LA PAZ

Ponencia en la CEPAL

 

 

La PAZ, con mayúscula, debería ser el concepto más importante, más anhelado, más vital, en este nuestro, lamentablemente bastante conflictivo, mundo.

 

Según las palabras del Señor Bhoutros Bhoutros Gali, ex-secretario General de la ONU, los grandes objetivos de la ONU son: mantener la paz y la seguridad internacionales, hacer respetar la justicia y los derechos humanos, promover el progreso social y elevar el nivel de vida dentro del concepto más amplio de la libertad.

 

Las razones de los conflictos y de  las guerras son profundas y multifacéticas. Para evitarlos, habría que hacer todo lo que esté al alcance del ser humano y consolidar el respeto por los derechos  humanos y  las libertades fundamentales. Hay que  promover el desarrollo económico, a fin de alcanzar una prosperidad  más universal, mitigar los sufrimientos y poner coto a la fabricación  y utilización de las armas de destrucción  masiva. En otras palabras, alcanzar y mantener la paz en todo el mundo, teniendo presente que su base es la justicia.

 

El enorme avance tecnológico de nuestra época exige definiciones y compromisos hacia una mayor solidaridad contra la injusticia, la pobreza, la marginalidad. Sin embargo, el progreso aumenta las diferencias sociales, crece la brecha entre ricos y pobres, incrementa el hambre de gran número de personas, y ha generado nuevos riesgos contra el bienestar: daños ecológicos;  destrucción de la unidad familiar y de la comunidad; una mayor intromisión en la vida y los derechos de los individuos. Crecen los problemas, las enfermedades, el hambre, la opresión y la desesperación. El aumento del consumo de drogas es más peligrosa que la de cualquier enfermedad. 

 

La historia nos enseña que la prosperidad, sin paz, es peligrosa. Paz sin prosperidad,  tampoco  dura  mucho tiempo. La sociedad necesita de ambas.

 

La palabra "Paz" - en hebreo "Shalom" - es también un saludo. Transmite la sonrisa de una bienvenida, implica la sorpresa de un reencuentro, sugiere la experiencia de un momento  grato.

 

La raíz de la palabra "Shalom" tiene varios significados. Sugiere vivir sin ser molestado, con integridad e inviolabilidad, con salud corporal y espiritual, plenitud y tranquilidad. Significa también, tener buenas relaciones con el prójimo y sentir la presencia de Dios en nuestra vida cotidiana y en la de todos aquellos que nos rodean.

 

La antigua tradición judía enseña que tres pilares sostienen el mundo: la verdad, la justicia y la paz. (Zacarías 8.16). Prescribe como obligación para todos los seres humanos: "Amar la paz, correr en pos de ella, amar a los semejantes y acercarlos a la moral."

 

El sabio Hilel ponía como ejemplo de vida a  Aarón, hermano de Moisés, al decir: “Trata de continuar la enseñanza de Aarón, que amaba la paz y corría en pos de ella; que amaba a sus semejantes y los acercaba a la Torá.”

 

Solamente cuando nosotros, seres humanos, empecemos a comprender el significado real de estar en  paz con nosotros mismos y con nuestros prójimos, aprenderemos a  apreciarla plenamente.

 

Conocer y practicar las leyes, la enseñanza antigua de la moral; “...te darán la vida larga, largos días de  vida en paz.” (Proverbios 3.2); “...te conducirán por caminos agradables, por sendas que llevan a la PAZ.” (Proverbios 20.29).

 

Ya estamos casi por terminar el siglo XX. El Tercer Milenio debería significar una nueva etapa para toda la humanidad.  Sin embargo, esta "nueva era en la historia de la humanidad" no significará mucho, no traerá cambios significativos y profundos si no cambia el ser humano. Sólo si el hombre hubiera cambiado y mejorado, si fuera más consciente y responsable de sus obligaciones morales, podrá dar inicio a una nueva época, que deberá ser distinta. Pero no sólo distinta - debería ser mucho mejor. Lo más importante no es que en el mundo occidental empiece otra numeración; lo que importa es  que nosotros, los seres  humanos, seamos diferentes. Mejores. Al iniciar un año nuevo, nuestra religión prescribe la obligación de la introspección personal con la palabra "teshuvá" – “arrepentimiento”,  es decir, "retorno a la vida moral y ética".

 

En su obra "Formas de vida", el pedagogo Eduard Spränger se refiere a diferentes tipos humanos: el teórico, el religioso, el social, el económico, el estético, y el hombre de poder. El hombre de la nueva era, el “hombre moderno” no encuentra su ubicación en esta tipología. Más bien debe reemplazar al hombre del pasado que ha fracasado y cuya idea era, casi siempre, estar en contra de algo.

 

El hombre de hoy ha perdido su equilibro interior y nada le es más fácil que atribuir sus propios fracasos a causas exteriores. Buscamos la supuesta raíz de todos los males que nos aquejan, siempre fuera de nosotros, y desviamos nuestra atención de nuestros propios errores, en vez  de querer corregirlos.

 

En la emocionante obra ética "Empedocles sobre el Etna", de Matthew Arnold, el filósofo griego pronuncia las siguientes palabras sabias: "Nosotros podríamos tener paz interior, pero no estamos dispuestos a mirar dentro de nosotros mismos.

 

En efecto, no queremos mirar dentro de nosotros. El judaísmo ha reconocido, ya hace muchos siglos, el valor de la contemplación interior y exigió la introspección, la labor realizada  por el  individuo mismo. En este sentido, puede interpretarse también la frase del gran maestro Hilel, del siglo primero a.C.: "Si yo no velo por mí, por mi propia vida interior, ¿entonces quien lo hará?"

 

Es cierto que muchas veces no queremos mirar dentro de nosotros y cambiar nuestra mentalidad. No podemos y no debemos hacer responsable a ningún sistema por  nuestros propios fracasos. No es la democracia la que fracasa, ni es el socialismo el que provoca  nuestra desilusión. De la misma manera, sería absurdo atribuir el fracaso de la educación del niño al sistema pedagógico de Rousseau o de Pestalozzi. Por el contrario, el fracaso  se debe al propio alumno, al educador o, a lo mejor, a ambos.

 

¿Puede surgir un hombre nuevo? ¿Puede éste realizar su cambio interior, su  propia modificación? ¿su  modo de pensar? Sigmund Freud da una respuesta positiva a estas preguntas. Justamente este pensador, más que nadie, encontró un acceso a lo más íntimo -y eventualmente oscuro- de la naturaleza humana.  En el fondo del alma humana,  existen emociones muy sublimes: la simpatía, el altruismo, el amor al prójimo,  la disposición a ayudar. Los resultados de la sicología moderna coinciden con las enseñanzas milenarias de las religiones y con la ética de los tiempos antiguos. El denominador común, la plataforma única para un nuevo comienzo reza así:

 

Tú puedes, si quieres. Si te lo propones.

 

Otro sabio de la época del Talmud,  Shamai, resumía así: “Habla poco y haz mucho y recibe a todos los hombres con amable expresión.”

 

El hombre debe superar, ante todo, un desequilibrio, al que llegó en los tiempos modernos. Es el abismo entre el progreso material y el nivel moral. En el plano material, hemos llegado a ser casi gigantes, mientras seguimos siendo enanos en el aspecto moral y humano. Mucha energía se utiliza hacia afuera,  y  poca energía queda para el trabajo hacia “adentro”.

 

A través de experimentos e investigaciones de institutos y laboratorios, se abrió el camino hacia el aprovechamiento de la energía nuclear para la bomba atómica y hacia la conquista del espacio. Estudios gigantescos demuestran que hay muchos que se preparan  para desembocar en una nueva guerra mundial; sólo los esfuerzos mancomunados de toda la humanidad en pro de la paz universal,  pueden evitarla.

 

Leemos en el Talmud: “Se es sabio no sólo en palabras, sino en acciones; el simple conocimiento no es el objetivo,  lo es la acción. Si no,  serás cual árbol con muchas ramas y pocas raíces.”

 

El mundo moral también contaba con investigadores y con la publicación de sus obras. La búsqueda colectiva del bien, está ligada a nombres de fundadores de religiones, de filósofos, de poetas, de moralistas.

 

Actualmente, la mayoría de los pueblos se encuentra ante el desafío moral de cómo lograr la paz. Todavía no están a la altura de este cometido, no sólo desde el punto de vista político, sino porque la "experimentación por la paz" hasta ahora no ha dado resultados en el “laboratorio” llamado alma del ser humano. Los experimentos atómicos tuvieron éxito por considerarse terminados los trabajos de preparación. Los intentos en pro de la paz no han superado aún las etapas previas, desde los tiempos de los profetas.

 

¿Podrá surgir el hombre nuevo? ¡Sí! Y por intermedio de este hombre nuevo deberá crearse un mundo nuevo,  una era nueva. Lo expresó claramente  el Profeta Ezequiel, transmitiendo el mensaje divino: "Os daré corazón nuevo y pondré Mi espíritu nuevo dentro de  ustedes. Y haré que guardéis Mis Mandamientos." El hombre nuevo  deberá estar orientado hacia la solidaridad común, la fraternidad y la comprensión y,  sobre todo, hacia  la hermandad con "los marcados por el dolor", según la expresión empleada por Albert Schweitzer.

 

El objetivo más importante debería ser la educación de las grandes masas para la paz, en su sentido amplio: Paz interior, paz familiar, paz social, paz internacional para nuestra época, y paz con la naturaleza.

 

Nuestra tarea en común debe ser, perfeccionar el mundo por medio de la educación y por el autoperfeccionamiento de cada individuo. Para esta actividad, tienen un papel preponderante todas las religiones y todos los conceptos filosóficos de carácter moral.

 

Leemos en el Tratado de Principios:

“Cuanto mayor es el conocimiento que se posea, mayor será la rectitud.”

“Cuanto mayor la rectitud, mayor la paz.”

 

Nuestro anhelo para el futuro será que los antisociales, los guerrilleros del mundo, se conviertan en ciudadanos del mundo, en hombres nuevos, cambiados interiormente, para que construyamos un  mundo nuevo, un mundo  basado en la libertad y en la paz, en el amor mutuo y en la colaboración fraternal.

 

Para terminar, puede surgir la pregunta ¿Y dónde está Dios, nuestro Dios Omnipotente, Padre Celestial de toda la humanidad?

 

Su presencia se manifiesta  a través de los actos de los seres humanos. Al ver el esfuerzo mancomunado de todos Sus hijos, seguramente otorgará Su Bendición Paternal para que todos podamos llegar a un mundo mejor, al Reino de Dios en esta Tierra que Él nos ha otorgado para nuestro bien y para que la cuidemos – por el bien de todos nosotros.

 

Bendito seas oh Dios – como rezamos en nuestra oración nocturna – que extiendes Tu  Manto de Paz sobre nosotros y sobre toda la Humanidad.

Amén."