JERUSALÉN, CUNA DE TRES GRANDES RELIGIONES

 

EL SIGNIFICADO DE JERUSALÉN PARA LOS JUDIOS

 

Foro - Panel

Con motivo de la celebración de los

3000 años de la fundación de la ciudad de JERUSALÉN

 Universidad del Pacífico, 1995

 

 

            No existe  ninguna otra religión que esté tan ligada a un territorio específico con  razones especiales, como el judaísmo. Este hecho está basado en dos elementos principales:  

 

            Por una parte, el judaísmo afirma, con toda razón, que  sus valores religiosos-morales son universales  y  espera una época en la cual habrán de prevalecer   la paz y la justicia universales. Una época, cuando el mundo será perfecto bajo el Reino del Todopoderoso; cuando toda  la Humanidad   se prosternará ante Él, y ofrecerá honra y tributo a la Gloria de Su Reino. En esa época, el centro del Reino de Dios se ubicará en Jerusalén. 

 

            Por otra parte, el pueblo judío ha mantenido siempre un lazo muy particular y permanente con  la Tierra de Israel, a pesar del hecho de que sus hijos se hayan visto obligados a vivir en el exilio por más de dos mil años,  período mucho más largo del que gozaron por haber vivido en su propio Estado independiente, en su propio territorio.

 

            La paradoja ha encontrado una solución  parcial  en  dos formas: En forma negativa, debido al hecho de que durante siglos los judíos carecieron de los privilegios y prerrogativas de la ciudadanía  otorgada a los ciudadanos en los países de su residencia. Y en forma positiva,  a través de su fe doctrinaria expresada en las enseñanzas y oraciones que los instruían para considerarse  como residentes despojados, pero sólo circunstancial- mente, de la única Tierra que pueden  considerar legalmente   como la propia.

 

             Según nuestras creencias,  la inescrutable voluntad de Dios era que el pueblo judío tuviese que cumplir su expiación en el exilio. Pero, había igualmente una promesa divina que, en algún momento, podrían retornar a su propia tierra. Tanto en  el espíritu como en la práctica, los judíos vieron transcurrir su existencia como expatriados, pero siguieron  manteniendo su esperanza  en la recuperación de su Tierra Prometida, y esta esperanza  les dio fuerza para sobrevivir todas  las penurias.

 

            La memoria judía y el nexo que siempre los había mantenido unidos con la Tierra de Israel, fueron ininterrumpidos. Tres veces al día, en cualquier parte del mundo en que se encontrara, cada judío  ha dirigido su frente hacia Jerusalén, por lo menos simbólicamente, y rogaba a Dios que  lo tuviese en Su misericordia y  lo condujera a su Tierra perdida. En los servicios de las Altas Fiestas Religiosas, pronunciaban oraciones especiales  por el pronto retorno. Las fiestas, de contenido espiritual - agrícola, siempre se han  celebrado según el año agrícola en Palestina. Y cuando no podían  concebir  que la salvación llegara por medios naturales, esperaban que se realizara  a través de  un milagro, o por razones  místicas. El lugar geográfico que ocupa la Tierra de Israel en la religión judía, fuera de su aspecto meramente nacional, reviste una importancia  inconmensurable para la sobrevivencia.

 

            Además, existía un mandato  religioso positivo para los residentes en  esa Tierra: pueden dirigirse  al exterior sólo con el fin de estudiar la Torá, de contraer matrimonio o de  recuperar y/o restituir una propiedad.  Luego, debían retornar a  la Tierra de Israel.

 

            Los sabios y los maestros solían besar,   por respeto,  hasta las piedras de la Tierra de Israel,  y los rabinos enseñaron que los pecados de los habitantes de la Tierra de Palestina serían perdonados con más facilidad. Todas las consecuencias muy positivas con respecto a la llegada del Mesías, serían percibidas allí antes que en cualquier otra parte del mundo.  Muchos de aquellos que emigraron de sus países de nacimiento o de residencia durante el Medioevo se fueron, no tanto a  vivir en Palestina, sino más bien para morir allí,  para que fueran resucitados entre los primeros,  inmediatamente después de la llegada del Mesías. Muchos judíos que vivían en la diáspora, guardaban un poco de tierra de Palestina en una bolsa de tela, y esta tierra ha sido colocada como cojín en su ataúd cuando  muertos, para que su cuerpo descanse en el suelo de la Tierra Santa hasta que llegaría el Mesías. 

            A partir del siglo XIV creció la voluntad de los judíos europeos de vivir en Palestina, y, más tarde, muchos de los expulsados de España se trasladaron allí, aunque tuvieron que vencer muchas dificultades para ubicarse. .

            La creencia en el deber religioso de residir en la Tierra de Israel,  la Tierra Prometida,  y especialmente en el lugar central y dominante del país, en Jerusalén, ocupaba en la creencia y en los sentimientos del pueblo judío, un puesto medular. Era éste siempre un elemento indesafiable en el pensamiento judío, a través de todas las épocas del exilio, lo que recibió un fuerte apoyo por la doctrina  de Libertad, Igualdad y Fraternidad proclamada por la Revolución Francesa. Las persecuciones en los diferentes países de Europa Oriental, el fracaso parcial de la emancipación política en Europa  Occidental  y Central, el fortalecimiento  de la ideología sionista y la formación del sionismo organizado, aumentaron la  inmigración a  Palestina,  que por aquel entonces pertenecía al  Imperio Otomán y era dominado por los turcos.

Volvamos ahora a Jerusalén, o con  otro nombre, un nombre predilecto y más cariñoso para todo el pueblo judío:  Sión.

 

            Sión: Es el nombre de la colina situada al sureste de Jerusalén, donde estuvo situada originalmente la ciudad, tanto en la época de los jebuseos como por un cierto tiempo después de haber sido conquistada por David. Entonces recibió el nombre de  "Ciudad de David".

 

            La ciudad comenzó a extenderse primero hacia el norte, con la construcción del Templo y Palacio de Salomón, y el nombre se hizo extensivo al monte en que éstos se levantaron.

 

            En los siguientes siglos, la ciudad se extendió no sólo  más al norte, sino también hacia la colina occidental, situada al otro lado del valle central. Con ello, se extendió  aún más la aplicación del nombre "Sión", de modo que, finalmente, Sión llegó a ser sinónimo del nombre de toda la Ciudad de Jerusalén.

 

            En tiempos posteriores a la época bíblica,. sobre todo desde la época bizantina,  (siglo IV. e.c.), la colina occidental asumió  el nombre de Sión, de manera que hasta hoy día su nombre es: "Monte de Sión".

 

Sión figura en el Antiguo Testamento  en los siguientes versículos:

 

con el nombre de "Monte de Jerusalén":

II. Samuel 5.7.   

                        I. Crónicas 2.5.

 

con el nombre de  "Monte del Templo":

                        Isaías 8.18.

                        Joel 3.17.

 

con el nombre de "Jerusalén"

                        Salmo 97.8.    

 

Jerusalén figura en muchas  partes del Antiguo Testamento, como por ejemplo:

                        Josué 10.l. 

 

Adoni Zedek, Rey de Jerusalén

                        Josué 15.63.

 

Los jebuseos habitaban en Jerusalén.

                        Jueces  1.8.

 

Los de Judea combatieron a Jerusalén  y la tomaron.

                        II. Samuel 15.6.

 

David conquista  a Jerusalén de los jebuseos.

                        II. Samuel  Cap.5. y 6.

 

La ocupación de Jerusalén por David.

                        Salmo 51.18.

 

David pide a Dios a ayudar en la reconstrucción de las murallas de Jerusalén.

                        I. Reyes Cap.6.

 

La construcción del Santuario por Salomón.               

                        I. Reyes Cap. 8.

 

La inauguración del Santuario.

                        II. Reyes  Cap.25.

 

Caída y destrucción de Jerusalén. 

                        II. Reyes 14.13. 

 

Joas, rey de Israel, saqueó a Jerusalén

                        II. Reyes 24.10.

 

Nabucadonozor sitia a Jerusalén.         .

                        II. Reyes 25.10.

 

El ejército de los caldeos derribó las murallas de Jerusalén.

                        Esdras 1,  2-11.

 

Ciro, rey de Persia, comunica que Dios le había ordenado edificar una casa consagrada a El en Jerusalén.

                        Nehemías 12.27.

 

La dedicación de la muralla alrededor de Jerusalén con una fiesta popular.

                        Salmo 122.6.

 

Orad por la paz de Jerusalén.

                        Salmo 122.7.

 

Haya paz dentro de sus murallas, tranquilidad en sus palacios.

                        Isaías 44.26.

 

Dios se compromete que una vez más, será habitado Jerusalén; de nuevo será reconstruido y sus ruinas serán reedificadas. 

                        Jeremías  9.11.

 

Dios convertirá a Jerusalén en un montón de ruinas, en morada de chacales.

                        Joel  3.17.

 

Dios promete habitar en Sión, en su santo monte; Jerusalén  será sana y extranjeros no pasarán  por ella.

                        Zacarías  12. 2 - 12.

 

Jerusalén será restaurada, Dios defenderá sus habitantes.

 

            Jerusalén, como principal centro espiritual, ingresó en la historia israelita y en la conciencia histórica religiosa bajo el reinado de David. La historia de  la Conquista de la ciudad, así como las razones que llevaron al Rey David a convertirla en el centro simbólico, tanto ritual  como político, son conocidos.

 

            David convirtió a Jerusalén en el centro del culto y de la unificación  nacional del pueblo. En el símbolo  de la transformación del pueblo en una nación, en un Estado. Pero nunca estuvo completamente subordinada a estos conceptos, y  cuando el Estado dejó de existir, Jerusalén no  perdió su importancia y su valor para el pueblo judío, aún en la diáspora. Al contrario. Se adaptó y se ajustó  fácilmente a las nuevas y diversas circunstancias históricas. Según la teología oficial y las creencias populares,  fue la ciudad elegida por Dios como parte del Pacto con Su pueblo. (Jer. 31. 34-34-39;  33, 14-26.).

 

            El significado de  Jerusalén, determinado por la conciencia histórica, se expresa ampliamente en los Libros de los Profetas, y en el Libro de los Salmos.

 

            Jerusalén y Sión son sinónimos y no sólo representan a la ciudad, sino al país como totalidad,  y para el remanente del pueblo, como un Todo. Cuando el autor de las Lamentaciones, el Profeta Jeremías,  llora por la destrucción de   las "Hijas de Jerusalén y por el triste exilio de los Hijos de Sión", obviamente se refiere al pueblo todo. Y, cuando  en el Libro del Segundo Isaías,  se exalta la alegría de Sión  cuando sus hijos retornaran a ella desde la dispersión, también se refiere a todo el pueblo.

 

            La identificación de Sión y Jerusalén con la madre viuda, dolorida y enlutada  que, algún  día, se regocijará  nuevamente, cuando sus hijos se  congreguen  a su alrededor, es como uno de los motivos principales de la imaginación judía tradicional, apoyado por  los sabios del Talmud y del Midrash, es decir, de diferentes obras de la literatura postbíblica.

 

            El alcance de esta ponencia no permite ni siquiera una reseña superficial del rol de Sión o Jerusalén en la liturgia judía diaria; tal vez hablaré más de este tema si hubiera  preguntas al respecto.

 

             El punto que quisiera subrayar aquí, es el rol semántico de un término geográfico para designar una entidad histórica, pero de tal manera que la historia permanezca aferrada a un centro geográfico concreto, tanto en término de origen, es decir el Pacto,  la Tierra Prometida y  la Ciudad Elegida, como las subsiguientes catástrofes y sufrimientos, es decir la destrucción,  la dispersión, el exilio,  con  la escatología,  su papel en la época mesiánica  y con el retorno futuro.

 

            El judaísmo rabínico retomó y  desarrolló a su manera peculiar, el concepto del Jerusalén Celestial que comenzó a aparecer en el período intertestamentario.

 

             Según un cuento del Midrash, la Jerusalén terrestre es sólo un reflejo de la celestial. Hay una Jerusalén arriba que corresponde a la de abajo. En razón de su inmenso amor  por la Jerusalén terrenal,  Dios construyó una arriba, en el Cielo. Según otras expresiones, la Jerusalén terrenal no refleja un arquetipo celestial, ni tampoco deriva su significado del hecho de  servir como espejo de una realidad celestial. Constituye un valor en sí mismo - y como tal, sirve de arquetipo para la Jerusalén divina  del cielo. De acuerdo a esta tradición, no es posible obtener su significado espiritual, si se niega la importancia de la esfera histórica con sus realidades materiales, sociales y políticas.

 

            La Jerusalén ideal, restaurada en la visión de Jeremías, es un centro político pleno de actividades y con mucha gente. (Jer.22.4). En tanto, como la idea de la Jerusalén celestial, concluído por pensadores judíos y por la imaginación mística, nunca perdió el contacto con la  realidad cotidiana. La primera referencia a la Jerusalén celestial en la literatura talmúdica (Tanait 5b) coloca las palabras siguientes, sorprendentes, en la boca del mismo Dios que dice: "No entraré en la Jerusalén celestial si antes  no he vuelto  la Jerusalén terrenal."

 

            Si es verdad,  como he sugerido, que los términos sinónimos: Jerusalén y Sión, simbolizaron la realidad histórica de un pueblo y  su relación con una tierra, podemos comprender mejor las etapas modernas, secularizadas de esa historia. Jerusalén y Sión son términos geográficos que superan la mera geografía, pero no existen fuera de ella. Son la residencia localizada y el nombre de una existencia histórica y de su continuidad; una existencia que, para el judío religioso, posee dimensiones religiosas, y para el judío secularizado, es susceptible de ser formulado nuevamente en términos seculares, capital del Estado Judío renacido.

 

             La devoción litúrgica, la piedad popular, el simbolismo religioso y  la esperanza mesiánica, incluso en sus formas secularizadas durante los siglos XIX – XX, se dirigen fundamentalmente hacia Jerusalén, un terreno como símbolo de la reunión del pueblo disperso con su Tierra Prometida en el mundo actual.

 

            En conclusión:  mi deseo es formular las implicancias prácticas de todo lo que he dicho. Jerusalén, que la etimología popular ha interpretado con intenciones loables pero con poca justificación filológica o histórica, como la "Ciudad de la Paz", ha sido testigo de más derramamiento de sangre, guerra, odio, violencia, conquistas y luchas internas  milenarias, que cualquier otra ciudad.

 

            En la actualidad, en una época que se considera secularizada, se utilizan símbolos y argumentos religiosos al servicio político y al enfrentamiento de nacionalismos en conflicto.

 

            Cito las palabras del científico  Kristel Stendahl, profesor de Religiones Comparadas en la Universidad  Harvard: 

 

            "Para los cristianos y mahometanos, el término ‘Lugares Santos’  es una expresión adecuada de aquello que tiene  importancia para ellos. Aquí se encuentran lugares sagrados, rodeados por el aura de los acontecimientos más santos, aquí se encuentran  los lugares de peregrinaje, el verdadero centro de la devoción más elevada. Pero, para el judaísmo, es diferente. Los lugares sagrados del judaísmo no poseen santuarios. Su religión no está ligada a ‘lugares’, sino a la tierra; no a lo que ha ocurrido en Jerusalén, sino a  Jerusalén mismo.

 

            “Jerusalén, como lugar de peregrinación para todos los judíos, existe también después de su destrucción, también en nuestros días.”

 

            Hasta aquí las palabras del Prof. Stendahl. Yo agrego todavía la opinión de nuestros sabios:

 

            Palestina no es sólo la Tierra Santa, sino el sitio revelado y destinado  para la  realización del Pacto. La Santidad de Eretz Israel, de la Tierra Santa, aparece como un ideal a realizar: la tierra será  santa  cuando la fidelidad y la justicia de todo Israel respondan plenamente a la fidelidad y la justicia del Señor. Entonces, el Mesías puede llegar y reinar sobre los pueblos  verdaderamente reconciliados en Jerusalén.

 

            Es una gran alegría para mi, estar juntos representantes de los tres diferentes credos, para  meditar y hablar de Jerusalén que amamos todos, como  lugar sagrado para las tres grandes religiones monoteístas. Estamos convencidos de que la Ciencia de las Religiones Comparadas puede ayudar a comprender  y entender las variedades  simbólicas y místicas implícitas, y las opciones, posibilidades y límites que cada grupo religioso experimenta en el marco de su propio esquema simbólico. No debemos olvidar  jamás   el mensaje del profeta Isaías:

 

            "Sión será rescatada por justicia y sus habitantes por rectitud."

 

            Quisiera agregar algunas  enseñanzas sobre Jerusalén y el Santuario, basadas en nuestra  tradición popular,  obras que se llaman  "Midrash" y "Agadá".

 

            El conocido científico Hugo Bergmann, escribe: "Si quieres conocer al pueblo judío y sus luchas, sus sufrimientos y sus esperanzas, su ética, su fe y sus dudas, lee y conoce sus Agadot: El espíritu judío respira  basada  en la sangre judía y palpita según las líneas de la Agadá."

 

            Los historiadores anotaron la historia de Jerusalén  y del Santuario, mientas los maestros de la Agadá - es decir, de la tradición popular judía, tanto escrita como oral, -  la decoran y adornan con el manto espléndido de  fábulas y cuentos. Así nos aparecen, tanto Jerusalén como el Santuario, aunque tal vez no en su realidad o apariencia física,  sino en la forma  que los imaginaba el pueblo judío, y como los consideró durante  largos siglos.

 

            Según la Agadá, Jerusalén y el Santuario terrenales tienen  su copia fiel en los cielos, y el Sumo Sacerdote de éste es Micael, el genio del pueblo judío. El Santuario existía en la mente del Creador ya antes de la realización de la Creación del Mundo.

 

            Jerusalén es una corona preciosa. Dios bendijo al mundo con siete medidas de belleza. Seis de éstas llegaron a  Jerusalén y  el Santuario, y tan sólo una  para  el mundo entero. La misma es la proporción  respecto de la sabiduría otorgada al mundo. El aire de Eretz Israel, y especialmente  de Jerusalén, da sabiduría, y si alguien viene desde allí, merece una cátedra para poder difundir su  conocimiento y sabiduría, y que los oyentes puedan captarlo. 

 

            Según la creencia popular,  al nacer un tzadik -es decir, un piadoso-,  pueden ocurrir milagros. Así,  acontecieron milagros durante la construcción del Santuario: El Templo de Salomón se construyó de si mismo y la construcción del Segundo Templo también fue acompañada por milagros. Durante la construcción,  la  lluvia cayó sólo durante la noche, y durante el día se secó la tierra y brilló el sol, para que el pueblo pueda trabajar en la labor sagrada. Ninguno de los constructores enfermó y nadie  murió. Para complacer al Santuario, hubo cambios en el orden de la Naturaleza. El diluvio, descrito en el Libro de Génesis, no destruyó la Tierra de Israel, para que allí se pudiera construir el Santuario. La paloma le trajo la hoja verde de olivo a Noé,  desde aquel lugar. No hubo incendio  en el Santuario, el viento no desvió la columna del humo que subió del altar, y la lluvia no apagó jamás el fuego del altar. 

 

            Las bestias  evitaron entrar en la ciudad, las serpientes no  mordían a nadie. No hubo moscas en la ciudad y tampoco  en el Templo, a pesar del sacrificio de gran cantidad de animales. Los espíritus malos, dispuestos a hacer daño a los hombres, durante los sitios de la ciudad de Jerusalén formaron cercos irrompibles para defender y proteger a la ciudad, y abandonaron su lugar sólo al darse cuenta de que la destrucción  de la ciudad era voluntad  de Dios.

 

            Cuentan que pasaron muchos milagros en el mismo Santuario. Salomón plantó árboles que daban frutos de oro, y  la venta de éstos posibilitó la  manutención del culto. Pero cuando  penetraron extranjeros al santuario, los frutos  cayeron, se transformaron en piedras y jamás crecieron de nuevo.  Cuando los sacerdotes fueron llevados al cautiverio babilónico, escondieron una brasa sacada del altar en una fosa muy profunda. Nehemías, al reconstruir el Santuario,  encontró la fosa y dentro de ella, en  lugar de la brasa, había un líquido especial con el cual pudieron  encender  la leña en el nuevo altar. La carne de los sacrificios nunca se echó a perder. El espacio en el Templo nunca era estrecho, siempre había lugar para prosternarse en honor  a Dios.  

 

            Debido al Santuario,  pasaron milagros también a varias personas, especialmente a aquellas que  llevaban ofrendas en forma generosa, o que realizaban la peregrinación en las fiestas: Nicanor llevó puertas hechas de oro para Jerusalén, pero su nave fue alcanzada por una tormenta violenta, y así, para disminuir el peso de la nave, tuvo  que botar  una puerta al agua.. Cuando llegó su nave al puerto, encontraron allí también la puerta que había sido echada al agua y pudieron instalar "las Puertas de Nicanor" en el Santuario.

 

            Aquellos que,   al apurarse,  olvidaron  cerrar las puertas de sus casas antes de comenzar su peregrinaje, y estaban muy angustiados por esto, al regresar encontraron una serpiente en la cerradura que protegió la casa de  los ladrones. Había dos hermanos en Ashkalon que subieron a Jerusalén,  y entretanto sus vecinos malvados decidieron abrir la puerta y saquear la casa. Pero Dios mandó dos ángeles que tomaron el aspecto de los dos hermanos en peregrinaje, y ahuyentaron a los vecinos.

 

            El Santuario fue incendiado y se quemó el 9 del mes de Av. Pero, según la tradición,  sus piedras sirvieron para la construcción de  muchos templos en diferentes lugares del mundo. Estos templos abrazaron la Shejiná, es decir el Espíritu Divino,  y también llenaron a los que  buscaban a Dios con sinceridad.

 

            El lugar más santo del Templo era el Arón Hakodesh, el Arca Santa.  ¿Qué pasó con el Arca Santa? El pueblo no podía aceptar que  haya sido destruidas, también,  las Dos Tablas de la Ley. Pero les tranquilizaba  el cuento  según el cual,  el profeta Jeremías había escondido el Arca Santa, y dentro de ésta,  las Dos Tablas de la Ley.  Encontrarán las Dos Tablas, cuando Dios se apiade de Su pueblo y los recoja de los cuatro puntos cardinales de la Tierra.

 

                                    Otro cuento folklórico, una Agadá,  dice que cuando se hubo destruído el Santuario, un ángel bajó del Cielo y escondió el Arca con  las Tablas de la Ley, junto con el altar y las vestimentas de los cohanim y del Sumo Sacerdote, debajo de la tierra, diciendo:  Tú, Tierra, recibe estos objetos y cuídalos bien, hasta que Dios haga reconstruir el Templo, y Jerusalén  sea la Ciudad Eterna. Devuélvelos a aquellos que los busquen con fe y  devoción, para que estos objetos sagrados brillen y muestren el camino hacia un mundo mejor para toda la humanidad.