campos del saber cultivados por Maimónides.

 

Maimónides cultivó varios campos del saber. Se suelen agrupar sus obras en el campo de la religión legislativa y filosófica, de la medicina y de la astronomía. Pero hay que tener en cuenta que en sus obras rabínicas aflora la filosofía, como en sus obras filosóficas se distingue el rabino. En unas y otras, el médico; y en otras más, el astrónomo práctico. Sin embargo, por encima de todo, en todas sus obras prevalece  el maestro y el pensador.

 

En lo que se  refiere a la medicina, a la astronomía y a la filosofía, sus obras son  muy variadas. En el área  rabínica se destaca, ante todo,  la codificación, es decir la clasificación sistemática de las normas legales, las responsas y el análisis de problemas concretos a la luz de la legislación bíblica y talmúdica. Emitió diferentes  dictámenes con fines prácticos. Fue gran comentarista de la Sagrada Escritura, de la Mishná y de la Guemará - es decir, del Talmud.

 

En estas obras, Maimónides trata de armonizar la ética aristotélica con las enseñanzas rabínicas, y las analiza sucesivamente, según los siguientes criterios:

 

a.) el alma y sus facultades

b.) 3l objetos de la ética, para perfeccionar  el carácter

c.) las dolencias del alma

d.) cómo curarlas

e.) los medios para alcanzar el fin último que es el conocimiento de Dios, para poder andar en Sus caminos 

f.) el hombre virtuoso

g.) los diferentes grados de la profecía

h.) la superioridad de Moisés sobre los demás profetas

j.) el libre albedrío.

 

Los Trece Principios presentan las creencias del judaísmo, exponiéndolos como  su base dogmática:

 

1.- la Existencia de Dios, Quien es el Creador de todo lo que existe;

2.- La unidad y la unicidad de Dios;

3.- La incorporeidad de Dios;

4.- La Eternidad de Dios;

5.- La negación de la existencia  de otros dioses;

6.- La existencia y la veracidad de la profecía;

7.- La primacía de Moisés entre los profetas;

8.- El origen divino de la Torá;

9.- La inmutabilidad y la permanencia de la Torá;

10.- La omnisciencia de Dios;

11.- Premio y castigo divinos;

12.- La esperanza en el  advenimiento del Mesías;

13.- La resurrección de los muertos según la voluntad de Dios.

 

Algunos de estos principios básicos se incorporaron en la dogmática de  otras religiones monoteístas, mientras que en otras se plasman precisamente las diferencias específicas del judaísmo.

 

Codificación.

 

Las obras codificadoras de Maimónides contienen una clasificación sistemática original, así como una lista detallada de los preceptos del judaísmo cuyo número total es 613. De éstos, 248 son preceptos positivos, es decir: "harás"; y 365 son negativos, es decir: "no harás".

 

Se trata de una amplia y minuciosa ordenación de todas las leyes y normas religiosas y jurídicas de la literatura talmúdica, presentada en una exposición sistemática, jamás lograda  anteriormente en la historia del judaísmo. Conviene recordar que las leyes judías son jurídico-religiosas, es decir, que enjuician de modo igual o semejante el pecado religioso y el delito social, puesto que ambos están sujetos a leyes que emanan de Dios. 

 

Los libros jurídicos de Maimónides son un modelo de ordenación lógica y exposición metódica, en los cuales cada capítulo y cada párrafo sigue en su natural secuencia al que lo precede.

 

Aunque los libros jurídicos de Maimónides son obras de carácter jurídico- religioso, incorpora en ellos numerosos aspectos filosóficos y científicos, de tal manera que incluyen un completo sistema de metafísica y ética, donde se abordan los temas fundamentales del judaísmo: principios éticos, fundamentos de la legislación y de la ley, definición del paganismo y de la idolatría, la penitencia, y otros temas más.  

 

Naturalmente las leyes y el sistema de la legislación presentadas por Maimónides, se refieren a los judíos y les obligan a su cumplimiento. Sin embargo, fueron estudiados en el idioma vernáculo de los judíos y también en latín para las facultades jurídicas en las  universidades medievales, donde sirvieron como ejemplo y base de comparación  legal. 

 

El interés  que han despertado y siguen despertando las obras jurídicas  de Maimónides, y especialmente  "La Segunda Ley" - en hebreo "Mishne Torá" - queda reflejado en el gran número de  manuscritos que conservan esta obra.  Existen numerosas ediciones, algunas adornadas con magníficas miniaturas.. Entre éstas hay que destacar las versiones castellanas editadas por los sefaradíes de Amsterdam, en el siglo XVII.

 

Las responsas y las cartas de Maimónides, en su mayoría contestaciones a consultas, son de contenido jurídico-religioso sobre variadas cuestiones, temas e  inquietudes acerca de interpretaciones del Talmud y de otros códigos  jurídicos, además de problemas y  asuntos teológicos y filosóficos de la vida cotidiana.

 

La lúcida inteligencia de RAMBAM produjo otra obra más que lleva el título "Dalaarat Al Jairin" - "Moré Nevujim", es decir  "Guía de los Descarriados" o "Guía de los Perplejos". La escribió para aquellos cuya mente era atraída por la filosofía y las ciencias de la época y que  encontraban que su fe resultaba incompatible con la razón. "El objetivo de este tratado - escribe - es iluminar la mente de los hombres religiosos a quienes se había enseñado a creer en la verdad de nuestra sagrada Torá y que, al mismo tiempo, han tenido éxito en sus estudios filosóficos. La razón humana los llama a morar en su esfera, y les resulta difícil aceptar como correctas las enseñanzas basadas  en la interpretación literal de la Torá.  De ahí que están sumidos en la perplejidad y en la ansiedad."

 

En el mundo  de la filosofía y de la razón humanas, Aristóteles seguía siendo aún el monarca reinante también para Maimónides, aunque los aspectos políticos de su filosofía lo acercaban más a  Platón.

 

La obra "Guía de los Perplejos"  se compone de tres partes. La primera parte determina el concepto de Dios en nivel filosófico y se opone fuertemente a las imaginaciones antropomórficas, planteadas por las masas. El tema del segundo tomo es la relación de Dios con el Mundo Creado. Comienza con la argumentación sobre el carácter "creado" del mundo y luego trata el profetismo, presentándolo como la emanación espiritual de Dios. El tercer tomo contiene una introducción de carácter metafísico y luego a ciertos problemas eternos de la fe: el objetivo de los sufrimientos terrenales, la razón de las leyes divinas en general y la de algunas en particular. Y para concluir, da un resumen de todo lo tratado.

 

Una de las formas  con  que  trata de iluminar RAMBAM al perplejo,  es interpretando los pasajes de la Biblia de una manera no literal, sino figurativa. Otra forma consiste en conciliar las enseñanzas de la filosofía y de las ciencias con las de la Torá. Como ya hemos mencionado, Maimónides no era un seguidor inflexible de Aristóteles. Por el contrario, chocaba con él en una cantidad de cuestiones fundamentales. ¿Carece el universo de origen material? ¿Carece de fin y de finalidad? ¿O es el resultado de la voluntad y del propósito creadores de Dios? ¿Es el hombre una criatura aherrojada por los grilletes  de la predestinación; es un irresponsable esclavo de la necesidad, o está dotado de libre voluntad y albedrío, por lo tanto, es responsable de todo lo que hace y de lo que deja de hacer? Con brillante dialéctica y oponiéndose a Aristóteles, Maimónides sostiene las doctrinas de la creación evolutiva y del propósito divino, como también las del libre albedrío y la responsabilidad, principios que son básicos no sólo para el judaísmo sino también para las otras religiones monoteístas.

 

Sostiene la idea de que la fe pura y el pensamiento lógico coinciden entre sí, pues reconocen que existe la Gran Fuerza Creadora - Dios - y de esta Fuerza proviene la Creación, y ambos aspiran a elevar al hombre al más completo perfeccionamiento. La verdad de la fe y la verdad de la inteligencia no se contradicen, la una con la otra, en sus conceptos básicos y pueden complementarse, si no llegan a la exageración.

 

Maimónides trazó una línea divisoria bien marcada entre la física y la metafísica; entre la razón, es decir el saber,  y la fantasía, es decir, los instintos. Al mismo tiempo, como pensador, estaba estrechamente ligado a la realidad, es decir, al mundo material, lo que queda documentado también en sus obras de medicina.

 

Además, Maimónides es perfectamente consciente de las limitaciones del intelecto humano y no invoca el juicio de la razón en todos los asuntos. "No vayáis a creer -dice- que estos problemas tan difíciles pueden ser comprendidos en forma completa por cualquiera de nosotros. No es así. A veces la verdad resplandece con tanto brillo, que la vemos tan clara como el día. Pero a veces, nuestra naturaleza y nuestras costumbres arrojan un velo sobre nuestra percepción y retornamos a una oscuridad casi tan impenetrable como antes. Somos como aquellos que, aunque contemplan el fulgor de frecuentes relámpagos, se encuentran en la oscuridad  de la noche."

 

Maimónides escribió su "Guía de los Perplejos" en árabe, la que ha sido traducida al hebreo y al latín. La obra otorgó a su autor un puesto honorable en la historia de la filosofía, pues sirvió como una nueva interpretación de la filosofía griega, no sólo para la filosofía medieval, sino también para la moderna.

 

En su propia época, llegó a ser una de las principales fuentes de la escolástica cristiana, favorecida especialmente por Santo Tomás de Aquino, artífice de la teología oficial católica. La obra ha circulado en latín con el título: "Dux neutrorum sive dubiorum",  escrita por Moisés Judeus.

 

Muchos de los filósofos a través de los  siglos, incluso  hasta hoy, intentaron conocer la Guía, explicarla y utilizarla en sus actividades filosóficas. Como ejemplo mencionemos a los siguientes filósofos:

 

Alexander of Hales, William of Auvergne, Albertus Magnus, Tomas de Aquino, el Maestro Eckhart, Duns Scotus, Spinoza, Bergson, Mendelssohn y otros más lo han considerado como su predecesor espiritual.

 

La tradición hebraica considera a este Moisés como igual al gran profeta. Los escolásticos cristianos le apodan "el águila de la sinagoga", por sus esfuerzos por conciliar la Biblia con la obra aristotélica. 

 

Desde el punto de vista de la cultura universal, es muy importante la  correspondencia de Maimónides con Avicenna,  ilustre médico y uno de los hombres más notables de su época.

 

Digamos también algunas palabras de Maimónides el astrónomo.

 

La ciencia de la astronomía de la Edad Media, estaba fundamentalmente basada en los cálculos matemáticos,  más que en la observación directa de las estrellas y de los planetas.  Los telescopios y los demás instrumentos astronómicos de precisión, desarrollados en la época moderna, han ampliado el campo de la investigación astronómica; por supuesto  no  existían todavía en la época medieval. Tal vez no estaban interesados tampoco por la astronomía en sí misma, sino en función de la práctica religiosa judía, en lo que se refiere a la fijación de las fiestas en el ciclo litúrgico anual.

 

Maimónides conocía lo esencial de los escritos de astronomía de sus predecesores y coetáneos griegos, Pitágoras, en el siglo V a.e.c., Aristóteles, 384-322 a.e.c., Euclides, aprox. 300 a.e.c., Apolonio de Pérgamo, aprox. 200 a.e.c., y la fundamental obra  "Almagesto" de Ptolomeo, en el siglo II e.c. y de los  científicos árabes, Avicenna, Atrempece, Averroes, y otros. Si aceptamos que los cálculos astronómicos establecidos por ellos están  basados en pruebas ciertas e irrefutables -  dice Maimónides, -  le es lícito al judío religioso servirse de ellos,    aunque se trate de la opinión de sabios gentiles.

 

Son dos las obras de Maimónides en este campo del saber astronómico, y las dos tratan problemas de la fijación del calendario. La primera "El Tratado sobre el Calendario", del año 1158. Es obra de su juventud y fue redactada durante su deambular por  Andalucía.

 

Su segunda obra es "Reglas de la consagración de las neomenias - de la Luna nueva". Está integrada en uno de sus libros legislativos el que redactó en Egipto.

 

En varias otras obras se demuestran sus conocimientos astronómicos no sólo teóricos sino también técnicos, como por ejemplo, en su escrito "El laminar" figura la descripción de un cuadrante solar o un reloj de sol.

 

Resulta  de especial interés la postura de Maimónides en relación con la astrología. Le preguntaron en 1194 los rabinos de Marsella, si era compatible con los principios de la fe judía. En una respuesta -que dio por escrito-  y aun reconociendo que la astrología era la primera "ciencia profana" de la que se ocupó, se manifiesta decididamente en contra. Según su opinión, es necesario distinguir esta seudociencia de la autentica ciencia de la astronomía. 

 

Hay que destacar en Maimónides su espíritu docente. Era un maestro predestinado a la enseñanza. Pero lo era también por ser rabino, ya que en la misma escuela para la formación rabínica, estaban incluidos el estudio y la enseñanza.

 

La lectura de sus obras más importantes suscita la impresión de que Maimónides fuera de ser un sabio a veces austero, rígido y melancólico,  era también cálido. Inculcaba en su hijo la modestia, la  humildad, la fina inteligencia y un carácter noble.

 

Medicina.

 

Destacamos la importancia de los médicos árabes de la época  y con ellos, en forma reducida, la contribución de los médicos sefaradíes en el desarrollo de la medicina en España y también de  toda Europa.

 

La medicina árabe, durante el califato de Bagdad, fue una herencia directa y depositaria de la medicina griega.  Los textos científicos griegos fueron traducidos al árabe, y a partir de este primer contacto, el mundo islámico asimiló e integró la sabiduría helénica y desarrolló la ciencia médica bajo la influencia de los médicos más importantes de la antigüedad, Hipócrates y el greco - romano Galeno.

 

Antes del florecimiento de la cultura griega, la práctica de la medicina había estado muy apegada a las creencias mágicas, por lo que el carácter nacional que le aportaron los griegos significó un salto cualitativo en la evolución de esta disciplina. Sin embargo, durante mucho tiempo esa otra forma de la medicina, la de magos y curanderos, caminó paralelamente con la medicina científica nacida en el seno de la mentalidad especulativa griega.  El galenismo era la corriente predominante hasta el descubrimiento de la circulación de la sangre, que provocó el derrumbamiento de la teoría humoral, pilar fundamental de la medicina galénica.

 

Los judíos participaron activamente en el desarrollo científico y en la práctica  de la medicina, junto a los cristianos nestorianos, y más adelante se sumaron a la expansión de la medicina islámica que tuvo su momento de mayor auge a partir del siglo IX.

 

A medida  que las conquistas musulmanas avanzaban,  las comunidades judías se afianzaron en el mundo árabe y crearon sus academias en las que, junto a la cultura religiosa judía, también se estudiaban las ciencias humanistas, las naturales  y la medicina. El estudio de la medicina estaba  incluido en el curriculum de los jóvenes estudiantes judíos y su práctica era una de las profesiones más  comúnmente ejercidas, gracias a la cual traspasaron los límites de la aljama judía para adquirir importancia e influencia en las cortes musulmanas y más tarde, en las cristianas.

 

El primer médico judío de la época española fue Hasday ibn  Shaprut, de gran capacidad intelectual y formación universitaria en la medicina y farmacología.  Era el médico de califas y también de príncipes españoles del Norte de España, y de algunos países vecinos.  Tradujo del latín al árabe la famosa obra de Dioscórides sobre  la medicina.

 

Como tantos otros, también Maimónides había estudiado medicina y más adelante llegó a ser el médico del sultán de Egipto y de su familia. La gran obra médica que nos legó, le hace sobresalir muy por encima del resto de los otros médicos judíos.  En efecto, fue el más importante autor médico del mundo judío por su habilidad para aunar sus conocimientos adquiridos en la práctica, y derivados de la lectura de los grandes médicos y científicos de su época.

 

Es interesante mencionar su forma de vivir que conocemos de una carta dirigida a Samuel ibn Tibón, en la que describe una jornada al servicio de los enfermos:

 

"Vivo en Fustat y el rey está en El Cairo.  El atender al rey me resulta muy pesado, pues es imposible no verlo cada día a primera hora.  Cuando lo encuentro débil, o está enfermo uno de sus hijos o de sus concubinas, los curo. Aunque no soy prisionero en El Cairo, paso gran parte del día en la casa del rey.  No es raro que uno o varios oficiales se enfermen, y es necesario que me ocupe de sus curaciones.  Generalmente subo a El Cairo de madrugada y si no hay ningún impedimento y no surge nada nuevo, vuelvo a Fustat mucho después del mediodía;   casi nunca llego antes.  Llego hambriento y encuentro en el  vestíbulo todo un gentío, hijos de gentiles y judíos, personas importantes y vulgares, jueces y comisarios, amigos y enemigos, una mezcla de gente que conocen la hora de mi llegada y vienen a verme.  Me bajo del animal, me lavo las manos y salgo a su encuentro con el fin de calmarles, complacerles y rogarles respetuosamente que me excusen y me den tiempo para comer una comida insignificante que tomo de tarde en tarde.  Salgo a  curarlos y escribir notas y recetas médicas para sus enfermedades.  Ellos siguen allí y no se van hasta la noche, a veces hasta dos horas o más después de pasada la medianoche.  Los receto, les prescribo y hablo con ellos.  Descanso echado sobre la espalda y cuando es de noche, al final ni puedo  hablar a causa de la debilidad".

 

Esta es la información más directa que tenemos sobre su ejercicio de la medicina.  Estas pocas noticias se complementan con las alusiones a consultas particulares de enfermos a lo largo de su obra.  Toda su práctica de la medicina y sus experimentos tuvieron influencia importante en sus obras científicas.  Gran parte de sus escritos fueron compuestos a petición de enfermos que le encargaban escribir tratados sobre las enfermedades que padecían.  A ello hay que agregar que, en el curso del tiempo, para las autoridades también fue fundamental, en la ciencia medieval, la experimentación y el saber derivado de la práctica. Por lo tanto, todos los científicos en la medicina ejercían, a su vez, el oficio de médico practicante.

 

Maimónides estaba plenamente integrado en la medicina greco -  árabe. Sin embargo. no resulta difícil señalar su peculiaridad como médico judío con respecto a sus coetáneos árabes. Esta situación no se refleja sólo en la lengua empleada en sus escritos  científicos, que era el árabe.  La gran mayoría de sus obras  fue traducida al hebreo y al latín, y esta última hizo posible que las obras fuesen utilizadas en las más famosas universidades de la Europa Medieval como libro de enseñanza para los futuros médicos.  Por intermedio de sus obras se salvaron del olvido muchos conceptos de Galeno y de Hipócrates.

 

Antes de referirnos a las obras de medicina de Moshe ben Maimón, es interesante mencionar que empezó a publicar temas medicinales después de haber terminado sus obras de religión y filosofía, y  toda su actuación literaria se hallaba impregnada por su estimación hacia la fe y por sus convicciones religiosas.  A pesar de eso, o tal vez justamente por eso, en el centro de su modo de pensar científico se encuentra la convicción del desarrollo evolutivo, y advierte en igual forma contra el escepticismo respecto al progreso y contra la aceptación ciega de dogmas religiosos, políticos y científicos de su época.

 

"!Escuchad! Cuánto más sean los conocimientos y la sabiduría de un hombre, tanto más son las dudas que lo colman, y esto lo llevará a nuevas reflexiones.  Pero si no contara con estos conocimientos, todos los obstáculos para progresar parecerían fáciles y cometería el pecado de tomar las cosas a la ligera, por falta de escrúpulos, por frivolidad, por irreflexión, por tontería, o por ceder a la tentación de dar respuestas rápidas a aquello que es inconcebible... "  -  escribe.

 

Este enciclopedista estaba muy adelantado con respecto a su época.  En realidad, sus obras demuestran una cantidad enorme de conocimientos, percepciones, referencias y conceptos que llegaron a ser de conocimiento común en la medicina  siglos más tarde, sólo después de grandes avances científicos revolucionarios. Su interpretación inequívoca de la terapia de la rabia  (hidrofobia), aconsejada ya en el Talmud y considerada por muchos durante largos siglos con un encogimiento de hombros, mostró el camino hacia la  vacuna que elevó a la fama mundial a Louis Pasteur, muchos siglos más tarde. Si hoy algunos se oponen a la medicina moderna y apelan a la confianza en las fuerzas curativas de la naturaleza, podemos pensar en Maimónides, quien en su   "Tratado del asma", editado en el año 1190, no sólo subraya el carácter sicosomático de esta enfermedad, sino también aconseja:   "...en estos casos hay que actuar con cuidado;  el médico podría no dejar de tratar el síntoma y reaccionar de inmediato administrando medicamentos... "

 

Tampoco faltan en las otras obras de Maimónides críticas contra aquellos que, para justificar el ejercicio de su profesión, administran  - sin necesidad -  gran cantidad de todo tipo de polvos y tinturas.

 

Sus obras de medicina abarcan, entre otros temas, el problema de la higiene, de las hemorroides, de la vida sexual y sus órganos y comenta sobre 350 especies de hierbas con propiedades medicinales, muchas conocidas y usadas también hoy.

 

Su obra más conocida,  "Fusul Musa",  se refiere a las funciones capilares de la circulación sanguínea de los pulmones, mientras en su tratado  "Guía hacia una buena salud" acentúa que no existe  "salud corporal sin un estado síquico equilibrado".

 

En esta obra trata también la correcta manera de vivir y se puede apreciar sus puntos de vista muy modernos sobre el fortalecimiento corporal:  " La gimnasia hace desaparecer el daño de unos cuantos malos hábitos del hombre.  Pero no todo ejercicio corporal, sea difícil o fácil, es un ejercicio físico. El ejercicio físico, sea una gimnasia liviana o pesada debe, ante todo, estimular la respiración.  Pero no todos pueden aguantarlo demasiado;  por eso es conveniente, mantener la medida también en eso."

 

Aconseja  un  cierto grupo de ejercicios bien planificados, con un aumento regular de los movimientos.  Al practicar cada ejercicio físico - escribe -, hay que prestar atención a la elevación espiritual, de la misma manera como al movimiento del cuerpo, dando prioridad al espíritu sobre el cuerpo, que es opinión fundamental también de los sabios del Talmud. 

 

"Además -escribe- uno debe tener en consideración, que hay que combinar el esfuerzo físico con la alegría y con el contentamiento del espíritu ".

 

Maimónides divide la labor del médico en tres campos:  medicina preventiva, curación y cuidados del convaleciente, incluso del  inválido y del anciano  (gerontología), aconsejando el carácter netamente racional de esta actividad y desaprobando todo tipo de encantamiento, magia, amuletos, etc.

 

Conocemos sus diez obras de medicina y dos de farmacología, traducidas a varios idiomas, que son las siguientes:

 

Obras médicas:

 

- Tratado sobre el coito (higiene sexual y afrodisíaco).

 

- Tratado sobre la curación de los hemorroides.

 

- Tratado sobre el asma.

 

- Tratado sobre el régimen de salud.

 

- Tratado sobre las causas y los síntomas.

 

- Extractos de los libros de Galeno.

 

- Aforismos referentes a la medicina.

 

- Comentario acerca de los aforismos de Hipócrates.

 

Tratados farmacológicos:

 

- Tratado contra los venenos (los venenos orgánicos e inorgánicos  y sus antídotos)

 

- Comentario sobre el nombre de las drogas (lista, por orden  alfabético, del nombre de 2000 medicamentos en árabe, griego,  persa, beriber y latín-español).

 

Lola Ferre, profesora titular de la Universidad de Granada escribe que Maimónides es, sin duda, el médico más importante de la historia de la medicina judía, y uno de los más destacados de la medieval.

 

Según la profesora, la parte más interesante es su aporte original dedicado al tratamiento del alma.  Maimónides conjuga sus ideas acerca del alma como hombre científico y religioso. En este sentido, su posición se distancia necesariamente de su gran maestro Galeno, en cuanto que éste había eliminado cualquier elemento asomático del alma.

 

La idea más sugerente que Maimónides transmite en este tratado  (Cap. III. 12.)  es que la influencia sicosomática ayuda a desencadenar la enfermedad. La influencia del alma en la salud es lo que debe procurar el médico, antes de iniciar otro tipo de tratamiento, para que se equilibren los movimientos síquicos.

 

Un paciente muy agradecido, llamado Said ben Sana Al-Malik, escribió sobre Maimónides:

 

"El arte de Galeno sana sólo el cuerpo, pero Maimónides sana cuerpo y alma."

"Sus conocimientos lo convirtieron en el médico del siglo".

 

Cuando Moshe ben Maimón falleció, el 13 de diciembre de 1204, todo el mundo judío estuvo de luto. Sus restos fueron trasladados desde El Cairo a Tiberíades, donde su tumba permanece intocable hasta el día de hoy, convertida en un lugar de peregrinación para judíos piadosos y para médicos judíos.

 

Para evocar y perpetuar su memoria, citemos su oración personal, que pronunciaba diariamente:

 

 

             "Dios, llena mi espíritu con amor hacia mi trabajo y hacia todas las criaturas. Aparta de mí la tentación y no dejes, que la ganancia y la avidez de la gloria me inspiren al  ejercer mi profesión.

 

            "Mantén en mi corazón la fuerza, que esté siempre dispuesto a servir al pobre como al rico, al amigo como también al enemigo, al justo como al injusto. Posibilítame que en aquel que sufre,  sólo vea al ser humano. Dame la posibilidad de que mi espíritu se mantenga claro y lúcido en todas las circunstancias de la vida, pues la ciencia es grande y noble, y su objetivo es, mantener la salud y la vida en todas las criaturas.

 

 "Concédeme que mis enfermos tengan confianza en mí, en mi capacidad y que sigan mis consejos y mis prescripciones. Aparta de ellos a charlatanes y al enjambre de parientes que dan miles de consejos, y también a los enfermeros que siempre lo saben todo mejor; es una pandilla peligrosa, que puede destruir las  mejores intenciones, por ufanarse o por vanidad.

 

"Préstame, Dios mío, indulgencia y paciencia con los enfermos obstinados y groseros. Dame la capacidad de poder mantener en todo la medida correcta, pero que permanezca insaciable mi sed por la ciencia. Aparta de mí la idea errónea de que tengo facultad para todo. Concédeme la fuerza, la intención y la oportunidad de profundizar cada vez más mis conocimientos, a fin de que pueda utilizarlos para el bien de  todos los que sufren.

Amén".

 

 

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