EL DERECHO EN LA LEGISLACIÓN BÍBLICA

 

El derecho es el conjunto de leyes  y disposiciones que determinan las  relaciones sociales desde el punto de vista de las personas y de la propiedad.

 

Dentro del judaísmo, considerando su carácter religioso-étnico, la expresión “mishpat-ivri” define  las leyes que regularizan la relación entre el hombre y su Creador, y entre el hombre y su semejante. Cabe subrayar desde el principio, que muchas veces no es fácil separar los dos campos, pues se supone una interrelación mutua.

 

El segundo grupo de leyes se divide en  derecho privado (dinei mamonot) y derecho penal (dinei nefashot), y, en ambos casos, las leyes sirven para sancionar las desviaciones de las normas preestablecidas. Con respecto a las desviaciones, se hace diferencia entre aquellas que deben ser sancionadas por un tribunal legalmente establecido, o, siendo sólo una desviación de la conducta moral, la sanción divina. Sin embargo, se subraya una vez más, la existencia de una reciprocidad entre la ley y la moral. Por lo tanto, se ha desarrollado una jurisprudencia que expresa: aunque la ley no sancione obligatoriamente, debe reparar, especialmente lo material, por moral.

 

En la jurisprudencia judía se hace diferencia entre las leyes que tienen sus raíces en la Torá - o en la Biblia (mideorayta)- y entre aquellas que surgen de la interpretación y adaptación (miderabanim).

 

Las fuentes de la jurisprudencia son:

 

  • las leyes naturales desde la época de los Patriarcas,
  • las leyes de Moisés,
  • las leyes de la Mishna, Tosefta, Baraita y de otros libros postbíblicos,
  • las leyes de los códigos,
  • las leyes promulgadas en diferentes circunstancias históricas, en diferentes lugares de la diáspora (takanot-guezerot),
  • las leyes que surgieron basándose en  las inquietudes reales de las personas y/o de las instituciones (sheelot uteshuvot – responsa)    

 

La jurisprudencia se ha basado en la tradición, en las costumbres (minhag), en el apoyarse en un precedente (maasé), en la deducción lógica (sbará) y, sin duda alguna, en la influencia de la legislación de aquellos países donde vivían. Pero jamás en algún poder sobrehumano.

 

Los tribunales tenían la obligación de mirar al hombre y servir en la vida práctica. La jurisprudencia desarrollada durante casi tres mil años y manifestada en la actuación de los tribunales locales, regionales y a veces territoriales, ha sido un vínculo importante para mantener la unidad del pueblo  judío después de la destrucción de su autonomía política, siempre de carácter religioso y nacional. Ha existido una prohibición válida para todos los judíos de dirigirse, como litigantes entre sí, a tribunales gentiles.

 

Cabe mencionar al respecto que durante la Edad Media, cuando surgió un asunto jurídico entre un judío y un gentil, éste último, al estar convencido del alto nivel moral de los tribunales judíos, aceptó muchas veces la competencia de este tribunal, que además ha sido reconocido por su creatividad y por el desarrollo del sistema jurídico en conformidad con las circunstancias económicas y sociales.

 

Aunque durante toda la historia ha sido mantenido el sistema jurídico autóctono del pueblo judío por doquier, lo que desapareció sólo como consecuencia de la emancipación en el siglo xix, muchas veces ha sido considerado como complementario, porque las autoridades religiosas de todas las épocas exigían el cumplimiento de una regla básica: la ley del país donde vives es también tu ley (dina demaljuta dina).

 

El tema de mi conferencia es la legislación bíblica, pero tocaré apenas una parte de dicha legislación mosaica: el tema del derecho privado, que trata dos importantes campos: la situación de la persona y de la propiedad o patrimonio. El derecho privado es la compilación de aquellos reglamentos que se refieren a la relación legal de una persona con  otra, (derecho civil), y los que regularizan los derechos de la persona con las cosas del mundo, con los recursos materiales (derecho patrimonial).

 

Hay diferentes posibilidades de reglamentar estas relaciones. El derecho civil puede ser aristocrático, lo que significa que los derechos personales están impartidos en forma desigual, es decir, hay diferencia entre hombre y hombre, o entre los diferentes grupos de hombres; o puede ser democrático, lo que significa la igualdad completa de todos los seres humanos, desde el punto de vista legal.

 

Nuestra tarea es examinar, cómo  consideró el legislador Moisés toda esta problemática, y en qué forma reglamentó la vida de los antiguos judíos.

Ahora debemos  mencionar que él tenía un punto de vista contrario a la legislación principal de la Antigüedad, en el Corpus Juris Civil, y también con respecto a la legislación babilónica.

 

El derecho personal de estas legislaciones era aristocrático, y el derecho de los bienes, individualista. En cambio, el derecho mosaico era democrático.

 

Mas es comprensible la diferencia entre la legislación mosaica y la romana, o la babilónica. Estas últimas se regían según el concepto de que la base del derecho, es el poder. Según el concepto de Moisés, la base del derecho es la moral. Él prefería el concepto del amor y de la fraternidad al del poder y de la fuerza.

 

Ahora podemos echar una mirada a la legislación mosaica, pero tan sólo en grandes líneas. Según ella, cada uno de los seres humanos tiene derecho a vivir, casarse y tener familia,  poseer,  trabajar,  vestirse y  buscar asilo. Tiene derecho a que su persona sea respetada. Tiene derecho a un día de descanso  cada semana. La sociedad mosaica está constituida tomando como base el concepto de la igualdad de derechos, y no en las diferencias entre hombre y hombre.

 

La sociedad no está dividida en clases o capas, donde  uno tiene más derechos que  otro. Cada miembro de la comunidad tiene derechos y obligaciones iguales, y cada cual debe pagar el mismo impuesto.  (Éxodo 30, 14-16). La igualdad de los seres humanos, se basa en el concepto de la creación de un hombre, lo que significa que todos los seres humanos tienen la misma ascendencia, y el mismo Padre Celestial. Por lo tanto, nadie tiene derecho de subyugar a otro.

 

Parece que este concepto de la igualdad fuera violado por la existencia de la clase sacerdotal, pero eso es tan solo una apariencia. Es verdad que la clase sacerdotal ha sido muy respetada, pero sus privilegios tenían únicamente carácter espiritual y nunca se les aseguró más derechos en la vida comunitaria o social, que al resto de Israel. Al contrario, el hecho de que ellos no podían tener recursos y estaban obligados a vivir de donaciones, les hizo dependientes y es muy cierto que no podían convertirse en poderosos o directivos en la vida política. (Deut. 18, 1-2).

 

La clase de los soldados tampoco gozaba más derechos, contrariamente a las otras naciones de aquella época. Entre los judíos no existía una capa militar profesional, pues la obligación de defender la patria, era vigente para todos. La participación en la defensa no daba ningún privilegio y, -en base a las leyes existentes,– cada uno del pueblo podía eximirse de esta obligación.  (Deut. 20, 5-8).

 

La legislación mosaica conoce una sola diferencia en el estado personal, y éste se refiere al concepto del siervo, como antítesis al hombre libre. No existía sociedad antigua alguna, donde no  hubiera existido el concepto y la práctica de la esclavitud. Pero había una diferencia enorme entre la legislación mosaica y todas las demás, también en este contexto. En la legislación de los otros pueblos de la Antigüedad, el esclavo era un objeto, y su amo podía hacer con él lo que se le antojara. En cambio, las leyes mosaicas respetan y protegen al hombre empobrecido, quien tiene la obligación de trabajar para  otro, pero también tiene el derecho a vivir con dignidad.

 

Un judío no  podía permanecer esclavo durante toda su vida. Podía ser siervo o esclavo, pero sólo temporalmente. Y,  después de  años de trabajo, volvía a ser libre y podía irse. Sin embargo, incluso durante los años de su servidumbre, debía ser respetado como ser humano. Estaba estrictamente prohibido, obligarlo a trabajar más de lo que sus fuerzas  permitieran, o tratarlo en forma inhumana. En el momento en que recuperaba su libertad, su dueño tenía que proveerlo para cubrir  sus necesidades y darle ayuda para que comenzara una nueva vida

 

La liberación de los esclavos era un deber religioso y moral, y no se consideraba como un sacrificio cumplido por obligación. La relación entre el amo y el siervo era más patriarcal que patronal.

 

Era conocido el concepto de  esclavo, pero únicamente para los extranjeros. La vida del esclavo era mucho más fácil que entre los otros pueblos antiguos, pues estaba regulada por otro tipo de legislación. El reposo sabático era obligatorio también para él. Tenía derecho a reposo en el séptimo año, que es el año del reposo de la tierra, hasta el día de hoy.. La ley lo defendía contra la tiranía o del trato violento del dueño, como figura en el Éxodo.  (21. 20-21, 26-27).

 

Si el dueño hacía sufrir a su esclavo, y  se sentía obligado a escaparse, éste debía ser acogido por los otros. No se podía devolver a su dueño, pero tampoco era posible someterlo una vez más a la esclavitud o extorsionarlo por la protección prestada. (Deut. 23, 16-17).

 

En las primeras épocas de la evolución nacional, los derechos en general eran desfavorables con relación al extranjero, disminuyendo su derecho o negándole la jurisdicción. Sólo como resultado de una evolución de muchos siglos, pudo gozar el extranjero de los mismos derechos que los nacidos en el pueblo. 

 

Así podemos admirar las leyes mosaicas, las que aseguraron no sólo la igualdad de derechos, sino también exigen amor y respeto para con los extranjeros, y –fuera del concepto de esclavitud arriba mencionado- era únicamente la no participación en el culto religioso que los diferenciaba de los judíos. (Deut. 23, 8-9). Es interesante que la legislación mosaica ha dado posibilidades al extranjero para poder comprar siervos judíos en las mismas condiciones, que un judío podía hacerlo. (Lev. 25, 47-49, 53-54).

 

La parte más importante del derecho privado mosaico, es el derecho patrimonial. En este se encuentra un concepto original del gran legislador. Es un sistema – podríamos decir, tipo socialista- bien organizado. Mirándolo desde el punto de vista sociológico, es interesante por dos aspectos.

 

Sabemos que cada pueblo tenía un sistema tipo socialista en la primera fase de su historia. El pueblo romano,  el primero en la cultura occidental en  respetar y honrar la iniciativa particular, en la primera fase de su historia no conocía y no reconocía el derecho a la propiedad privada. En este grado de la evolución,  el individuo no tenía tanta autonomía para que le fuera posible crear un orden económico individualista. Si nos encontráramos con esta forma primitiva del socialismo dentro de la legislación mosaica, eso no significaría sorpresa alguna. Pero el socialismo de Moisés era bien diferente. No fue el producto de una sociedad primitiva, sino  un sistema bien pensado y organizado, obra  de un líder erudito, basado en elementos de la religión y de la política. Es éste el primer aspecto interesante.

 

El segundo aspecto es que Moisés intentó combinar el sistema de la comunidad de bienes, con el sistema del patrimonio individual. Sin querer hablar ahora sobre las ventajas y desventajas de los diferentes sistemas económicos, debemos dejar constancia de que éste es el problema más candente de nuestra propia época. Los científicos, economistas y políticos están buscando el camino por el cual podrían ser utilizadas sólo las ventajas de los dos sistemas en pro de toda la humanidad. No podemos decir que Moisés haya encontrado el camino correcto. Tampoco podemos afirmar que su camino sería satisfactorio o conveniente para nuestra época. Pero el hecho es que él conocía la importancia de este problema, y no sólo estaba buscando sino también había encontrado, por lo menos hasta cierto punto, un sistema para resolverlo. Esto hace interesante investigar su legislación en el campo del derecho patrimonial, pues tal vez podría servir como  orientación aún para nuestra época.

 

El pensamiento fundamental de la legislación mosaica en  este contexto es que los bienes materiales, los recursos de la naturaleza que sirven para satisfacer las necesidades de toda la humanidad, son dones de Dios, que si bien han sido concedidos al hombre para usarlos,  es únicamente Dios quien tiene el derecho de disponer de ellos. La tierra de Israel ha sido dada por el Eterno para todo el pueblo de Israel, como un bien común. Su posesión, su usufructo, fueron distribuidos entre los individuos, pero  nada más que para 49 años.  (Lev. 25. 23). Al lado del bien común que es el concepto fundamental, están: la exploración individual, el esfuerzo y la iniciativa particulares, la responsabilidad individual y también la necesidad particular, manteniendo siempre la idea de que cada individuo debe saber y sentir que su libertad de explotar la tierra está restringida por la libertad de su semejante de hacer lo mismo, como también con el derecho de sus descendientes para heredar una tierra fértil  y no agotada (ecología!).

 

El primer concepto muestra el sistema social, y el segundo,  el sistema individualista. Sirvieron  para asegurar los intereses de la comunidad, y también los del individuo:  durante 49 años, es él el dueño de la tierra y un trabajo más intensivo le da más resultado y una mayor estabilidad económica.

 

Este concepto mixto de la posesión de los bienes es característico, en principio, para la posesión de la tierra. Sabemos que la liberación de los siervos y de los esclavos, las formas del préstamo y de la concesión de crédito, han sido ligados a este concepto. No es necesario acentuar que en aquella época, la tierra era la base de toda la vida económica.

 

Sabemos que la tierra de Canaán se distribuyó entre las familias de las tribus, en conformidad a su número. Después de la distribución, la tierra se tornó aparentemente en bien privado. Las familias cultivaban la tierra y gozaban de los resultados de su trabajo, pero este usufructo no era exclusivo. El concepto de los bienes comunes siempre quiebra y relega al sistema de los bienes particulares. ¿Cómo?

 

El usufructo privado estaba restringido a favor de los pobres (Lev. 19, 9-10), o estaba restringido por el hecho de que cada hombre tenía  derecho de satisfacer sus necesidades personales momentáneas en cualquier hacienda.  (Debut. 23, 25-26).

 

Esta ley demuestra que había un derecho antiguo de usufructo en común, en el cual no había diferencia entre ricos y pobres. El concepto de los bienes privados era relegado por el concepto de una comunidad, basada en la hermandad. El concepto del usufructo privado era disminuido también por la obligación de dar un diezmo de la cosecha para el Santuario, y también donaciones obligatorias para los levitas y para los pobres (Debut. 14, 22-26; 17-18).

 

Como ya hemos mencionado, en este punto de la vida económica, la tierra era la base de la vida, y así los bienes muebles no tenían un papel tan importante. Es desconocido también el poder del capital.

 

La prohibición de tomar intereses por el dinero prestado a judíos demuestra que el concepto del bien común vive en el espíritu del pueblo, considerando que el dinero es el resultado del trabajo en la tierra, y pertenece a la tierra. Es un bien común.  (Lev. 25, 35-37;  Deut. 23, 20-21).

 

Una interpretación de mala fe es la que dice que Moisés permitió la usura para con los gentiles, y la prohibió sólo para con los judíos. La usura está prohibida para todos. (Ex. 23, 9; Deut. 24, 14). La prohibición de aceptar interés por un préstamo de un judío es consecuencia del concepto de la tierra común –patrimonio común.

 

Todavía es más fuerte la acentuación de la idea de los bienes comunes con referencia a los bienes muebles en la reglamentación del año sabático, el año del perdón de las deudas.

 

Una curiosidad de la legislación mosaica, y también una señal del concepto social, es el no-obrar obligatorio en el séptimo año, que es un año de alegría, cuando cada ser humano está libre de preocupaciones, de inquietudes y de ansiedades, para descansar y dirigir sus pensamientos hacia el Eterno. La tierra quedó sin cultivo, y lo que creció,  servía para alimentar a todos sus habitantes, incluso los extranjeros, y también los animales, pues todos son criaturas de Dios y tienen derecho a vivir de lo que produce la tierra.  (Lev. 25, 3-5).

 

¿Acaso no podemos descubrir en esta institución las ideas básicas de la agronomía o la economía modernas, cuando se decreta que también la tierra debe descansar y renovar su fertilidad y productividad?.

 

Año de alegría, año de tranquilidad, año de relajación es el séptimo año para el hombre y para la naturaleza. Era también el año del perdón de las deudas.   (Deut. 15, 1-2).

 

Moisés sabía que el amor al prójimo y el altruismo exige sacrificios. Sabía que podrían surgir problemas, pues nadie va a querer prestar dinero. Sin embargo creía en el poder de la religión y de la moral.  (Deut. 15, 7-9)

 

Es una curiosidad aún más grande, el año 50º, el Año del Jubileo, como apogeo del derecho social de los bienes materiales.  49 años forman una época cerrada, a cuyo término el pueblo de Israel  rejuveneció y empezó  una vida nueva.  Aquellos  que se tornaron  pobres por haber perdido sus recursos, ahora recibieron, de nuevo,  tierra. Se renovó la comunidad antigua de los bienes, volvió la igualdad entre las personas,  y la tierra fue la posesión de todo el pueblo. No existe el derecho sempiterno de las propiedades, la posesión es tan sólo un usufructo (Lev. 25, 8-16).

 

El concepto de los bienes comunes es el fundamento de los estatutos mosaicos, y al lado de éste se encuentra el concepto de la caridad y del amor hacia el prójimo y la protección de los desamparados en los asuntos diarios, por ejemplo la prohibición a los acreedores de quitar los instrumentos de trabajo del endeudado (Deut. 24.6); la prohibición de disminuir el derecho de los desamparados (Deut. 24, 17).

 

La manera de tomar prenda era muy humana.  “Si hacen un préstamo a su prójimo, no entréis en su casa  para tomar ninguna prenda suya. Quedáis afuera y esperáis a que él saque lo que va a dar en prenda. Y si se trata de una persona pobre, no deben retener la prenda durante la noche; tienen que devolvérsela a la puesta del sol, para que así pueda taparse con su manto cuando se vaya a dormir.” (Deut. 24, 10-13).

 

La prohibición de retener el pago del obrero dice así:   “No explotéis al que se halla en la miseria, ni le retengáis su paga, ya sea que se trate de un compatriota de vosotros o de un extranjero que habita en alguna de vuestras ciudades. Paguéisle su jornal el mismo día antes de ponerse el sol, porque el pobre necesita ese dinero para poder vivir:” (Deut. 24, 14-15).

 

Podríamos, y también deberíamos, hablar mucho más acerca de la legislación mosaica  referente a los diferentes campos del derecho privado. No tenemos tiempo ahora; sin embargo, hay que dejar bien claro que era muy humana y espiritualmente más alta, mirándola desde el punto de vista de la razón y la moral.

 

Al hablar de la legislación mosaica, no podemos dejar de hacer una pequeña referencia acerca de la legislación profética.

 

Como primer paso, debemos mencionar que la legislación profética era más teórica que práctica. Sabemos que había pequeñas comunidades que vivían según las enseñanzas proféticas, pero la mayoría permaneció fiel a las enseñanzas mosaicas, o mejor dicho, eran  las enseñanzas mosaicas las que habían sido violadas por el pueblo. Oficialmente la constitución del estado judío tenía como base los principios de la legislación mosaica y fueron los profetas quienes se encargaron de  ampliar, extender e introducir nuevas leyes, todavía  más morales, y anular aquellas diferencias entre hombre y hombre que se hallaban en la legislación mosaica.

 

El concepto de los profetas era más universal y más social. Ellos luchaban por la verdadera realización de los derechos de igualdad, divulgaban el concepto de la libertad completa, incluyendo la libertad corporal, espiritual, social y económica, el concepto de fraternidad; divulgaban las bases de la verdadera democracia y cuando vieron que el pueblo era dividido en clases o capas y estaba por extenderse cada vez más la injusticia social, ellos se ponían al lado de los subyugados para ayudarles y dar vigor a la ley violada; querían reestablecer el equilibrio social destruido, pero siempre por palabras y nunca por las armas. Es posible que ellos fueran revolucionarios en su propia persona, pero nunca quisieron desencadenar una revolución. Eran los luchadores de la justicia.

 

El gran filósofo Abraham Josué Heschel escribió, que “no somos profetas, pero sí somos descendientes de los profetas”. No lo olvidemos jamás: esta herencia nos obliga a actuar.