LA INFLUENCIA DEL ORIENTE EN LAS CULTURAS PRECOLOMBINAS

 

Muy  pocos dudan hoy de los contactos habidos entre el Oriente lejano y cercano, y América, durante el paleolítico medio y superior, período que oscila entre los 40.000 y los 20.000 años. Se supone que, durante  este lapso de tiempo, vinieron desde el Oriente los primeros pobladores hacia el continente americano.

 

Estos primeros pobladores eran, según toda probabilidad, recolectores y cazadores, con culturas semejantes y técnicas parecidas a las de los pueblos euroasiáticos. A ellos se añadieron varias oleadas de nuevas inmigraciones, que seis a  cinco milenios antes de nuestra era, ya desarrollaron en América la agricultura y la cerámica. Después, desde la mitad del segundo milenio a.e.c., en la región mesoamericana y en la andina, en la vertiente que mira principalmente hacia el Pacífico, se echaron las bases de las altas culturas que se han desarrollado -en fases alternadas-  hasta la Conquista.

 

Las características principales de esta civilización, fueron el cultivo de plantas y la domesticación de animales, la especialización del trabajo, la fundación de grandes ciudades y el uso de la escritura. La organización de  vida estatal era monárquica, con un jefe considerado casi divino; después, la clase sacerdotal muy influyente, una capa aristocratizante y los esclavos. En cuanto a la técnica, se conocía el trabajo de metales, la cerámica de alta calidad y la construcción de las embarcaciones a vela. Se construyeron obras gigantescas: pirámides, templos, palacios y murallas, sin el uso de la rueda, del caballo y del hierro. Estos pueblos dieron prueba de gran habilidad artística a través de esculturas, dibujos y construcciones que llegaron hasta nosotros.

 

Los inventos más notables se realizaron en los campos de la aritmética y de la astronomía. Conocían el cero y el año de 365 días y las observaciones astronómicas, sobre todo las del sol, de la luna y de Venus. Los cálculos fijados en el calendario maya fueron de tal perfección, que es difícil entender cómo pudieron realizarse sin instrumentos técnicos.

 

Todos estos elementos son muy semejantes a los de las civilizaciones desarrolladas en India y  China y en los países del Cercano-Oriente, a partir del tercer milenio a.e.c. Las diversidades entre las culturas de los dos continentes, como la falta del vidrio, del torno alfarero, del hierro, de animales de tiro, no logran disminuir  la impresión que produce el conjunto de elementos semejantes.

 

Además, hay otro hecho significativo. Es difícil encontrar en las culturas primitivas de América -que antecedieron a  la  eclosión  de las altas civilizaciones y que sobrevivieron después en áreas marginales-, las fuentes y las bases de las distintas realizaciones señaladas.

 

Miguel Covarrubias resume bien el pensamiento de varios estudiosos, con estas palabras: El estudio más escabroso de la cultura prehispánica es que parece no haber tenido ni raíces ni principios. Es decir, culturas aún más antiguas, aparecen siempre completamente formadas, sin pasos evolutivos que muestren un desarrollo lógico desde un nivel precerámico y preagrícola de pueblos primitivos de otras regiones. Las culturas antiguas de Mesoamérica, las más antiguas que conocemos, se caracterizan por rasgos demasiado avanzados para poder considerarlos como una cultura básica autóctona y sugieren pensar en grandiosas civilizaciones clásicas, que habrían servido como base.

 

¿Cómo explicar las semejanzas que existen entre las grandes civilizaciones de América y las del Viejo Mundo? ¿Fueron el resultado de invenciones independientes o hubo influencias de otros continentes, como de Asia y del Cercano-Oriente? En el caso de la posibilidad de esta última hipótesis: ¿Cómo, cuándo y en qué medida se realizaron las comunicaciones? ¿Cuál fue la naturaleza de estos contactos? ¿Hasta qué punto llegaron  las culturas del Viejo Mundo a influir en el desarrollo espiritual de América? Aparentemente, no por el Estrecho de Behring -como se suponía-, sino a través del Océano.

 

Una posible respuesta a estas interrogantes, constituye uno de los más importantes problemas teóricos de la arqueología. Los investigadores se enfrentaron con el dilema: ¿Derivación o convergencia? ¿Difusionismo o invención? No hay contestación a estas interrogantes.

 

Fue Alejandro de Humboldt el primero en establecer pruebas de cierto carácter científico a través de un contacto directo con las tradiciones y los lugares de la América Indígena. Destaca sorprendentes analogías en los símbolos del culto,  en la forma de los monumentos, los jeroglíficos, el calendario, la división del tiempo en épocas y las cosmogonías. Pone en relieve las correlaciones entre las  leyes del México antiguo y las de la India, entre las autoridades religiosas aztecas y las del budismo. Encuentra semejanzas bastante notables en la jerarquía eclesiástica, en el número de las congregaciones religiosas, en la extremada austeridad de la penitencia y en las formas de las procesiones. El simbolismo de la serpiente, reflejado en muchos edificios sagrados de Yucatán, México y Cuzco, le hace recordar al dragón de Kaliya vencido por Vishnú y que tiene su lugar, tan importante, en la mitología hindú.

 

La obra de Humboldt ejerció una gran influencia por su sorprendente erudición, la minuciosidad de los pormenores y la fidelidad de las descripciones. Su aporte fundamental fue el hecho de haber concebido el estudio de las culturas precolombinas no aisladamente, sino como parte de un conjunto más grande. Partiendo de las altas culturas del Nuevo Mundo, Humboldt inició una nueva rama de las ciencias históricas: el estudio comparado de las antiguas civilizaciones del mundo entero. Desde luego, se trataba del comienzo de la indología y ciertas observaciones necesitaban aún una mayor profundización.

 

Humboldt fue seguido por innumerables científicos, entre ellos quizás el más importante fue Heine Geldern y su escuela.

 

Las primeras investigaciones se realizaron en el campo artístico y tecnológico y, más adelante, en el ámbito religioso y filosófico.

 

Seguramente los conquistadores no se preocuparon por indagar de dónde provenían los pobladores de las tierras descubiertas. Estaban interesados en adquirir riquezas y sojuzgar a los pueblos conquistados. Pero, cuando llegaron clérigos y gente de letras, quedaron sorprendidos por la diversidad de razas, costumbres, conceptos religiosos y culturales,  y la situación se tornó diferente. De repente, surgió la necesidad de encontrar una respuesta a la pregunta:  "¿De dónde provino  este extraño conjunto de razas? ¿Cómo y cuándo llegaron?

 

Aparecen teorías, muchas teorías, ingenuas y pueriles algunas, otras basadas en estudios cuidadosos, con razonamientos serios y lógicos. La investigación comenzó en el siglo XVI y dura hasta nuestros días. No obstante, aún no existe una respuesta categórica con respecto al origen del hombre americano, y especialmente sudamericano.    

 

Algunas de las teorías plantean un origen bíblico, o mejor dicho semita. Descendientes de Noé,  cananeos, fenicios, hebreos, serían los primeros pobladores, entre otros. También se han difundido teorías que señalan que entre los primeros  habitantes existía gente  de origen griego, español, egipcio, tártaro, chino, africano, polinesio, habitantes  de los continentes desaparecidos, además de pobladores de origen autóctono.

 

Entre los historiadores contemporáneos que investigan la Conquista y la Colonización, hay varios que insisten en la presencia hebrea en el continente, ya mucho antes de la Conquista. Ellos se refieren no sólo a la presencia de personas de ese origen entre los pobladores, sino aún más, a costumbres religiosas vigentes en algunos de los pueblos aborígenes.

 

Para los primeros colonizadores, en su afán de justificar su obligación de convertir a los indígenas a la doctrina cristiana, era muy importante afirmar que éstos también eran descendientes de Adán y,  por lo tanto, pertenecientes a la misma Creación de los demás seres humanos. En primer lugar, se han tejido muchas conjeturas acerca del Diluvio universal. Según la Biblia, el Diluvio extinguió la especie humana con la excepción de Noé y su familia, y hay muchos que creen que sus descendientes poblaron el Nuevo Mundo.

 

El cronista chileno Fray Diego de Rosales, en su primer libro de Historia General del Reyno de Chile, desarrolló esta tesis para Chile, y otros historiadores, contemporáneos de la Conquista y de la Colonización, la extendieron para algunos otros países de América Latina. Las discrepancias subsisten  sólo con respecto a cuál de los hijos o nietos de Noé habrían llegado a América para poblarla. Pero en general, hubo acuerdo en que debe   haber sido Ofir, hijo de Yectan.

 

El Padre Cabello Balboa cuenta: "Ofir fue el que más lejos llegó. Se apartó de sus hermanos y, caminando por las costas del Gran Mar, donde se muestran anchas y larguísimas tierras y riberas, sólo él las obtuvo y poseyó. Finalmente allí se estableció y dio su nombre a toda la costa cercana con el Gran Mar. Esta región, hasta el tiempo del Rey Salomón y aún después, tuvo el nombre de Ofir. Tal es así que nuestros aborígenes son directamente Ofiritas. Desgraciadamente, aunque supieron conservar la memoria del hecho

de que son descendientes del Patriarca Ofir, al no saber usar la escritura, poco a poco se fueron barbarizando.

 

Hay una coincidencia sugestiva: la Biblia habla de un país llamado Ofir, rico en oro, piedras preciosas y maderas olorosas, donde manda su flotilla comercial el Rey Salomón. Una flotilla construida y conducida por marineros que su amigo Hiram, Rey de Tiro, le había facilitado.

 

Lo interesante es que Colón mismo cuenta, en una carta dirigida a los Reyes Católicos, que había descubierto el país de donde había sacado el Rey Salomón su oro y sus piedras preciosas. Este lugar sería Veraguas, provincia de Panamá, que tocó en su cuarto viaje. Escribe Colón: "Del oro de Veraguas llevaron 666 quintales de oro a Salomón, y David, en su testamento, dejó 3.000 quintales de oro de las Indias a Salomón para ayudar a la edificación del Templo". Es notable que el historiador judío Josefo Flavio haga mención de estas tierras como fuente de oro, las que Salomón había utilizado en la construcción del Templo.

 

La idea de que los indios podrían ser descendientes de los primeros pobladores hebreos, cautivó a los intelectuales más selectos, entre ellos al Padre Bartolomé de las Casas, sublime defensor de los indios. Era casi unánime la opinión de que la población derivó originalmente del tronco bíblico, es decir, de algún descendiente lejano de Noé.  

 

Otro grupo de historiadores de la época de la Conquista, insistió en que los pobladores fueron descendientes de las Diez Tribus Perdidas, haciendo referencia al Cuarto Libro Apócrifo de Esdras, que narra la historia de las Diez Tribus  perdidas de Israel en forma diferente de lo escrito en los Libros de Reyes I o II y de las Crónicas de la Biblia. Según esta fuente, Salmanasar, el Rey de los Asirios, en la época del reinado de Oseas en  Israel, venció a esas tribus y las llevó al cautiverio. Cuando terminaron los penosos años de la esclavitud, no quisieron volver a Jerusalén, sino que acordaron buscar una región, aunque fuera muy remota, donde nunca hubiese habitado el género humano. "Así penetraron por los estrechos, donde comienza el Río Eufrates" -dice el autor de Esdras.- "Por aquella región había un camino largo, que demoraba de año a año y medio en recorrerlo y que se llamaba la Región de Arsaret."

 

Es fácil comprender que una narración de esta índole haya tenido una enorme influencia en los  escritores  de la Época de la Conquista, ya que una región desconocida por la humanidad y tan alejada de Palestina, no podría ser otra sino el Nuevo Mundo. Aún más, al haber identificado a Arsaret con Tartaria, podrían haber llegado hasta la Isla de  Groenlandia, de donde, por el Estrecho de Davis, podrían haber pasado a la Tierra del Labrador, que es ya la Tierra de las Indias. Como  los conocimientos geográficos eran escasos, resultó ésta una explicación  lógica y convincente.

 

El Libro de Isaías contiene en el Capítulo 11 una profecía que puede ser interpretada como la llegada de las Diez Tribus  a las Indias Occidentales. "Volverá Dios a traer y  juntar a los remanentes del Pueblo de Israel, que habían quedado en la esclavitud  de los asirios de estos lugares, y también de las islas del mar." 

 

Un extraordinario personaje del siglo XVII, Menashé ben Israel, gran rabino de Amsterdam, renombrado escritor y humanista, nos dejó un testimonio muy interesante en  su obra titulada "La esperanza de Israel". Cuenta que vivió en aquel entonces en Amsterdam un judío español llamado Aron Levi, o, según su nombre neocristiano, Antonio de Montecinos.  Este  Aron Levi había vivido durante algunos años en las Indias Occidentales y fue protagonista de una extraordinaria aventura, como la cuenta él mismo en su obra : "Memorias personales de Peni".

 

Ocurrió que durante su permanencia en América, la  Inquisición lo acusó de alguna herejía y lo encarceló. Luego de  haber cumplido su sentencia, resolvió conocer aquella tierra y tomó como guía a un cacique indio, llamado Francisco. Un día, amargado por su desventura, exclamó sin pensar: "Yo soy hebreo, de la tribu de Levi, mi Dios es Adonai y todo lo demás es un engaño".

 

Al oír estas palabras, Francisco se sorprendió mucho, y le preguntó si también era hijo de Israel.  Cuando Montecinos  le aseguró que lo era, el indio insistió que fuera con él a conocer su pueblo.

 

Después de un largo viaje, llegaron a la orilla de un río donde habitaba la tribu del cacique. Recibieron a Montecinos muy cordialmente, y éste con enorme asombro, oyó recitar la oración tradicional hebrea: "Shema Israel, Adonai Elohenu, Adonai Ejad". Le dijo entonces al indio Francisco: "Estos hermanos tuyos, hijos de Israel, los trajo Dios a esta tierra, haciendo con ellos grandes maravillas y  muchos asombros. Pero tienen que vivir ocultos y retirados, hasta que llegue el tiempo de la Redención para todos los judíos". Montecinos escribe que todos los varones estaban circuncidados y tanto ellos como sus mujeres tenían nombres bíblicos.

 

Fernando de Contreras, uno de los conquistadores, escribió que "al otro lado de Marañón hay una gran multitud de indios que tienen nombres hebreos", y agregó que "estos no pertenecen a los 'judíos infames', porque no estaban presentes en el juicio de Jesús".

 

No podemos negar que es un relato sensacional, escrito por un supuesto testigo ocular, motivo por el cual   se citará durante los siglos posteriores por casi todos los escritores. Sin embargo, Menashe ben Israel no quedó del todo convencido. Admitió que los primeros pobladores de América fueran israelitas, pero también anotó que luego una ola de rudos y bárbaros mongoles irrumpieron, superponiéndose a los hebreos. Sólo así se puede explicar la diferencia racial entre los indios, o como dice el gran Rabino, "los de feo cuerpo y poca inteligencia descienden directamente de los tártaros, en cambio los de buen rostro y listos, de los hebreos".

 

Tanto Menashe ben Israel como otros historiadores y escritores han observado similitudes en las costumbres, en conceptos religiosos y en la conducta entre judíos e indios autóctonos. Algunos hicieron comparaciones con datos de la Biblia. Mencionan, por ejemplo, que los indios de Yucatán se circuncidaban y rasgaban su vestimenta al recibir una noticia nefasta o de muerte, como lo hacen los judíos. Los indios peruanos mantenían un fuego  vivo en sus altares, igual como se les  había ordenado a los judíos en el Levítico. En otras partes de México, el sábado era un día festivo y todos tenían que asistir a las ceremonias religiosas y a la presentación de sacrificios. Las tradiciones referentes a la Creación del Mundo tienen similitud con la descripción de la Biblia; ante todo el Popol Vuh, como lo veremos más adelante. Los indios conocían el mito del Diluvio Universal.

 

Según el Padre Cumsilla, en lugares donde él había predicado el Evangelio, los indios rechazaban la carne de cerdo, pero sólo antes de su bautismo. Según el Padre, tenían que lavarse el cuerpo tres veces al día y luego utilizaban ungüentos y aromas propios del judaísmo. Incluso, escribe que los indios eran judaizantes.

 

Algunos filólogos de la época encontraron analogías filológicas entre el hebreo y algunos idiomas autóctonos. El Padre Cumsilla hace referencia a que hay similitudes en las oraciones, no sólo en su contenido sino también en las formas literarias de las expresiones.  Cuando les preguntó cómo habían aprendido  estas oraciones, le contestaron que de sus antepasados. Además, ellos no adoraban al Sol, sino Al que lo había creado.

 

No se puede mencionar aquí todas las referencias respecto del supuesto origen hebreo de los indios americanos; existe una literatura muy amplia al respecto.

 

Vale la pena mencionar que existen, hoy día, casi dos millones de personas o más, cuya religión no sólo cree en  la llegada de las Diez Tribus perdidas del pueblo judío a las Américas, mucho antes de la Conquista, sino también en la restauración de las Diez Tribus y en la constitución de un nuevo Sión en el Nuevo Mundo: los mormones, cuyo Artículo de Fe (No. 10) dice así: "Creemos en la congregación literal del Pueblo de Israel y en  la restauración de las Diez Tribus".

 

El "Libro de los Mormones" relata la historia de las antiguas poblaciones de las Américas de esta forma: "América fue colonizada primero por una tribu semita, los jareditas. Eran los descendientes de Adán,  según el Cap.5. de Génesis: "Adán, Caín, Abel, Set, Enosh, Canaán, Jered, Enoc, Matusalem, Lamec, Noé".

 

Jared, junto con su familia,  trabajó en la construcción de la Torre de Babel, cuando sobrevino la dispersión de las razas. Para salvarlo a él, a su mujer y a su familia,  el Señor le ordenó que construyera una barca y llevara consigo, como Noé, todos los frutos de la Tierra. En efecto, después  de una azarosa travesía, impulsado por un viento favorable, llegaron a las costas del Nuevo Mundo. Allí se multiplicaron, hasta formar una gran nación. Pero con el correr del tiempo, cayeron en  idolatría y sus costumbres degeneraron y se convirtieron en crueles y salvajes.

 

Continúa el Libro que en el siglo V a.e.c., una nueva ola de inmigrantes apareció en las costas americanas. Esta vez se trató de una tribu del pueblo judío, los nefitas, cuyo conductor, Nefi, era descendiente  directo de José. Trajeron consigo el culto de Dios. Pese a las advertencias de sus profetas, los nefitas cayeron en el pecado y, finalmente, después de crueles guerras, fueron exterminados por sus vecinos, los jareditas. 

 

Así es que Mormón, en las proximidades de la catástrofe, obtuvo las tablas que resumen la historia de su pueblo.

 

Los jareditas, judíos pecadores e idolatras, se convirtieron en cobrizos, por castigo divino. Ellos, los hijos rojos de  Israel, son los antepasados de los Pieles Rojas, de los  Incas y de los Aztecas. Los nefitas, judíos buenos, se mantuvieron blancos, pero desgraciadamente murieron  por sus hermanos de raza.

 

Está demás decir que El Libro de Mormón está lleno de  divagaciones aparentemente fantásticas e incongruentes, pero vale la pena mencionar una profecía  respecto a Colón. Dice el profeta Nefi en su Libro (Cap.13. 12.): "Y mirando vi entre los gentiles a un hombre, que estaba separado de sus hermanos por las muchas aguas, y vi que descendió el Espíritu de Dios y se posó sobre él, y el hombre viajó por muchas aguas, hasta encontrar a los descendientes de mis hermanos, que estaban en la tierra de promisión."

 

La parte interesante de esta profecía es que da por sentado, como un hecho seguro, que Colón era judío, hecho que todavía está en discusión. Según el profeta Nefi, Colón no sólo era judío, sino que organizó su viaje por inspiración divina, exactamente como sus predecesores. Es decir, que en realidad vino en busca de sus hermanos de raza, para reunirse con ellos.  

 

Se cuenta que en algunas aldeas de Polonia y de la Rusia zarista, existían leyendas muy conocidas por el pueblo judío  sufrido y atormentado, según las cuales, los descendientes de las Diez Tribus, vivirían prósperos y  poderosos en algún sitio lejano no identificado, y que algún día vendrían a salvar a sus hermanos de raza de las manos de sus opresores y vengarían las injurias  sufridas. Cuando los judíos hablaron de este tema, llamaron a los futuros salvadores como "los judíos rojos". Quien sabe, tal vez se referían a los indios de las Américas, identificándolos con estas vagas palabras, con las Diez Tribus perdidas de Israel.

 

Fue Humboldt quien divulgó que los fundadores de los estados indios eran pueblos o grupos de antiguas inmigraciones del Oriente. Fue el primero en divulgar la tendencia orientalista de la población de las Américas.

 

Las cosmogonías andinas, los templos templos quechuas, las leyendas religiosas de los chichimecas, las clases sacerdotales, las abluciones rituales, los cantos litúrgicos y muchos factores más, presentan un parentesco entre las civilizaciones de las Américas con el Oriente Antiguo, y dentro de este complejo, con la judía.

 

Cabe mencionar que entre otros investigadores Walter Gardini menciona influencia china, japonesa, hindú (en general budista), polinesia, y hay muchos partidarios de aislacionistas.

 

Hay muchos problemas y muchas dificultades por resolver, muchas inquietudes e interrogantes en la investigación y, una de las dificultades, se debe al hecho de que casi todos los documentos escritos han sido destruidos por los conquistadores, y lo que quedó, no está descifrado todavía con exactitud. Sólo tres códigos mayas se conservaron, uno está en Dresden, otro en Madrid, el tercero en París. 

 

Por eso tiene un valor inconmensurable el Popol Vuh, o el Libro de Consejo de los Indios Quiches, texto sagrado de los quiche maya de Guatemala.  Nos da a conocer los conceptos cosmológicos, las tradiciones ancestrales y la historia primitiva de este pueblo, con sus reyes y caudillos, desde la supuesta Creación del Mundo hasta el año 1550, por supuesto no en forma histórica, sino como una epopeya mitológica- folklórica. Tiene bastante similitud con la descripción bíblica y con otras fuentes orientales sobre la creación del mundo.

 

El Popol Vuh era, en su origen, una  pintura y una memoria de las palabras transmitidas.  En esta forma tradicional se conservó hasta mediados del Siglo XVI, época en que vuelve a ser escrito por un indígena, quizás antiguo sacerdote,  en lengua quiche pero con caracteres latinos.  Este manuscrito constituye el  original del Popol Vuh, que llegó a manos de Fray Francisco Ximénez, cura párroco de un pueblito guatemalteco, a principios del siglo XVIII.  La posteridad nunca podrá agradecer suficientemente al Padre Ximénez, no sólo por haber traducido al castellano el texto original en quiche, sino también por haber copiado en columnas paralelas el texto indígena con la traducción española.  Para dar un testimonio indiscutible de la autenticidad del manuscrito preservó, de éste modo, el texto original que fácilmente podría haberse perdido.

 

Posteriormente el manuscrito  pasó a manos del abate Brasseur de Bourborg, quien lo llevó a Europa.  A su muerte, lo adquirió el Señor Eduard Ayer, y lo incorporó a su valiosa colección lingüística americana, la que se conserva en la Biblioteca Newberry de Chicago.  Sin embargo, el libro que se encuentra allí es la copia de Ximénez, pues el original se perdió. También  está en esta biblioteca la traducción francesa, realizada por el abate Bourborg. Hay más de treinta versiones del libro en muchos idiomas y traducciones posteriores. Nosotros usamos para este pequeño trabajo la de González de Mendoza, y Miguel Angel Asturias y Delia Goetz y Sylvanus, en su versión inglesa.

 

El escritor Quiche describe a sus ancestros como provenientes del otro lado del mar; esta tradición está confirmada por los aztecas, y por los Tupis de Argentina. Las tribus cruzaron el mar en tierra firme, como los judíos al salir de Egipto.

 

o podemos tratar todas las coincidencias con la Biblia, y aún menos con otras fuentes orientales. Por falta de espacio, mencionamos tan solo algunas y  a grandes rasgos, pues la descripción de la Biblia sobre la Creación, la Caída del Hombre y la Torre de Babel, son conocidas por todos.

 

En el capítulo segundo del Popol Vuh, encontramos una  descripción sobre la situación antes de la creación, que subraya que la oscuridad cubría todo.  Luego vino la Palabra Creadora y primero se creó la Luz.

 

"¡Que aclare!

Que amanezca en el cielo y en la tierra.

No habrá gloria ni grandeza

Hasta que no exista la criatura humana,

El hombre formado."

 

En ambas fuentes, el Creador está asociado con la luz, y no con la oscuridad.  En la descripción histórica de la Creación, el orden es el siguiente: luz, tierra, montes, llanuras, arroyos, plantas, animales, y por fin el hombre, quien debe ser obediente, respetuoso, sostenedor, nutridor, adorador e invocador de los dioses.  El primer hombre no tenía ingenio, ni sabiduría, era como un maniquí.  Pero los Creadores se dieron cuenta  que este hombre no sirve a sus propósitos. Hay que destruirlo y crear otro tipo de hombre.  Mencionemos que algunos críticos de la Biblia, en base a las diferencias en el texto del primer y segundo Capítulo del Génesis, también suponen la existencia de dos fuentes de la Creación, quizás en diferentes épocas, o directamente una doble Creación.

 

El cuarto capítulo trata el Diluvio, y por su intermedio, la destrucción de aquellos maniquíes.

 

"En seguida fueron aniquilados, destruidos y deshechos

los muñecos de palo recibieron la muerte.

Una inundación fue producida por el Corazón del Cielo,

un gran Diluvio se formó, que cayó sobre las cabezas

de los muñecos de palo."

 

"Ellos no pensaban, no hablaban con su Creador, su Formador,

que los había hecho, los había formado. 

Por esta razón fueron muertos, fueron anegados.  Una resina

abundante vino del cielo.  Esto fue para castigarlos,

porque no habían pensado en su Creador,

por este motivo se obscureció la faz de la tierra y

comenzó una lluvia negra, una lluvia de día y de noche."

 

Según el quinto Capítulo, el Principal Guacamayo y sus dos hijos quienes coinciden, en cierta forma,  con Noé y sus hijos, únicos sobrevivientes del Diluvio, se consideran como fundadores de la tierra y quieren llegar hasta el sol.  Aquí está la idea de la Torre de Babel.  Cito el texto:

 

"Mas en verdad, el Principal Guacamayo no era el sol, sino que se enorgullecería de sus jadeitas, de sus metales preciosos; pero en realidad su esplendor no penetraba en todo el cielo, su esplendor desaparecía allí donde él se sentaba, él quería sobreponerse al sol, a la luna, a las estrellas en grandeza......los dioses lo derrotaron".

 

Aquí aparece el concepto de los falsos dioses, lo cual se aplica a las religiones enemigas, sobre todo a las de los vecinos.

 

Se decidió la Segunda Creación.  Se celebró un consejo acerca del hombre, cuando se decidió que entraría en la carne del hombre una sustancia constituida de mazorca, la sangre, y así surgieron "los primeros hombres constituidos sin madres ni padres: varones con apariencia humana, quienes ya hablaron, conversaron, vieron, miraron, oyeron, anduvieron, se asieron. Hombres con memoria, buenos y hermosos; numerosos eran sus conocimientos; su pensamiento iba más allá de la madera, de la piedra, los lagos, los mares, los montes. Hombres que merecen ser amados, que llegaron a ser músicos, cantantes, tiradores de cerbatana, pintores, escultores, joyeros, orfebres". 

 

El cuarto capítulo  del Génesis menciona ganaderos, músicos y herreros.  Según la expresión bíblica "la sangre es el alma", y es el alma que hace diferente al hombre y lo distingue de los animales.  El hombre, así creado, ya sabe que hay un lugar llamado Xibalba, lugar de desvanecimiento, de separación, lugar de los muertos, ubicado bajo la tierra, aparentemente en Oeste. Lo mismo figura también en el libro de Chilam Balam, crónica y resumen  de profecías y enigmas, escritas en lengua maya.

 

Más tarde los dioses celebraron otro consejo y los hombres creados, mientras dormían, recibieron mujeres verdaderamente bellas.  Cuando se despertaron, sus mujeres ya existían. 

 

"Sus corazones se regocijaron al instante a causa de sus esposas." (Cap 26).

 

En ambas tradiciones la procreación humana está precedida  por el comer de la fruta prohibida del árbol del conocimiento universal, como así también a la insistencia de la serpiente que venció la debilidad de la mujer, y convenció al hombre.

 

El Popol Vuh menciona que el hombre creado ha sido dotado de inteligencia desde el principio, capaz de conocer y saber casi todo. Pero, al comer de la fruta prohibida, sus conocimientos aumentaron (en alusión al sexo). Según la Biblia, los ojos de Adán y Eva se abrieron después de haber comido de la fruta prohibida; aprendieron a diferenciar entre lo bueno y lo malo, lo cual significa “aprendieron todo".  Ambas tradiciones nos informan, aunque con palabras no muy claras, que Dios en la tradición bíblica y los Creadores en la tradición quiche no estaban demasiado contentos por el conocimiento universal de las criaturas, ya que temían que el hombre creado intentara  semejarse a Dios.

 

Según la descripción de la Biblia, fueron  expulsados del Jardín del Edén con las consecuencias conocidas, mientras en el Popol Vuh "fueron petrificados sus ojos por el Espíritu del Cielo, lo que los veló como el aliento sobre la faz de un espejo; los ojos se turbaron, no vieron más que lo próximo, esto sólo  fue claro. Así fue perdida su sabiduría y toda ciencia, su principio, su comienzo". Aparentemente la idea de los Creadores era que el hombre fuera suficientemente inteligente para servirles, pero no tanto como para convertirse en su rival.  Los Creadores, en ambas tradiciones, expresan cierto arrepentimiento  por haber creado al hombre.

 

En la tradición bíblica, la raza humana desciende de cuatro hombres (Noé y sus tres hijos ) y de sus esposas, y el mismo número de seres humanos figura también en el Popol Vuh.

 

Ambas tradiciones mencionan la gran cantidad de razas e idiomas que, a pesar de su gran número, podían entenderse.  Casi podríamos pensar en la existencia de un idioma común, tipo esperanto, fuera del idioma materno. Ambas tradiciones mantienen que esta situación favorable ha cambiado.  La Biblia menciona la construcción de la Torre de Babel; el orgullo y la autosuficiencia del ser humano ha sido castigado con la confusión de las lenguas, que causó el desentendimiento. El Popol Vuh es más razonable; las migraciones permanentes trajeron consigo que los diferentes grupos no se entendieran.  Sin embargo, queda vivo el recuerdo de un origen común; en la Biblia los primeros doce capítulos del Génesis lo atestiguan,  y esta idea florece mucho más en el mensaje de los profetas sobre la unicidad de la humanidad, mientras en el Popol Vuh se hace la pregunta: "No se ha encontrado una sola casa para nosotros, un solo país para nosotros, cuando fuisteis construidos, cuando fuisteis formados".

 

En los Capítulos 27-45 hay muchas alusiones a la creencia que el origen del pueblo quiche está situado en el Oriente.  No podemos citar todas,  sino sólo algunas:

 

"Los antecesores se engendraron allá lejos, en el Este ...

juntos vinieron de allá lejos, del Este, atravesando el mar" (Cap 27).

 

"Todos juntos existían, importantes eran sus seres, su prestigio, allá lejos, en Oriente" (Cap 27).   

 

En Oriente existían numerosos hombres de las tinieblas, hombres del alba. Numerosos eran los rostros de estos hombres, numerosos sus lenguajes. No invocaban la madera, la piedra, en ellos subsistía el recuerdo de la Palabra de Construcción, de Formación ...... Hablaban meditando sobre lo que  ocultaba el alba, preguntaban cómo ejecutar la Palabra del amor, aquellos amantes, aquellos obedientes, aquellos respetuosos; erguían sus rostros hacia el cielo, pidiéndole por sus hijas, sus hijos....  No nos abandonéis, no nos dejéis, oh dioses en el  cielo, en la tierra.  Dadnos nuestra descendencia, nuestra posteridad, mientras hayan días, mientras hayan albas.

 

"Que la germinación se haga, que  numerosos sean los verdes

caminos, las verdes sendas... Que  tranquilas, muy tranquilas

sean las tribus, que perfecta sea la vida, la existencia....."

 

Los descendientes de los Patriarcas bíblicos están destinados a salir del país de los  antepasados.  Este es el destino de los descendientes de los abuelos y abuelas de los quiches.  Todos llegaron desde allá lejos a un Lugar de Abundancia, innumerables eran los hombres "que llegaron, numerosos los que entraron en orden, se les entregaron sus dioses.....He aquí que hemos encontrado al fin lo que se buscaba, dijeron (Cap 28). La expresión de "Lugar de Abundancia" es muy parecida a la "Canaán que mana de leche y de miel".

 

Durante el camino tuvieron muchos problemas.

 

"He aquí que estando afligidos en sus corazones, se consultaron entre sí, pues no había para alimento más que un bocado, un poco de maíz, se consultaron e hicieron un gran ayuno".

 

Salieron de este lugar  y llegaron a otro, se regocijaron  mucho cuando vieron la Luna y más tarde el Sol.  En la Biblia también figura  primero la noche y luego el día.  Mirando las grandes luminarias, "sacaron en seguida, sus copales, traídos de allá lejos, del Oriente, pues servirse enseguida de ellos estaba en su espíritu.  Desempacaron  lo que ofrecían sus corazones... quemaron sus copales cuando llegaron danzando vueltos hacia el Oriente de donde habían venido, allí estaban sus montañas, sus valles, de donde habían venido" (Cap 33).

 

El Capítulo 34 nos relata las formas de sus ritos. "Derramar la sangre de los venados, de los pájaros al borde de la piedra del Sembrador, quemar resina, quemar anís silvestre y espinas de maguey".  Es sabido que el primer culto de los judíos también fue el sacrificio de ganado o paloma y un incienso especial, mezcla de varias plantas y de sus semillas .

 

Después de muchos sufrimientos, llegaron al Lugar de Abundancia, en arduas luchas vencieron y sometieron a muchos pueblos, fueron humilladas todas las tribus, ocuparon ciudades,  algunas fueron espiadas, otras ocupadas como Jericó. Muchos golpeaban sus escudos, silbaban, aullaban, vociferaron exclamaciones al llegar al pie de la ciudad.

 

Y por fin se establecieron, siempre recordando que procedían del otro lado del mar, del Este .

 

Después de cierto tiempo, algunos decidieron regresar porque ya habían cumplido su tarea, mientras otros lo hacían para renovar su poder y autoridad, o para recibir nuevas órdenes.  Al despedirles, sus hermanos que se quedaban,  les  decían:

 

"Pensad en nosotros, no nos borréis de vuestra memoria. Vosotros veréis vuestra casa, vuestro país.  Prosperad.  Que así sea.  Seguid vuestro camino. Volved de donde venimos" (Cap. 39). 

 

Y rezaban de esta forma:

 

"Que no caigan en la bajada

Ni en la subida del camino,

Que no encuentren obstáculos

Ni detrás ni delante de ellos

Ni cosa que los golpee,

Concédeles buenos caminos

Hermosos caminos planos."

 

Entre quienes partían, tres hermanos pensaron en ir al Oriente, pensaron en las órdenes de sus padres, no las olvidaron... Cuando partieron, dijeron: "Vamos allá adonde el sol se levanta, de donde vinieron nuestros padres, lo dijeron al ponerse en camino... Segura era su sabiduría, su ciencia; su ser no era de hombres ordinarios.  Dejaron órdenes a sus hermanos mayores, a sus hermanos menores, alegrándose de partir.  No moriremos, regresaremos, dijeron los tres al partir.  Ciertamente, pasaron por el mar, al llegar allá lejos al Oriente, por recibir sus poderes.  El jefe de Gobierno de los Orientales, Naxcit, él les dio las insignias del poder, todos sus atributos, dícese, de lo que ellos insertaron en su historia.  Grande era la alegría de los que vieron a los regresos.  Mutuamente contaron sus hazañas." (Cap . 40)

 

El capítulo 42 relata que durante la quinta generación desde el origen del mundo, empezaron a construir casas, con la casa de los dioses en el centro, en la cima de la ciudad la pusieron cuando llegaron, cuando se establecieron.

 

Se menciona como un gran valor entre las cualidades de los grandes jefes, que "sabían dónde estaba la Revelación, el Libro”, llamado por ellos el Libro de Consejo. No solo así de grande era la existencia de los jefes sino que grandes eran también los ayunos, su recompensa por los favores recibidos.  Largo tiempo ayunaron y se sacrificaron ante sus dioses; ese era el signo de los jefes.  No tenían esposas con las cuales dormir, permanecían solos, se abstenían de ellas, estaban a diario en la Casa de los Dioses, no haciendo más que adorar, quemar  incienso, sacrificar.  Allí estaban por la tarde, al alba.

 

Sólo gemían sus corazones, sólo gemían sus vientres, pidiendo la felicidad, la vida para sus hijos, su prole y también su potencia, levantando sus rostros al cielo (Cap. 45).  Como comparación, podemos pensar en la pureza ritual de los cohanim (sacerdotes) o en la de los nazareos (ascetas en la Biblia).

 

Antes de terminar, quisiera mencionar algunas analogías más; por ejemplo el respeto casi sagrado al número "siete". La separación del mar y el pasar por tierra seca dentro del mar. La relación sexual de los dioses, - en la Biblia de los ángeles- con mujeres terrestres. Los cuatro patriarcas quiches, Balam Quitze, Balam Acab, Macutah e Iqui Balam, antes de su muerte, entregaron instrucciones y  testamento a sus hijos, como Jacob, Moisés o David. La descendencia de los pueblos partiendo de tres personas: en la Biblia Shem, Cam y Yafet, en el Popul Vuh tres familias. La unificación de las tribus y la formación de un pueblo unido era la preocupación principal en ambos libros, y la causa de la desunión es la discordia, la discusión y los celos. Como curiosidad, vale la pena mencionar que en el Popol Vuh figura la historia de una joven, hija de un jefe, llamada Reina Sangre quien da a luz por haber sido fecundada por un espíritu divino y se mantiene virgen. Y también hay otro caso donde,  para  humillar a ciertos varones, se realizaba la depilación de sus rostros, mientras la barba - como entre los semitas en general - era una  señal de  importancia entre los hombres quiche.

 

Hay todavía muchas otras coincidencias no tanto con la misma Biblia sino más bien con la tradición egipcia, babilónica, fenicia, ugarítica, etc., lo que hace suponer que existía una fuerte influencia del Cercano Oriente en la formación de la cultura quiche y, según las investigaciones realizadas, en casi todas las culturas precolombinas. Las cosmografías de los pueblos andinos, los templos acolhuas, los libros maya, la organización civil de los quichua, las leyendas religiosas de los chichimeca, las clases sacerdotales, las abluciones rituales, los cantos litúrgicos, la celebración de acontecimientos familiares y muchas otras similitudes emparentan las civilizaciones precolombinas con el Oriente Antiguo.

 

Al profundizar en el tema se nota que la problemática de estas influencias, no solo las del Cercano sino también del Lejano Oriente, ha interesado vivamente a un buen número de estudiosos, sobre todo en los últimos cien años y este  interés sigue vigente.  A ello se han dedicado centenares de artículos, monografías, simposios, sesiones particulares en distintos congresos de americanistas.  Hay criterios y opiniones muy diferentes, muchas veces opuestas, lo que demuestra que queda mucho por investigar y estudiar, no sólo en el campo religioso, social, cultural y político, sino también en el artístico.  El éxito de las investigaciones depende sobre todo de la posible colaboración de expertos de varias especialidades: arqueólogos, americanistas, estudiosos de los diferentes aspectos del Oriente, filósofos, historiadores de religiones y culturas, geógrafos, botánicos, etc. 

 

Los estudios y las comparaciones a realizar pueden influir positivamente no sólo en la ampliación del horizonte cultural de la humanidad, sino también en el acercamiento entre Oriente y Occidente, y sirven para fomentar las relaciones culturales y espirituales entre pueblos y naciones.

 

 

Google