CONTRIBUCIÓN DEL JUDAÍSMO A LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL

 

1.  Introducción

Antes de hablar sobre la contribución del judaísmo a la cultura occidental, me parece apropiado aclarar qué es el judaísmo y qué significa "cultura" en general.

A través de distintas épocas, muchos eruditos han ofrecido varias definiciones.

Podríamos definir el concepto  "cultura"  de esta manera: La cultura es el total de los valores materiales y espirituales que la humanidad  ha producido en el curso de su desarrollo histórico. El nivel cultural de un pueblo refleja cómo conoce, cómo comprende y cómo adapta las reglas de la naturaleza y de la sociedad, y cómo las  aprovecha. Además, existe   cultura material y  cultura espiritual. La cultura material es el conjunto de  la producción, de los objetos elaborados por medio de la capacidad tanto intelectual como física de todos los  trabajadores. La cultura  espiritual  abarca las ciencias, las artes, la filosofía, la ética, el derecho, la religión, la instrucción, la educación pública, etc.

Los nuevos adelantos de la cultura se han basado siempre  en los anteriores, pero a veces, parecen antagónicos. Las diversas manifestaciones de la cultura tienen siempre un estrecho contacto entre sí y también tienen efectos recíprocos.

En las sociedades basadas en divisiones de las clases sociales, existía una cultura diferente para cada una de estas clases. Es posible que todas las formas de expresión hayan tenido una base común, pero el conjunto de todas éstas  ha formado la cultura nacional.

Según algunas opiniones, el nivel de la cultura está relacionado con la situación económica reinante, otros opinan lo contrario. Algunos dicen que la divulgación y el desarrollo de la cultura dependen sólo de las personas más inteligentes. Otros, al  hablar de cultura, piensan tan sólo en la cultura espiritual, y la material la llaman civilización. Ahora, si hablamos acerca de la contribución del judaísmo a la cultura occidental, tratamos sólo la contribución espiritual del judaísmo como pueblo, como entidad religiosa y cultural,  y no la de personas judías.    

Al  meditar sobre la historia del judaísmo, muchos consideran que el judaísmo ha contribuido a la cultura mundial sólo con su religión. Es indiscutible que el mayor aporte del judaísmo, fuera de su participación en la divulgación de la cultura de diferentes pueblos, es su religión y su cultura religiosa, la Biblia y el Talmud, y toda la literatura postbíblica, pero es necesario subrayar que los judíos han contribuido a la cultura mundial no tan sólo con eso, sino con su  trabajo intelectual para incrementar  la cultura universal en el curso de toda su historia. Lo hacían durante la época de los sufrimientos, en el curso de sus migraciones. Al trasladarse de un país a otro, siempre llevaban consigo la cultura adquirida y la divulgaban entre  los pueblos receptores. Un antiguo proverbio dice así: "La espada y los libros estaban dados conjuntamente a los hombres; ellos tenían la posibilidad para escoger aquello que les  gustaba más". El judaísmo escogió el libro; la fuerza del espíritu sustituyó cualquier otra forma del poder.

Después del Exilio Babilónico, aceptaron lo que ha considerado y afirmado el profeta Zacarías: "No con  la fuerza ni con el poder, sino por Mi espíritu, dice el Dios de los Ejércitos."

 2.  La Cultura Judía

Al referirse al concepto de la cultura judía, generalmente  se piensa en las obras de los grandes rabinos y maestros, pensadores y creadores de las ideas básicas del judaísmo. Pero si analizamos este concepto más profundamente, la cultura judía no es meramente la creación religiosa, literaria o su pensamiento filosófico. La cultura de un pueblo es la suma de sus valores éticos, el desarrollo de su idioma, el cúmulo de sus costumbres familiares y sociales, su producción artística y sus convicciones religiosas.

Max Scheller, científico alemán, ha publicado un estudio sobre la cultura con el título  "El Saber y la Cultura", e intentó definir el concepto de la cultura y explicarlo a sus lectores. Partió de la siguiente base:  aunque uno tenga una noción clara de lo que es la cultura, es una noción intuitiva. No es fácil volcarla en moldes fijos, porque excede todo molde.

Cultura"  como sustantivo y  "cultivar"  como verbo, tienen la misma raíz. La cultura es el fruto de un cultivo permanente e intenso del espíritu, y este fruto del constante arar y sembrar en lo espiritual, sólo es posible en un ámbito de libertad de la mente humana y del intelecto. Libertad, que se adquiere cuando la mente y el intelecto planifican y se elevan libremente hasta alcanzar las más altas cumbres del espíritu, y entra en el dominio moral donde  la diferencia entre el bien y el mal es clara. La libertad necesaria no se adquiere por conocimientos técnicos, sino por el dominio moral. La cultura se adquiere, sin duda, por la vía del saber, es decir, por el estudio de los problemas de la vida y su finalidad, de manera que el hombre no esté al servicio de la vida, sino la vida esté al servicio del hombre.

Los maestros judíos enseñan que el hombre ha sido creado por Dios para ayudarle en la obra de la permanente creación, por lo tanto  la misión del hombre es intentar lograr la perfección, y acercarse a ella en la forma más extensa en  este mundo terrenal. Parece que un germen del concepto  de la cultura está dado en estas preguntas del profeta Miqueas:  "¿Qué te he hecho? Te saqué de Egipto, te liberé de la esclavitud. ¿Acaso no te he dicho qué es el bien, qué es la virtud, qué es lo que Dios pretende de tí? ¿No es, acaso, el hacer justicia, amar el bien y andar con humildad y sin arrogancia?"

El sabio no es siempre un hombre culto. Para serlo, el hombre debe asimilar el saber, convertirlo en plasma sanguíneo de su espíritu, asimilarlo hasta transformarlo en algo orgánico de su ser, de modo que sirva como luz interior para orientar y encauzar la vida humana hacia un equilibrio moral.

El hombre culto es auxiliar de Dios en Su obra de la Creación. El hombre culto es aquel que tiene una serie de normas de conducta y logra que éstas se conjuguen en potencias concurrentes de una dinámica de perfección individual y social. La cultura es la fuerza espiritual que humaniza al hombre, llevándolo por los senderos de la evolución con actos racionales. Las prohibiciones del Decálogo son los frenos que el hombre culto emplea para sobreponerse a los bajos instintos.

Si se admite esta premisa, la cultura judía estaría definida por los valores espirituales cultivados por el pueblo judío para contribuir a un mayor perfeccionamiento del individuo. Su anhelo es  que todas las fuerzas espirituales concurrentes dentro de su ser, lo lleven a la realización del anhelo mesiánico: el establecimiento del Reino de Dios aquí, en la Tierra.

Claro que la definición de la "cultura" sigue siendo incompleta. Resultaría igualmente difícil explicar lo que se entiende por el amor, por el bien, por el ideal. En el idioma académico, se denominan conceptos "a priori" y se manejan con la familiaridad del niño que se vale de intuiciones. De ahí que cuando se pretende encuadrarlas en una definición, se tropieza con dificultades.

Un pueblo culto es aquel que ha llegado no sólo a un desarrollo técnico y científico, sino ha logrado una elevación moral en su condición humana. Todos estos esfuerzos deben concentrarse hacia la ley moral. En conclusión, la doctrina judía, enraizada en el pueblo judío, afirma  lo que debe prevalecer por encima de los otros valores que pueda crear el hombre. Es la conducta moral y la ética. Pues la conducta moral sería  como el reverso de una medalla, cuyo anverso es la perfección.

La ley moral y la cultura de un hombre o de una sociedad no pueden darse sino en libertad, en la libertad del espíritu. Libertad que implica fundamentalmente democracia. No puede ser impuesta por un poder coercitivo, ni ordenada, sino sólo aconsejada. El texto bíblico dice: "Yo te he ofrecido la vida y el bien, la muerte y el mal, escoge la vida." Pero no para ser esclavo de ella, porque en este caso no hay libertad. Hay que  ejercer el dominio sobre la vida. Esto es lo que nos diferencia de las bestias. El animal no tiene una idea de la libertad; tendrá quizás un instinto de libertad determinante de sus impulsos volitivos. El hombre, en cambio, tiene conciencia de la libertad y posee el don del discernimiento. La Biblia aconseja así:  "Haz lo que más conviene a la vida".

Según la tradición judía, adquirir cultura requiere un esfuerzo que el hombre debe realizar al escalar con su espíritu, permanentemente, hacia las alturas. El objetivo es, exaltar los valores morales, más que los valores de la técnica y la ciencia.

Moisés, los profetas y los maestros posteriores en el curso de dos mil años, han dejado un testimonio, una enseñanza, un legado que los judíos han recogido y asimilado a su cultura, aceptando la sugerencia del Talmud: "Haz de tu casa un centro de reunión para los hombres sabios".

Quisiera subrayar que mi definición no es completa. Quizás sea sólo un aspecto parcial de lo que se define por cultura judía. Al pensar en la cultura helénica o en la cultura china, vemos que el concepto de cultura se confunde con el de la civilización. No son meramente preceptos éticos los que forman dichas culturas, sino la suma de estos valores éticos, costumbres y hábitos que conforman un modo de vivir y una actitud íntegra frente a la vida.

Uno de los conceptos  más importantes es el énfasis del carácter religioso de la cultura judía. El judaísmo tiene muchos aspectos, pero lo primordial es la religión. El reconocimiento de Dios en la creación y el desenvolvimiento del mundo y la aspiración del hombre a la perfección ética son las bases de la cultura judía, y éstas son las contribuciones más importantes del judaísmo a la civilización occidental. Las dos son, en realidad, una sola. Puede ser que otras civilizaciones puedan sobrevivir sin religión, pero el judaísmo, no. Nuestra historia, nuestra legislación,  tradiciones y costumbres, nuestra literatura, música y arte se hallan íntimamente ligados a los ideales éticos y religiosos del judaísmo.

3.  La Religión

Antes de hablar sobre la religión judía, sería conveniente aclarar, qué significa "religión".

La religión es la relación del hombre con Dios. El ser humano es consciente de su debilidad, especialmente ante  las dificultades de la vida, y siente que debe existir un Ser Supremo. Además, al mirar al entorno, ver   la naturaleza e investigar el curso de la historia, uno percibe que todo debe estar bajo el poder de una fuente incógnita e indescifrable por el ser humano. Esta percepción hace surgir su deseo de acercarse a este Ser Supremo e Invisible, que es Dios.

El hombre es mortal e imperfecto, pero tiene la intención de perfeccionarse y vivir una vida amplia e íntegra. Quiere acercarse a Dios y cumplir con Su voluntad. El hombre no vive sólo de pan  sino de la palabra de Dios, dice la Escritura Sagrada, y la voluntad de percibir qué espera Dios de nosotros, seres humanos,  nuestro acercamiento a Sus ideas  y propósitos, es también fuente del sentimiento religioso. 

La Biblia nos enseña ya en sus primeros capítulos que hay un solo Dios, Creador de todo el Universo, Padre y Rey de toda la humanidad. Se revela cada día  por intermedio de la Creación que no fue un acto único, sino un proceso sin fin. El es el Dios de la historia y al mismo tiempo, el Dios personal de cada ser humano. Es el poder dinámico de la vida y de la historia de cada individuo, pero al mismo tiempo el motor de toda la humanidad. Es la Suprema Justicia  y el Supremo Amor. Es invisible, y está presente en  cada individuo y en todos los lugares de donde Lo llaman y a dónde Lo dejan entrar. Está ayudando al hombre por intermedio de los recursos de la Naturaleza y por la capacidad y la fuerza que proporciona a los seres humanos.

Fueron nuestros profetas quienes crearon el concepto del monoteísmo ético, es decir, Dios es la Fuente y el Supremo Representante de la moral. Los seres humanos tienen la obligación de intentar asemejarse a Él y buscar siempre la manera de amalgamar la justicia con el amor. 

4.  El Mundo

El mundo es la obra de Dios. Es bueno, pero no es perfecto. Existe la posibilidad de mejorarlo, y los seres humanos tienen la capacidad, el poder y la obligación de hacerlo. A veces el mundo  parece estar corrompido, pero eso se debe a los hombres que lo corrompen, al no acatar las leyes divinas y humanas. La tarea de toda la humanidad es corregir las fallas y crear así una vida mejor para toda la humanidad,  a base de la ética y de la moral universales.

El mundo va evolucionando hacia un progreso técnico siempre más elevado. Pero, lamentablemente, el progreso espiritual no está desarrollándose al mismo ritmo.  La cultura y la civilización deben servir este fin. No sólo se puede, sino que  se debe conocer  y buscar los secretos del Universo todavía no revelados, por y para la humanidad. El saber que adquirimos por medio de esta búsqueda  no disminuye la fe y la confianza en Dios, al contrario. La ampliación de los conocimientos del ser humano, los nuevos  descubrimientos y también los adelantos técnicos, deben aumentar la gratitud hacia Dios y acrecentar la convicción de que hay un Creador cuya Providencia nos dirige a todos.  

Es un  error muy grave, casi es un pecado, dicen nuestras enseñanzas,  alejarse del mundo y no responder al Llamado Divino.

Según la tradición judía, el mundo no es un valle de lágrimas, ni un preparatorio para un mundo del más allá. Ha sido creado para la vida y no para la muerte.  La permanente renovación de la naturaleza invita a los seres humanos a evitar la guerra y la destrucción, y a reverenciar la vida. Los bienes terrenales han sido creados para servir al Hombre, para que él los disfrute y  viva con felicidad,  pero con la tarea de que los guarde y los conserve.

5.  El Hombre

La coronación de la Creación es el Hombre. Es el ser que más se asemeja a Dios. Ha sido dotado de inteligencia y tiene libre albedrío para elegir entre el bien y el mal; su destino depende de esta elección. Según nuestra religión, no está restringido por el Pecado Original ni por la predestinación. Tiene  tres  atributos principales e interdependientes: la razón que no es concebible sin libertad, y la libertad, cuya base es la responsabilidad.  Según la Torá, (los Cinco Libros de Moisés), el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, no en su forma  física  sino con la posibilidad de imitar a los atributos benévolos de Dios, y eso define su tarea en la vida terrenal: mejorar sus propias calidades positivas  y por este medio, transformarse en colaborador de Dios en la permanente renovación de la Creación.     

Dios ha creado a un solo hombre y de éste descienden todos los seres humanos. Esta doctrina nos enseña que todos los hombres son iguales y deben ser hermanos. Nadie tiene derecho de oprimir al otro. Todos los seres humanos tienen el derecho de ser libres en todo sentido; ser respetados en su persona y en su dignidad, y tener la posibilidad y también la obligación para su desarrollo personal y utilizar sus capacidades también en pro de su prójimo.

El hombre es administrador de la naturaleza por Mandato de Dios. Puede gozar de sus bienes y no está obligado de privarse de las bellezas y los goces de la vida, siempre y cuando los compense con su trabajo y acepte que también los demás tienen el derecho de disfrutar de los mismos beneficios. También tiene la obligación de cuidar y preservar la Naturaleza. - He aquí la base de  la obligación ecológica.

La vida es sagrada y nadie tiene el derecho de despreciarla o eliminarla, ni la propia ni la del otro. Cada individuo es responsable por su prójimo y, por ende, por todos los seres humanos. 

Una criatura tan ricamente dotada como el hombre, no puede ser destruida del todo por la muerte. De alguna manera, el alma del hombre es inmortal.

6.  Dios y el Hombre

Una colección de enseñanzas judías de los siglos IV - V  que se llama Pirke Avot -Tratado de Principios de los Padres-  dice así: "El ser humano es querido por Dios, ya que fue creado a Su imagen y por una gracia especial, el hombre ha sido notificado de esta noble semejanza."

El hecho de que hayamos sido creados a Su imagen, implica una tarea inconclusa, jamás alcanzable y una finalidad en la vida: santificar y consagrar nuestra propia vida y contribuir así al mejoramiento de la vida de toda la humanidad. La vida es una tarea contínua y permanente: progresar en el cumplimiento de las obligaciones morales y demostrar que fuimos creados casi como un dios: "Dios nos rodeó de honor y dignidad, nos dio autoridad sobre Sus obras, nos puso por encima de todo." (Salmo 8.5-6)        

Sin embargo, tenemos que detenernos un momento con esta cita y grabar en nuestra mente: "casi como un Dios, pero jamás un Dios." El error del hombre moderno es que a veces se considera a sí mismo como un Dios y cree que con sus avances  en la ciencia y en la técnica puede reemplazar a Dios en su acto creador.

7.  El Monoteísmo

La enseñanza más importante de nuestra religión es la confesión de fe: "Shema Israel Adonai Elohenu Adonai Ejad - Oye oh Israel, el Eterno nuestro Dios es Uno y Único".

Esta confesión de fe es sagrada para nosotros, no sólo por razones sentimentales, -pensando en las largas filas de generaciones que vivieron, sufrieron y murieron con estas palabras en su boca-,  sino también  por la convicción de que ésta es la quintaesencia de nuestra fe y de nuestra religión, y es la garantía de su seguridad y supervivencia.

¿Por qué? Primero, el monoteísmo es la única y verdadera religión que supera el mito y el mundo de las leyendas. Los dioses paganos tenían su historia: vivían y morían, a veces  resucitaban. Estaban rodeados por mitos y leyendas que no son religión.  Es cierto que ninguna religión puede renunciar al misterio y a los mitos e ideales inalcanzables por el razonamiento humano. Por supuesto, la religión judía tampoco puede renunciar a enseñar la majestuosidad sublime e imponente de Dios, Su carácter misterioso, enigmático y reservado, pero siempre atractivo, íntimo y misericordioso. Sin embargo, la pureza del monoteísmo asegura  su carencia de mitología  y de cuentos irracionales.

El monoteísmo puro tiene también otro significado. Creer en un solo Dios significa, creer en la unicidad de la humanidad, en la hermandad de todos los  hombres. Nuestros profetas, antes de cualquier otro líder religioso, científico o reformador social, enunciaban y proclamaban la idea de la humanidad universal. Esta idea magnífica surge de la interpretación explícita del monoteísmo: existe un solo Dios. El es el Padre de todos nosotros,  por lo tanto todos somos hermanos, todos debemos vivir juntos en paz en el mundo creado por Dios.

Del monoteísmo surge otra enseñanza importante del judaísmo: el mesianismo como tarea. Si Dios es el Dios de todos los seres humanos, entonces todos aquellos que creen en Él, no pueden tener tarea más importante en la vida sino  reconocer a Dios como único Soberano del mundo,  promover la llegada de la época mesiánica y realizar los ideales proféticos: amor, justicia y paz universal.

8.  La Santidad

La idea de la santidad se concibe en forma singular en la religión judía. Significa la obligación de  buscar el acercamiento  a la máxima pureza moral, a la perfección. Para nosotros los judíos, el único Santo es Dios.

La santidad es un fin nunca alcanzable, pero debemos acercarnos a ella cada vez más por medio del autoperfeccionamiento. No tenemos lugares u objetos sagrados; sin embargo, ciertos lugares u objetos pueden estimular la voluntad del hombre a buscar a Dios y a sentirse más cerca de Él, y esta búsqueda puede conferir al hombre un grado especial.    

9.  La Misión
 
            Según la tradición judía, nuestra tarea es divulgar la ética en el mundo, la que hemos recibido en el Monte Sinai y que nos inculcarán, más adelante, nuestros profetas y maestros. Es una misión permanente.

Nuestros antepasados seguían fielmente esta enseñanza y la divulgaban por intermedio de la Biblia y por la tradición oral. Así llegó a ser la base y el patrimonio de toda la civilización occidental actual. Creemos firmemente en la continuidad de esta misión histórica  nuestra, que sigue subrayando la afirmación y el fortalecimiento de la democracia en el mundo y la divulgación de la moral entre  todos los seres humanos, pero no con palabras sino por nuestra propia conducta.     

10.  El Alma  

Según la religión judía, la vida del Ser Humano está formada inseparablemente por cuerpo y alma. No reconocemos que el cuerpo es la causa de toda maldad que cometa el hombre. El cuerpo es mortal y el alma proviene de Dios en un soplo, y después de la muerte, retorna a Él, a la eternidad. No conocemos el carácter o la forma de la inmortalidad, sin embargo, afirmamos que el cambio de la vida por la muerte es ilusorio. El hombre es ciudadano de dos mundos: del Reino de la Eternidad y de los Dominios del Tiempo y del Espacio.

La inmortalidad del ser humano se cumple en  sus hijos, nietos y otros descendientes y con énfasis especial en sus obras realizadas. Sigue su recuerdo  en la memoria  de todos aquellos que lo sobreviven y aún más, en su obra y la influencia que ha podido ejercer sobre un pequeño o gran círculo, por medio de su personalidad y por la práctica de la virtud y la ética. Son sus actos los que adquieren significado eterno.

La literatura tradicional, y especialmente la mística, medita mucho sobre la interpretación del más allá y de la Resurrección. Discuten sobre sus formas y alcances, incluso sobre la retribución por las actividades en la vida terrenal. Consideramos que la Resurrección de los muertos es un símbolo en la doctrina de la inmortalidad. Dios es la fuente de la vida, y la muerte no es el fin.

Expresamos nuestra fe con las palabras del Himno medieval:

"A Su misericordia confío mi alma, cuando duermo y cuando me despierto. El protege con amor mi cuerpo y mi alma; El Señor está conmigo, nada temo."

11.  La Contribución

Según un antiguo proverbio, un pueblo vale por su aporte a la cultura y a la civilización de toda la humanidad. La idea convencional de que el judaísmo se limita a un conjunto particular de dogmas, prácticas e instituciones religiosas, ha cedido paso a otros conceptos más amplios, a un conjunto de elementos que forman el judaísmo. Para nosotros, el judaísmo es una civilización, un modo de vivir y pensar dinámico y multifacético.

En el curso de su larga y accidentada trayectoria, el pueblo judío ha dejado huellas de valor y mérito incalculables en el desarrollo de la cultura universal. En todos los ramos de la creación intelectual y moral, el genio judío ha sido activo no sólo como creador y agente catalítico de las grandes ideas de la humanidad, sino también como elemento fermentador del progreso.

Se podría hablar acerca de la contribución de personas judías en las  ciencias. en las artes, en la filosofía, literatura, etc.,  pero -como ya hemos mencionado- ahora quisiéramos mencionar el aporte del judaísmo mismo como pueblo, como  entidad étnica, religiosa y cultural.

El judaísmo fue la primera  civilización en el mundo que reconoció consciente y deliberadamente la primacía del "bien ético" en la vida humana. Ha sido el primero en dedicarse a la promoción de lo  que podemos llamar  "vida buena" en el sentido moral y ético. La contribución del judaísmo a esta "vida  buena" (entre comillas), era posible porque el judaísmo, no simplemente como religión sino más bien como una civilización histórica y viviente, dio un énfasis nuevo y original  a la ética y a la moral en la vida de todos los seres humanos.

Al crear y difundir la teología del monoteísmo, el judaísmo colocó la piedra angular de la ética y de la moral como base de la sociedad en el mundo occidental. Partiendo del Decálogo y pasando por las perspectivas del Pentateuco y de todo el Antiguo Testamento, enseñó los conceptos fundamentales de la justicia social y de la democracia, anunciados y proclamados por los profetas, y  transmitió sus mensajes de libertad, justicia e igualdad de derechos, como también de misericordia y humildad.

El judaísmo representa la raíz y el tronco del árbol del cual se nutrieron las ramas del cristianismo y del mahometanismo, y de este modo  contribuyó a la formación y el desarrollo de toda la cultura y civilización occidentales. Les  transmitió también conocimientos acerca de las culturas de la Antigüedad  y más adelante, de la cultura árabe, especialmente de las culturas desarrolladas en la España  medieval de tres religiones.Al reconocer y promulgar la necesidad y la importancia de conocer mejor la naturaleza, el judaísmo ofreció su contribución al desarrollo de las ciencias.

La introducción de la enseñanza pública y obligatoria se debe en parte al judaísmo. En una época en que la mayor parte de los pueblos europeos se debatían todavía  en la ignorancia y en el analfabetismo  casi absolutos, las comunidades judías tenían ya escuelas a las cuales todos los niños y jóvenes tenían la obligación de concurrir.

El judaísmo ha hecho mucho  para mejorar la salud pública y dio a conocer la profilaxis, factores indispensables para el desarrollo de la medicina.

La formación del servicio religioso, compuesto por oraciones y enseñanza, es mérito del judaísmo, como también la organización de un sistema comunitario, con asistencia social y beneficencia, y enseñanza también para adultos.

Debido a sus constantes migraciones forzadas de un país a otro, el pueblo judío ha sido portador y transmisor de la cultura universal, la que divulgó entre diferentes pueblos como auténtico intermediario de toda actividad cultural.

La influencia del judaísmo en el desarrollo de la  literatura y de las artes en general, basada en la Biblia, era y sigue siendo inmensa. No sería posible enumerar las obras tanto literarias como artísticas motivadas por escenas bíblicas, y por cuyo intermedio se divulgó también el conocimiento de las mismas Sagradas Escrituras.

Con el concepto mesiánico prestó, prácticamente a toda la humanidad, una razón de ser, inculcando optimismo, fe, esperanza y confianza en el futuro. También ha servido como  motivación para el automejoramiento y la colaboración ética y moral en pro de acelerar la llegada de la época mesiánica para toda la humanidad, en la cual reinarán  amor, justicia y paz para todos los seres humanos, sin excepción.     

12.  La Oración

El autor del Salmo 91 expresa la felicidad alcanzada por medio de la oración con estas palabras: "Feliz es quien vino bajo la sombra protectora del Altísimo y Todopoderoso; y dice el Señor: Tú eres mi refugio, mi fortaleza, mi Dios en quien confío.."

El creyente se siente feliz, porque se le permite invocar a  Dios. Se llena de alegría, de fuerza y de energía por entablar  diálogo con Dios. Pues la oración es un diálogo, aunque no oímos la respuesta de Dios. La tranquilidad, la fuerza renovadora, la fe en Dios y la confianza en nosotros mismos que sentimos después de la oración tranquila y devota, son la respuesta. No hay más tranquilidad y seguridad frente a las pruebas de la vida, sino el  saber y sentir que Dios está con nosotros. Él está dentro de nosotros. Él nos da fuerza, nos apoya, nos protege.

13.  Honestidad Personal.
 
            La justicia y la rectitud son, en principio, las ideas de la ética social, pero también los pilares de la honestidad personal. Si enumerásemos las obligaciones  y enseñanzas  que llevan al camino de la honestidad, gran parte de éstas parecerían triviales a los ojos de nuestra época. Pero en la época de su introducción, eran todas novedosas e, incluso, muchas veces revolucionarias, y se han transformado con el curso de los siglos en herencia común de toda la humanidad Es un orgullo para nosotros que las ideas básicas de la moral universal, y los principios de la honestidad personal tengan su origen en nuestras enseñanzas religiosas. Creemos firmemente que antes o más tarde, todas formarán parte estable de las  actividades cotidianas del hombre moderno.

14.  La Vida Diaria y La Religión.

Nuestra Confesión de Fe, una de las oraciones más antiguas. después de proclamar la unicidad de Dios, pide todo  el corazón del hombre: "Ama a tu Dios con todo tu ser, con todo tu corazón, con toda tu alma." (Deut. 6.5.).

Las palabras del Salmo 23: "En Tu casa, oh Dios, viviré siempre"  significa según nuestros sabios, que el  mundo entero debe ser un santuario; Dios está presente en todos lados y Él pide nuestro corazón y nuestros esfuerzos en pro del mundo y de toda la humanidad.

¿Cómo podemos amar a Dios? Desde luego, no con odio hacia Sus criaturas.  Está ordenado amar al prójimo, pero nunca  se dijo que se puede odiar  al enemigo, al contrario. Prescribe la Torá en el Levítico 19.18.: "No seas vengativo ni rencoroso con tu gente."

En muchas oportunidades se acusó al judaísmo diciendo que la obligación de amar al prójimo se refiere tan sólo a otro judío. Esta acusación es totalmente falsa. La palabra "prójimo" tiene una amplitud sin limitación y se extiende incluso al extranjero, al pecador y al enemigo.

15.  Ecología.

Según el diccionario, la palabra "ecología" significa la relación entre el hombre  y todo el medio ambiente en que vivimos. La buena relación implica un equilibrio sano. La mala relación da como resultado la destrucción de este equilibrio. Vivimos en una época de falta de equilibrio. La relación del hombre moderno con la naturaleza ha empeorado.

Ya desde la antigüedad, el judaísmo exigía una conexión íntima entre el hombre y la naturaleza, que se manifiesta en primer lugar en su relación con la tierra y en su profundo amor y respeto por los árboles, y por toda la vegetación.

Gran parte de las fiestas judías están relacionadas con la naturaleza, con la tierra, con la agricultura y tenemos una fiesta especial, al término del invierno boreal, que está dedicada a los árboles. La legislación judía dedica mucha atención a las reglas de la agricultura.

Prohíbe la destrucción innecesaria de la naturaleza, y además, prescribe una labor permanente para mejorar la tierra.  Es un dicho muy importante subrayado en el Talmud:   "Lo que vosotros plantéis, será para vuestros hijos."  El Talmud cuenta acerca de una anciano que estaban plantado árboles. Los transeúntes le preguntaron: ¿Por qué estás trabajando? Pues no podrás gozar de los frutos de éstos árboles recientemente plantados. El contestó así:  Yo estoy gozando de la labor de mis padres y de mis abuelos. Yo también quiero dejar algo para mis hijos y mis nietos.

16. La tarea eterna e inconclusa.

La gran tarea de todos nosotros, seres humanos, es aproximarnos a Dios y establecer contacto  permanente con Él, para que Éste se manifieste en las buenas relaciones con nuestros prójimo, tanto cercano como lejano. Podemos y debemos alcanzarla por medio de la práctica de la moral, por una sana devoción cuya expresión es la oración, y por la observancia de las prescripciones rituales y ceremoniales de nuestra religión.

Entre las obligaciones religiosas, la práctica de la moral es la más importante para nosotros, y en este contexto seguimos la opinión de los profetas; sin embargo,  una de las primeras obligaciones de enorme importancia   es la oración.

17.  La práctica de la moral.

Según nuestra enseñanza religiosa enunciada en las Sagradas Escrituras, hay 613 " mitzvot" - obligaciones  para la práctica de la moral. El Rey David las resumió en 11, como está escrito en el Salmo Nº 15, que reza así: "Señor, ¿quien puede residir en Tu santuario, quien puede habitar en Tu santo monte? Sólo el que vive sin tacha y hace lo bueno; el que dice la verdad de todo corazón; el que no habla mal de nadie; el que no hace daño a su prójimo ni ofende a su vecino; el que mira con desprecio a quien desprecio merece, pero honra a Dios; el que cumple con sus promesas aunque le vaya mal; el que presta su dinero sin exigir intereses; el que no acepta soborno contra el inocente; el que vive así, jamás caerá."

El Profeta Isaías recapitula las obligaciones morales en seis: "El que procede rectamente y dice la verdad; el que no enriquece abusando de la fuerza ni  deja comprarse con regalos; el que no hace caso a sugerencias criminales y cierra los  ojos para no fijarse en el  mal, ése vivirá seguro, tendrá su refugio en una fortaleza de rocas, siempre tendrá pan y el agua no le faltará." (Isaías 33.15-16.)

El Profeta Miqueas concentra las  mitzvot - preceptos  en tres: "Dios ya te ha dicho, oh hombre. en qué consiste lo bueno y qué  es lo que El pide de ti: que hagas justicia, que ames con ternura y que obedezcáis humildemente a Dios."

El segundo Isaías resume las mitzvot en dos: "Así dice Dios: practiquen la justicia y hagan lo que es recto, porque pronto voy a llevar a cabo la liberación, voy a mostrar Mi Poder Salvador." (Isaías  56.1.)

Y por último, el Profeta Habacuc se expresa en esta forma: "Los justos vivirán por su fidelidad a Dios." (Habacuc 2.4.)

18. Justicia, misericordia, compasión, lealtad.

Las exigencias del  Profetas Miqueas  son amplias:  pide justicia, amor y comprensión hacia el prójimo y  humildad frente Dios. La unidad de la justicia y el amor se complementa con la idea de la lealtad. Justicia, amor y lealtad son las ideas y los ideales  básicos y principales de los Profetas. Sólo el cumplimiento  de estas ideas llevan al hombre a la cercanía de Dios.

¿Por qué necesita Dios  aliados entre los seres humanos? Conocer a Dios se interpreta de esta manera: saber qué es lo que Él pide de nosotros y cumplirlo. Sólo si trabajamos por la realización del Reino de Dios aquí en la Tierra, podremos transformarnos en socios de Dios. Pero toda tentativa de mejoramiento del mundo debe comenzar con nuestro autoperfeccionamieto.

19. Moral social.

En el ambiente judío, la expresión de la moral social encierra muchos conceptos. Luchar por  el derecho de cada ser humano de vivir  en libertad y desarrollarse en todo sentido. El derecho de cada individuo está limitado por el de su prójimo, quien también tiene los mismos derechos.

Según el concepto filosófico del judaísmo, la moral social también involucra beneficencia y caridad. Eso no significa limosna, sino un acto de justicia. Intenta restablecer el equilibrio deteriorado dentro de la sociedad. Todo lo que poseemos viene de Dios, y lo que damos al prójimo no es sino devolver algo a Dios de aquello que viene de El.

Este concepto social acompaña las enseñanzas de los Cinco Libros de Moisés, los de los Profetas, de la legislación rabínica y del Talmud y de toda la tradición. La viuda, el huérfano, el extranjero, el pobre, el marginado son la meta de la legislación judía. Proveer sus necesidades en forma digna y constructiva,  es una obligación religiosa.  

Conclusión

  • El judaísmo es un pueblo con una civilización religiosamente desarrollada.
  • Judaísmo: La comunidad de los judíos, que fue forjada por un origen y una suerte comunes
  • Contenido espiritual, herencia multimilenaria
  • Judío por nacimiento (madre judía), conversión;
  • Pacto con Dios, realizado por los Patriarcas, Moisés, David, Salomón, los Profetas;
  • No es una raza, tampoco una nación; se practica una religión que los demás no practican;  
  • El individuo deja de ser judío cuando se convierte a otra religión;
  • Pueblo: un grupo social permanente
  • historia, tierra
  • la nación es un segmento del pueblo;
  • Civilización: lenguaje, historia, literatura costumbres, tradiciones, folklore, leyes, modo de vivir y pensar, héroes, lugares, recuerdos comunes;
  • Civilización religiosa: misión
  • pueblo dedicado y consagrado
  • todos los seres humanos son hermanos
  • formación de una sociedad perfecta;Desarrollada: adaptado a las épocas y circunstancias <
  • Diferentes corrientes:
    • ortodoxa
        conservadora
          reformistas

La diferencia se manifiesta en el grado de la obser- vancia de la parte ceremonial (litúrgica) del judaísmo;
La ética es la misma.

Objetivo: contribuir al avance de la libertad, la justicia y la paz.