LA BIBLIA Y LOS DERECHOS HUMANOS

 

50 años de la Declaración “Derechos Humanos”

1948 - 1998

 

50 años han pasado desde la Proclamación de los Derechos Humanos por parte de las Naciones Unidas. Por primera vez en la historia de  la humanidad, una organización internacional  se preocupó por este tema. No hubo época a través de los siglos, o mejor dicho a través de los milenios,  en que distintos  pueblos, naciones y  credos  no hayan tenido que sufrir persecuciones. Sin embargo, recién hace 50 años  acordaron redactar una Declaración al respecto. ¿Y por qué justo en el año 1948? ¿Habrá tenido algo que ver con la terrible catástrofe  de la Segunda Guerra Mundial y del Holocausto? ¿Se quiso cuidar los derechos de todos los seres  humanos? Supongo que sí.

 

Ahora, al conmemorar los 50 años de la Proclamación de los Derechos Humanos, sería conveniente notar de  que las bases de estos derechos, se encuentran ya en la Biblia.

 

La dignidad humana es un valor bíblico que no puede ser  despreciado sin  ofender al Creador. Esta Dignidad incluye  la libertad  personal física y espiritual;  el derecho a profesar cualquier religión y practicar su culto; expresar libremente sus pensamientos en el idioma en que se desee. La integridad física  implica el derecho a los bienes esenciales,  a la vida sana y noble a nivel social y político. Cuando el hombre se da cuenta de que  no puede ejercer su derecho de participar en la vida pública, social y espiritual, o cuando esté sujeto a  injusticias,  coerciones y presiones  ilegítimas,  o esté sometido a torturas físicas o síquicas, esta dignidad se ve pisoteada.

 

Según la ideología de las religiones monoteístas, en un Estado con justicia social debe haber sistemas para defender  la libertad del hombre y de la  mujer. Debe existir leyes destinadas a fortalecer la fraternidad, la justicia y la paz entre sus habitantes, sistemas que luchan contra la dominación, la esclavitud, la discriminación, la violencia,  las agresiones individuales y, al mismo tiempo, garantizan la búsqueda de la salud y la enseñanza básica para los componentes  de cada familia, pero también de toda la población..

 

El concepto judío sobre la Creación, subraya  que Dios creó al hombre a Su imagen y semejanza, creando a un solo Hombre, del cual surgió la humanidad. Nadie tiene derecho a despreciar a su semejante: todos somos iguales ante Dios. Pero, al mismo tiempo, está propuesto el gran desafío para el hombre: con su vida personal y con su trabajo cotidiano: acercarse cada vez más a la Dignidad Divina.

 

Al crear Dios a un solo hombre, nos entregó la enseñanza  que, si alguien maltrata o mata a un ser humano, es como si hubiera maltratado y asesinado a toda la humanidad; y aquel que salva la vida de un hombre, es como si estuviera  salvando a toda la humanidad.

 

Quien se aparta  de la realidad del mundo que lo rodea, de la ley,  del  orden o de alguna teoría que lo rige,  socava desde la base  toda posibilidad de supervivencia  científica y razonable del universo en que  nos hallamos.

 

Pregunta el Salmo: "¿Quién es el Hombre, o el hijo del hombre para merecer que Tú, Dios,  Te preocupes de él?"  Quien ignora,  niega o duda incesantemente el carácter del hombre, y lo convierte por  cualquiera de las muchas formas de sometimiento,  en materialista, en un mero productor o consumidor o en un número  más en la sociedad, está pecando contra el Orden Divino.

 

"No por la fuerza sino por Mi Espíritu, dice Dios."

 

El creyente, en cuanto a su fe, realmente anima su sentido de la vida,  queda  admirado frente a la grandeza de Dios, su Creador. Se halla, en su dimensión  de hombre, frente a El, a  Cuya Imagen ha sido creado. De Él deriva su propio valor y no de cosas materiales. Pues Dios es el único y absoluto. "Yo soy el Señor tu Dios, que te he sacado del país de Egipto, de la casa de la servidumbre. No habrá para ti otros dioses delante de Mi."

 

"Oye oh Israel, Adonai es vuestro Dios, Adonai es Único."

 

Estas palabras son las más liberadoras de todas aquellas que se hayan pronunciado, como lo afirma la Iglesia en el Documento de Puebla, ya que en ella se pronuncia la libertad fundamental del hombre frente a todo lo creado. Ni el poder, ni la riqueza, ni el sexo, ni la propia inteligencia de uno,  deben convertirse en ídolos que sean capaces de despertar en el hombre deseos de infinito y de satisfacerlo cabalmente.

 

"Oye oh Israel, ama a tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con todas tus fuerzas",  marca el objetivo de cada individuo a elegir su camino correcto en la vida, en nuestro mundo.

 

La originalidad de la Revelación Bíblica acerca del Dios Único e Invisible contrasta con todas las nociones del paganismo, aún cuando adoren a un solo y supremo ser. El Único  Dios vivo es  único también en poseer todas las cualidades conocidas. Así lo pregunta el Profeta Isaías: "¿Con quien asemejaréis a Dios, qué semejanza le aplicaréis?"

 

El hombre, hecho a la Imagen de Dios, fue llamado para ser parecido a Él, hay que  imitarlo en sus cualidades:   "Porque Yo soy el Señor, vuestro Dios, santifícaos y sed santos, pues Yo soy Santo." (Lev. 11. 44.).

 

¿Qué significa ser santo para un pueblo o para el individuo, para cada ser humano? - "Ama a tu prójimo como a ti mismo" -  "No hagas al prójimo lo que no deseas que te hagan a ti". -  "Respeta al extranjero que vive en tu tierra, pues extranjero fuiste en Egipto" -  "No avergüences a la viuda o al huérfano." - "No oprimas al pobre o al decaído, ayúdalo para levantarse." - son algunas primeras indicaciones para empezar a orientar nuestra vida hacia esta santidad.

 

Al imitar a Dios, sobre todo en Sus cualidades morales, el creyente no puede  contentarse con el culto. La religiosidad es importantísima y  hay que  proclamarla y difundirla en pro de servir  a todo nuestro prójimo,  porque si no, seríamos rechazados por Dios.

 

Dios no quiere sacrificios. Dios no quiere ver las manos extendidas en súplicas, no quiere oír plegarias mientras estas manos  estén sucias  de sangre. Hay que purificarlas, limpiarlas, quitar todas las  fechorías. Hay que desistir de hacer el mal, hay que aprender a hacer el bien, buscar lo justo, otorgar derechos al oprimido. Hay que seguir y practicar la justicia, según las prescripciones  que ordena la Biblia: "Justicia, justicia perseguirás".  Hay que dar los derechos básicos y prioritarios a los pobres y a los débiles; hay que preocuparse por la causa del pobre, del desamparado, hay que practicar la bondad, el derecho y la fidelidad.

 

El derecho bíblico es un derecho que ama, ayuda y ofrece protección al pobre, al afligido, al desamparado.

 

No dejemos que las circunstancias nos encierren en nuestro pequeño mundo, en nuestra torre de marfil demasiado alta para ver al pobre que camina por los callejones y las barriadas, por los campos descuidados de nuestra Tierra.

 

Rompamos las distancias que nos separan, sintámonos hermanos con todos los seres humanos.

 

La palabra de la Biblia, y dentro de ésta, la de los profetas, quizás fue más lejos. Nos exige más que la  Declaración de la Organización de las Naciones Unidas,  que hace 50 años empezó a ser divulgada y las naciones tratan de ponerlas en práctica en el mundo entero.

 

La voz y la intervención armada y divulgada por la ONU ha podido impedir o disminuir - aunque a veces con demora - el asesinato masivo en varias partes del mundo. Esfuerzos internacionales siguen insistiendo en tratar de resolver  los problemas y  los conflictos tanto internacionales como  nacionales, entre pueblos y  credos, y  llevar a la práctica las acertadas palabras y conceptos de la Declaración.

 

Consideramos necesario, promover el desenvolvimiento de las relaciones amistosas entre las naciones, a fin de demostrar la voluntad de reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad  y en el  valor social hacia toda persona humana. También hay que promover el progreso de la persona humana hacia una libertad más amplia y vivida en todo sentido.

 

Seguramente falta mucho hasta que esta voz de las Naciones  tenga la fuerza para parar  la violencia y alcanzar  la tan anhelada PAZ, como nos enseña el Profeta: "No levantará espada nación contra nación y no se preparará para la guerra". Todos confiamos que pronto llegará esta época, pues es ésta la voluntad de Dios y nosotros somos, o mejor dicho, queremos y debemos ser, los realizadores de la Voluntad Divina. No olvidemos nunca que todo depende de nosotros, de todos los seres humanos. Fortifiquemos nuestra decisión y nuestra fe para cumplir nuestra tarea: realizar estos preceptos, tareas e ideales. Dios nos ayudará si pedimos Su ayuda de todo corazón y la aprovecharemos con dedicación y con buena voluntad.

 

Según las enseñanzas de las religiones monoteístas, cuya ideología es un Estado con justicia social, deben  existir  sistemas  para defender la libertad del hombre   y de la mujer, de los niños y de los jóvenes, y de las personas mayores de edad. Deben existir leyes destinadas a fortalecer la fraternidad,  la justicia y la paz entre los habitantes, y sistemas que luchen contra la dominación, la esclavitud, la discriminación, la violencia, las agresiones individuales y, al mismo tiempo, garanticen la salud y la enseñanza básicas para toda la población.

 

Rompamos las distancias, sintámonos hermanos con todos los seres humanos, juntos, y Dios nos ayudará a encontrar la felicidad. Que así sea, ojalá que bien pronto. Amén.