EL MESÍAS - ¿UN HOMBRE O UNA ÉPOCA?

 

 

Mucho se ha discutido, entre los estudiosos,  ciertas partes de la  historia bíblica primitiva. Muchas  veces muy lógica, incluye algún carácter  o  forma mítica, pues "donde no hay testigos o documentos, no hay historia".

 

Cuando se trata de la Redención, ¿ es mito? ¿es historia? ¿es creencia o esperanza?

 

Mircea Elíade, prestigioso investigador contemporáneo de religiones y culturas comparadas, en su libro "El mito del eterno retorno",  coloca a la Biblia dentro del marco de las culturas arcaicas, y expresa su convicción de que el hombre arcaico buscaba en sus héroes y en sus dioses, pautas para su acción que debían ser imitadas o repetidas. Aceptamos esta opinión también para las descripciones de la Biblia, pero las completamos con nuestro criterio, según el cual la Biblia, al utilizar los ejemplos, lo hace con fines instructivos, para  dar una enseñanza moral práctica.

 

¿Hubo o no, relación y/o mutua influencia, entre las ideas de la Creación y  la Redención en el Cercano Oriente antes de la época bíblica? Si la hubo, ¿sería posible  establecer una relación entre estas ideas ajenas e incorporadas, y los conceptos vertidos en la Biblia?

 

Ya en la época de David,  segundo Rey de Israel, (aprox.1000 años a.e.c.), conocía la promesa de boca del Profeta Natán referente a la continuidad del Reino de la Casa de David (II.Sam. 7.112-16). Cuando se tornó evidente  que los reyes posteriores no cumplían con las esperanzas puestas en ellos, comenzó a surgir, por medio de los profetas, la figura de un rey justo y honesto, la figura del Mesías, Enviado por el Creador, por el Rey Invisible de la Alianza.   La esperanza mesiánica es el retoño de las esperanzas en la salvación que se realizará por intermedio de Dios, como  veremos en diferentes expresiones de los profetas y en  los Salmos. (Isaías 11.1 y 10; Jeremías 23.5; Zacarías 3. 8 y 12; Ezequiel 14. 21; Miqueas 5.3.; Salmos 2, 7 y 12., etc.)

 

Los conceptos bíblicos presentan al Mesías como un Rey de Israel, pero con mucho más influencia que un simple rey. Por sobre todo, será un ideal para todos los seres humanos, perfecto y semejante a Dios; sin embargo, humano y mortal. Juzgará con divina intuición y, con Su advenimiento, se inaugurará una nueva era para los hombres, apuntando a la perfección del ser humano. Con la llegada del Mesías, la sociedad humana alcanzará el ideal ético. La paz absoluta y la justicia perfecta prevalecerán en toda la faz de la Tierra, y el "espíritu de Dios cubrirá la tierra como el agua cubre el mar. (Isaías 11.9.).

 

Sin abandonar sus modos  particulares de veneración, los pueblos reconocerán la supremacía del Dios Único y Universal, y abandonarán la idolatría. (Jeremías 16.19). La religión, que aceptarán todas las naciones, tomará la forma de una intensa piedad interior. Un nuevo Pacto será escrito en las tablas del corazón. Miqueas la describe con palabras memorables: "Oh hombre, te ha sido declarado lo que es bueno y lo que pide Dios de ti: hacer justicia, amar y practicar la misericordia y andar con humildad ante tu Dios". (Cap. 6.8).

 

La Época Mesiánica corroborará el papel histórico del pueblo de Israel, del Servidor sufriente de la humanidad, sin implicar una posición de preeminencia política o militar para el pueblo judío. Israel alcanzará una posición central de influencia espiritual, porque su tarea será servir como "una luz para las naciones" y ser  “Testigo de Dios".

 

Las profecías mesiánicas no son explícitas ni oriundas de la misma época, lo que influyó también en su contenido. Se supone que la profecía de Isaías y de Miqueas sobre la Paz Mundial (Isaías 2.2-5; Miqueas 4. 1-3) ya eran conocidas de antes. Los dos profetas las utilizaron en circunstancias diferentes. Por lo tanto, hay una diferencia entre las dos. Según un concepto mesiánico, el futuro Mesías de la Casa de David gobernará los pueblos con una "vara de hierro" desde Sión. Mientras, según el otro concepto, el Mesías será el Príncipe  de la Paz, - no Rey - humilde y sufriente.

 

Es interesante notar que en la época de Jesús, el pueblo esperaba a un Mesías fuerte  y militante, que los liberaría del yugo romano, y por eso no podían entender las ideas pacíficas de Jesús.

 

Los libros apócrifos que, sin duda alguna. ejercieron gran influencia en la época de Jesús, contribuyeron al fortalecimiento y a la divulgación de los conceptos  mesiánicos. El libro de Enoj da descripciones del Día del Juicio y del papel del Mesías en aquel momento. En la "Sabiduría de Salomón", el Mesías es mencionado primordialmente como el Juez Justo, fortalecido por "el Espíritu Santo". Confía en Dios  Quién  lo protegerá, pero  no  le concederá  poderío militar.

 

El siríaco Baruj describe las perturbaciones que precederán al triunfo del Mesías que será "hijo del hombre", pero también será "Hijo de Dios". Triunfará, pero no con fuerza física.

 

Esta referencia y otra más, confirman la creencia popular en un Mesías místico, que fortalecerá la vida  moral y espiritual, como lo hacían los antiguos profetas. 

 

El Reino de Dios en la Tierra

 

El concepto del "Reino de Dios" o el "Reino del Cielo"  llegó a ser tan familiar para el pensamiento cristiano, que pasa por alto el hecho de que este concepto, lleno de alegría y entusiasmo, fue una contribución del judaísmo.

 

A medida que buscamos sus comienzos históricos, podemos notar que    este concepto, sublime en su esperanza, en su objetivo, en su desafío y en su atrevimiento, ya ha florecido en el alma de los profetas.  Según las palabras de la antigua oración de Israel, en su texto más esclarecido, prevé "un mundo perfeccionado bajo el Reino del Todopoderoso".

 

El "Kadish" es una oración de los enlutados en memoria de los difuntos, sin la cual ningún servicio de la sinagoga podría ser completo. Se refleja en la "Oración del Señor" de la Iglesia, en el Padre Nuestro. Dice en una de sus partes: "Magnificado y santificado sea el Nombre del Eterno en el mundo que El había creado según Su voluntad. Y  quiera Él que Su Reino esté establecido en nuestros días, a lo largo de nuestras vidas, y a lo largo de la vida de la Casa de Israel; y  digamos todos: Amén."

 

¿Cuál sería el carácter de este Reino Divino, y cómo lo imagina el judaísmo?

 

Primero, no será un reino "celestial" desconectado de la vida humana terrenal. No es en "otro mundo", el mundo del más allá, sino un mundo mejor. "El Señor será el Rey reconocido sobre la Tierra". Está parafraseando, en la liturgia del Año Nuevo, donde expresa la esperanza en un reino así: "Oh Señor, nuestro Dios, extiende Tu temor sobre toda tu Creación y haz que Tu reverencia esté sobre todo lo que Tu has creado, de modo que  Te venere toda la Creación, que ellos, todos, puedan construir una sola humanidad unida para hacer Tu voluntad con corazón perfecto."

 

En segundo lugar, el Reino, el Ideal del futuro, será inaugurado no por una nación o un pueblo, sino por todos los pueblos que trabajan, luchan y sirven juntos a Dios como "una sola unidad, con un corazón perfecto". No se refiere a santos inmaculados, sino a seres humanos que observarán la visión y, con lealtad, serán servidores fieles del Eterno, trabajando bajo Su inspiración, para la realización de una sociedad ideal.

 

En el tercer lugar, el Reino será inaugurado:

 

  • “cuando los hombres  nos se causen daño y no se destruyan más”
  • "cuando nadie haga que el otro padezca temor";
  • "cuando la justicia fluya como agua y la rectitud como una vertiente     poderosa";
  • "cuando las espadas sean transformadas en arados y las lanzas en azadas";
  • "cuando las naciones no aprendan a hacer la guerra jamás";
  • "cuando  en todos los lugares de la Tierra se hallen hombres y mujeres que sean limpios de manos y puros de corazón”;
  • "cuando las naciones y los pueblos busquen la Montaña del Eterno de tal manera que ‘Él pueda enseñarles Sus caminos, cómo se debe  caminar en Sus sendas’";
  • "cuando haya una sola humanidad sobre la Tierra, de la misma manera que existe un solo Dios en el Cielo".

 

El concepto del Reino de Dios es una esperanza llena de exaltación. Coloca un objetivo para la vida y da propósito a la historia. Ve a Dios como el Centro de la Existencia. Establece como meta la perfección de la raza humana, confiere dignidad al esfuerzo humano, otorga valor a los ideales y coraje a los idealistas,  anima a los servidores que sufren, da confianza que la vida y los sufrimientos no serán  en vano.

 

Este concepto del judaísmo, adoptado y adaptado a diversas tradiciones y experiencias históricas, es otra contribución del judaísmo a la sociedad moderna.

 

Concepto mesiánico

 

La esperanza mesiánica de nuestra fe es como un horizonte, un camino a seguir,  que puede ser accesible, pero difícilmente alcanzable del todo. Abarca la triple esperanza en la perfección del individuo, del pueblo de Israel,  y  de toda la humanidad.

 

Fueron nuestros profetas que anunciaron en sus escritos el advenimiento de una “Era en que la Paz” reinará por doquier, habrá tranquilidad, amor y justicia  para todos. Los judíos como "Eved Adonai" - "Siervos de Dios", tienen que colaborar activamente en la preparación espiritual de esta época, divulgando los conceptos divinos de la moral. Su tarea es ser luz y ejemplo para toda la humanidad.

 

A través de los siglos hubo, y hay hasta hoy, personas que creían  y siguen creyendo en la llegada de un ser sobrehumano, un Mesías, descendiente de David. Este Mesías redimirá al pueblo judío y a toda la humanidad y establecerá el Reino de Dios en la Tierra. Creemos que no basta con esperar apaciblemente la llegada de este Enviado, esperando que Dios lo haga todo; nosotros, como socios y colaboradores en la permanente creación, tenemos el deber de trabajar para impulsar este evento que anhelamos, mediante la práctica de la virtud, y mediante nuestro esfuerzo al mejoramiento moral y espiritual de la humanidad. Nuestra tarea es, adelantar la llegada de la época en que "los pueblos volverán sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se prepararán para la guerra."

 

Cuando la democracia sea un hecho natural en el mundo entero, y cuando todos los corazones se unan en devota oración, se tornará en realidad el anuncio profético, “desaparecerán los falsos valores y la idolatría, el mundo será inspirado por la fe en Dios”.

 

Los impíos retornarán al Todopoderoso y la Humanidad reconocerá Su supremacía. Todos los hombres pondrán en Él su esperanza y "morará el lobo con el cordero y el leopardo con el cabrito se acostará, el becerro y el león y los animales domésticos andarán juntos y un niño los pastoreará. Entones Dios reinará por siempre jamás. Dios reinará eternamente y Él será Único y Su Nombre Único.

 

La idea mesiánica, y con ella, un optimismo sano, es una gran contribución de nuestro pueblo a la cultura universal y si el principio de la unicidad de Dios es la base de nuestra religión, el concepto mesiánico es su piedra  angular.

 

Quisiera terminar con el Cántico de Jana, madre del Profeta Samuel, el que más tarde se conocerá como la Alabanza de María:

 

"Mi alma alaba la grandeza del Señor,

Mi espíritu se alegra en Dios, mi Salvador.

Porque Dios ha puesto Sus ojos en mí, Su humilde esclava, Y desde ahora siempre

me llamarán dichosa;

Porque el Todopoderoso ha hecho en mi grandes cosas.

¡Santo es Su Nombre!

Dios tiene siempre misericordia de quienes Lo reverencian.

Actuó con todo Su poder, deshizo los planes de los orgullosos.

Derribó a los reyes de sus tronos y puso en alto a los humildes.

Llenó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías.

Ayudó al pueblo de Israel, Su siervo, y no se olvidó de tratarlo con misericordia.

Así lo había prometido a nuestros antepasados, a Abraham y a sus futuros

descendientes.” (Lucas 1. 46-55).

Fin del Tomo I