MAIMÓNIDES EL CODIFICADOR

 

Congreso internacional de estudios sobre Maimónides,

Universidad de São Paulo

1985

 

El año 1985 fue declarado por la UNESCO como el Año de Maimónides, con motivo del 850º aniversario del nacimiento del gran pensador. Motivado por la fecha, pretendo evocar su memoria como codificador, y completar las ponencias que figuren en el programa de este magnífico Seminario, cuyos organizadores merecen todo elogio. 

 

Hacia mediados del siglo XII, el judaísmo de la España de los moros recibió un rudo golpe. Los almohades, a quienes ya se conocía por su inhumana  actuación en África  del Norte, llegaron a España y también allí pusieron a la comunidad judía en la cruel alternativa de la apostasía o el exilio.

 

Entre los muchos exiliados,  se encontraba el hombre que llegaría a ser un eminente médico, filósofo y codificador del judaísmo, el genio a quien la posteridad agradecida dio el epíteto “El Águila”.

 

Moisés ben Maimon, o Maimónides, conocido también por sus iniciales como RAMBAM, tenía apenas 13 años cuando los almohades saquearon su ciudad natal, Córdova, en 1148. La familia Maimón partió en busca de un  nuevo hogar y, finalmente,  llegó a Fez, Marruecos, en el año 1160.

 

Aunque los judíos fueron víctimas de la intolerancia mahometana en Marruecos, el joven Moisés permaneció allí un tiempo, y se embarcó en la creación literaria. En su “Epístola sobre le apostasía”“Igueret Hashmad”, tomó la defensa de aquellos judíos que habían aceptado el credo mahometano bajo presión, practicando el judaísmo en secreto, contra la opinión de los judíos fanáticos, quienes los consideraron apóstatas  irredentes. Al  mismo tiempo, inició su famoso comentario en árabe sobre la “Mishná” – obra legislativa judía, redactada en el siglo III e.c., que lleva el nombre de “SIRAG”.

 

Allí escribió, también, un tratado sobre el calendario judío, en el cual demuestra su gran conocimiento de la  astronomía, especialmente de la famosa obra del griego Ptolomeo “Almagest”, con quien polemiza; y otro estudio sobre los conceptos de la lógica.

 

Pero bien pronto Maimónides sintió que no podía soportar la atmósfera hostil de Marruecos. Después del martirio de Juda ibn Susan, se dirigió a Palestina en 1165, y de allí a Egipto, estableciéndose como médico en un suburbio de El Cairo, en Fostat, que ya contaba con una floreciente comunidad judía. Emprendió fructíferas actividades como dirigente comunitario y autoridad máxima –naguid-. Además, siguió con sus funciones oficiales como médico de la Corte del Sultán de Egipto, cargo que aceptó para mantener a su familia,  elevando así el prestigio de la judería egipcia. Aquí escribió, aparte  de varias obras medicinales de gran envergadura, algunos comentarios del Talmud. 

 

La primera  obra religiosa de Maimónides, escrito en hebreo lúcido y bello, es un gran código sistemático y completo de las leyes bíblicas y  talmúdicas, llamado “Mishne Torá – Repetición  de la Ley”, y “Yad Hejazaka – La Mano Potente”. Es una clasificación ordenada de la vasta jurisprudencia judía legal y ritual.

 

Con respecto a esta obra, el mismo escribe:

 

“Muchas vicisitudes existen en  nuestros días, y todos sienten la presión de los tiempos difíciles. El ‘gran sabio’ de nuestros sabios desapareció; la comprensión de  nuestros prudentes  está escondida. Es por esta razón  que los comentarios de los gaonim, sus compilaciones de las leyes y sus responsas que con  tanto esmero aclararon  las cosas, hoy nos parecen difíciles de entender y existen tan pocos individuos que las comprendan completamente. Parece superfluo agregar que es éste  el caso también con el mismo Talmud –con ambas obras, el Talmud de Babilonia y él de Jerusalén-,  y con la Sifra, Sifre de Tosefta. La comprensión  de todas estas obras requiere una inteligencia clara, un espíritu sabio, y mucho estudio. Sólo así se puede aprender  de ellos, cuál es el camino correcto para determinar lo prohibido  y lo permitido, como también las otras reglas, estatutos y preceptos de la Torá. En esta base yo, Moisés, hijo de  Maimón  el Sefaradí, afanándome y confiando en la ayuda de Dios, bendito sea Él, había estudiado intensamente todas estas obras, con el propósito de compilar y presentar los resultados obtenidos. Todo eso en un lenguaje sencillo y en un estilo conciso, para que toda la Ley Oral pueda ser conocida en forma sistemática por todos, sin que sea necesario citar las discusiones y buscar las soluciones entre varias opiniones... para que esté compuesto en forma coherente, clara y convincente todo lo que se ha presentado desde los tiempos de Moisés hasta el presente, a fin de que todas las leyes sean accesibles para jóvenes  y adultos.” 

 

Es una obra de catorce tomos, cada uno de los cuales trata una esfera determinada de temas con explicaciones ilustrativas, que el sabio tomó de su rico caudal de conocimientos filosóficos y científicos, y que se convirtió en el precursor de la legislación judía vigente.

 

Comienza con las leyes fundamentales de la religión, luego, vienen las leyes de las oraciones y fiestas: después, las del matrimonio, de la continencia, las leyes sobre votos y juramentos; leyes relacionadas con  la agricultura; prescripciones legales de los sacrificios; leyes de la impureza corporal; tramitación de delitos contra la propiedad, derecho civil y criminal. En las últimas partes de esta gran obra legisla las obligaciones del individuo frente a su prójimo, las obligaciones de la sociedad frente a los  que la componen, su sistema jurídico y los  organismos de su defensa.

 

Fuera de eso, resumió y explicó la importancia de los 613 mandamientos, tradicionalmente mencionados como obligaciones y prohibiciones.

 

Aunque es una obra legislativa, incorpora conceptos filosóficos, teológicos y científicos, como por ejemplo sistema completo de la metafísica, de cálculos astronómicos para la elaboración de un calendario, doctrinas sobre el Mesías, refutación  del cristianismo, del mahometanismo y a sus fundadores.

 

Con respecto a éste último, hay que subrayar que aunque Maimónides  sufrió mucho por la intolerancia de los mahometanos, jamás los clasifica como idólatras, y la adoración  que ellos ofrecen  a la Piedra  Kaaba, no disminuye -según su criterio- el carácter  monoteísta de su religión.  No está de acuerdo con ciertas enseñanzas del cristianismo, la segunda religión monoteísta, pero lo aprecia mucho por ser divulgador del  monoteísmo y de la moral…

 

Con la preparación de la Mishne Torá, comienza una nueva era  en la historia de la legislación judía. Antes de Maimónides, eran las escuelas y sus jefes quienes,  basándose en una tradición viva, tomaban las decisiones las cuales eran aceptadas  muchas veces sólo por ciertos grupos del judaísmo. Ahora viene el científico, cuya autoridad está basada en su prestigio reconocido por toda la judería,  y es él quien define qué es y qué no es aceptable del inmenso material amontonado en la legislación judía. Lo que no incorpora RAMBAM en su obra, es consecuencia de su propia personalidad.  más ilustrada, y también de los cambios en la vida social y cultural del pueblo judío. Su opinión y juicio personales se manifiestan por aquello que incorpora, y también por aquello que omite.

 

La  Mishné Torá fue aclamada por el mundo judío y también por estudiosos no judíos, y elevó a RAMBAM  a un nivel hasta entonces  no alcanzado por ningún dirigente judío. Pero la obra tuvo también sus opositores. Hubo algunos que criticaban su posición racionalista; otros, temían que fuese a suplantar el Talmud; y hubo envidiosos del prestigio que esta obra le otorgó a su autor.

 

En Fostat publicó también su gran obra filosófica More Nevujim – Guía de los Descarriados, con el  cual se transformó en el filósofo más grande del Medioevo. Maimónides es básicamente aristotélico y, desde el punto de vista político,  discípulo de Platón. Sostiene la idea de que la fe pura    y el pensamiento lógico coinciden entre sí, pues reconocen que existe la Gran Fuerza Creadora (Primus Motor – Dios), y de esta Fuerza proviene la Creación, y ambos aspiran a elevar al hombre al más completo perfeccionamiento. La verdad de la fe y la verdad de la inteligencia  no se contradicen la una a la otra en sus conceptos básicos y pueden complementarse, si no llegan a la exageración.

 

Maimónides trazó una línea divisoria bien marcada entre la física y la metafísica; entre la razón –es decir el saber- y la fantasía -es decir los instintos-, y al mismo tiempo, como pensador, quedó estrechamente ligado a la realidad, al mundo material, lo que queda documentado en sus obras de medicina.

 

 Muchas veces se pregunta cuál es la obra principal de Maimónides. En el campo de la práctica religiosa judía, es  la  Mishné Torá  o Yad Hejazaká; en el de la ciencia religiosa universal es Moré Nevujim  pues ambas obras marcan una época en su género. Nos parece que la Mishné Torá es la obra maestra de su vida, en la cual el carácter genial de Maimónides se une con la totalidad del mundo específicamente judío. En este Corpus Juris se percibe que la literatura tradicional es la obra memorable del espíritu judío y de su sentido de legitimidad.  La obra ofrece el único sistema completo de  legislación bíblica, talmúdica y gnóstica, realizada por una sistematización insuperable. Es una obra científica. Sin embargo sirve también para fines prácticos.

 

Maimónides –como lo dijimos ya antes- fue el  primero que codificó la religión judía en  su totalidad, subrayando su carácter activo expresado ya en el Pirke Avot: “lo hamidrash ikar ela hamaese – lo más importante no es la interpretación sino el hecho, la práctica”; y para eso, es necesario conocer el cómo.

 

 Muchas veces hemos escuchado la acusación de que el judaísmo es una religión legalista (Gesetzesreligion), opuesta a la religión de amor y de salvación.  No es nuestra tarea discutir esta afirmación, tampoco consideramos necesario defendernos. Creemos suficiente mencionar  que todas las religiones tienen leyes, y todas proclaman  el amor, la moral,  la ética. Así, en la Torá hay leyes, pero también partes emocionales,  amor y promesa de redención. La diferencia es que para nosotros, amar al prójimo significa la misma obligación  legal que santificar el shabat o no hacer mal uso del  Nombre de Dios. Maimónides mantiene este criterio de igualdad, de no hacer diferencia  en su labor codificadora, incluyendo en su código todo lo que forma parte de la vida de un judío como individuo, como parte del pueblo judío y también de la sociedad que lo rodea.

 

Para entender mejor el sistema legal del judaísmo, y también la actividad codificadora de Maimónides, tenemos que mirar un poco la historia de la formación de las religiones.

 

Desde este punto de vista  hay dos tipos de religiones. En la primera, el punto de partida es la naturaleza o la crítica de la naturaleza. Ya el hombre primitivo sentía que la naturaleza no satisfacía sus necesidades en forma completa y precisaba algo o alguien para poder luchar contra la crueldad de ésta. También, notó que jamás podría vencerla y dominarla por completo y ganar su benevolencia, su benignidad, sus recursos. Además, vio en la naturaleza tanta mutación, destrucción, muerte, que le vino la pregunta: ¿qué pasará después, en el  más allá? Poco a poco el hombre llega al concepto de la divinidad, sin abandonar la naturaleza a la cual pertenece. Pero no llega hasta lo trascendental o lo metafísico. Como es lógico en aquellas circunstancias, donde para sacar algo de la naturaleza se necesitaba algún instrumento, para establecer contacto con las divinidades o atraer la buena voluntad de los espíritus, el hombre busca lo místico o lo misterioso y quiere alcanzarlo por medio de actos de magia.

 

El misterio, en este caso, no es más sino un  instrumento por el cual se cree obtener el acercamiento y la presencia  de los dioses o, más adelante, la salvación imaginada por el actuante. Del  mismo modo como se obtienen recursos terrenales, imaginando también poder alcanzar la redención, ésta de carácter material.

 

El segundo tipo de religiones es completamente diferente, pues  no parte desde la naturaleza, sino sin ésta, llega al concepto de Dios, Quien está por encima del  mundo. Su fuerza y Su poder no son materiales sino sobrenaturales y, al  mismo tiempo,  creadores. El mundo, la naturaleza y el mismo hombre, son criaturas y este hecho debe  definir la relación con Dios. El hombre no tiene instrumentos para influir  o impactar  a Dios, y aun menos obligarlo para que lo favorezca. En esta forma de  religión no hay lugar para el misterio o para la magia. Aquí hay otra manera de establecer relación entre el Creador y la criatura, y ésta es el cumplimiento de Su voluntad revelada, la realización de los Mandamientos, de las Leyes, de las mitzvot. Ésta es la base de la religión judía, éste es su contenido principal. Dios, como Creador, revela o manifiesta Su voluntad  a Sus  criaturas: “haz, o no lo hagas”. Eso significa que cuando el hombre realiza un acto religioso, es decir, cumple con una  mitzva,  no lo hace como un misterio para arrancar a fuerza viva la salvación u otros beneficios, sino lo hace por querer cumplir con la voluntad divina. Esta voluntad divina, esta obligación religiosa y  moral es la mitzva, de la cual falta el  misterio, el enigma, como también el carácter material. Y si alguien preguntara cómo llega el hombre practicante de las mitzvot, a la esperanza de la salvación y de la redención, le contestaríamos en  forma muy corta y  muy sencilla: con fe y confianza en la  bondad de Dios.

 

No se pregunta, cómo va a llevar a cabo Dios la causa de los fieles, de los justos, cómo y cuándo los salvará. Esto es asunto de Dios. El hombre debe tener fe y  confianza, y lo que es todavía más importante, tiene que actuar con fidelidad y honestidad.  El cumplimiento de las obligaciones religiosas, la realización de las mitzvot, ha ayudado a Israel a sobrevivir aún en los peores momentos de su historia.

 

Volvamos ahora a Maimónides y a su código. Él, aparentemente,  conoció el sistema de los misterios, por lo menos en sus rasgos importantes. Pero éstos  no tienen significado para intentar codificar el judaísmo y presentar su sistema legal. Considera que la categoría más alta de la práctica religiosa es la mitzva, la Ley y su cumplimiento. Este cumplimiento no puede basarse en un sistema comercial o burocrático,  y tampoco en la esperanza de una recompensa terrenal  o en el más allá, y  no puede ser un convenio entre el hombre y Dios, sino mucho más: es el deseo de vivir según los conceptos  emanados de Dios.

 

Maimónides resumió el contenido de la religión judía legal en 14 tomos que contienen  mitzvot, obligaciones religiosas. Se podría esperar que exista por lo menos un libro más, el cual hablaría de las  recompensas, de los premios o de los castigos, pero este  décimo quinto tomo no existe. RAMBAM no lo escribió. Al contrario. En el último capítulo de su obra donde habla sobre la época mesiánica, dice lo siguiente: “Uno no sabe, y no puede saber, cómo se realizarán estas cosas escatológicas. Los profetas tampoco lo sabían,  ni los grandes sabios y maestros. El hombre no puede considerar estas cosas como parte  básica de su religiosidad, porque considerándolas en esta forma, jamás llegará a temer a Dios, y aún menos, a amarlo. ‘Ten fe,  confía en la bondad de Dios’.”

 

¿Cómo piensa Maimónides acerca de la ética y de la moral? Para él, la ética es parte inseparable de la religión y no puede haber moral relativa, sino sólo absoluta, moldeada por la revelación y la inspiración  divinas. Rechaza completamente la ética cuya base es la naturaleza, y que divulga la idea de que todo lo que es natural, ya no puede ser inmoral. Según Maimónides, los instintos, la sensualidad, deben ser dominados y los conceptos básicos de la moral judía, como por ejemplo amor, compasión, derecho, verdad, honestidad, benevolencia  y, ante todo, justicia, definidos por la Torá, por sus profetas y maestros, son inmutables. La ética no puede depender de las circunstancias;  es universal, constante, permanente, perenne  e inalterable.

 

El código religioso de Maimónides es la base de la práctica religiosa de los judíos de todos los tiempos, y su enseñanza moral se basa en la antigua idea del judaísmo que subraya que toda la humanidad tiene su origen en la primera pareja humana. Por lo tanto, todos los hombres deben sentirse hermanos. Además, resalta la igualdad de derechos y obligaciones para todos y pone la justicia como ley suprema para todos. Nosotros lo consideramos como nuestro maestro, nuestro preceptor y orientador y su obra no es un monumento histórico, sino una guía para el presente y para el futuro.

 

Maimónides murió en l204. Su memoria ha perdurado durante los siglos y se mantendrá mientras hayan judíos, y no-judíos, amantes de la legislación, la ética y la justicia en la Tierra. 

 

Para terminar, quisiera  citar algo más de su código: la última parte que se refiere a la época mesiánica, porque tiene mucho que decir a nuestro mundo actual. Maimónides ha codificado todas las leyes del judaísmo, por lo tanto también sobre el Mesías por venir, y acerca de la época mesiánica. Escuchen, por favor, lo que dice:

 

“Los anhelos y las esperanzas de los profetas y sabios no se referían jamás al dominio de los judíos sobre el  mundo. Tampoco a una mejor situación de los judíos en el mundo, ni a una abundancia de comida y bebida para ellos, sino a una época cuando los judíos podrán ocuparse con más tranquilidad de las enseñanzas de Dios y su divulgación entre los pueblos. Una época, cuando no habrá guerra, odio, hambre, miseria, envidia, violencia e injusticia, sino tranquilidad y paz, y los hombres tendrán tiempo para profundizar las enseñanzas divinas. Israel se esforzará por divulgar la sabiduría, ayudará a comprender cosas que ahora son incomprensibles,  y a percibir, como está escrito: ‘El mundo se llenará con el conocimiento de Dios como las aguas llenan los mares y los ríos.’ ”

 

 

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